Apenas 69 días después desde que asumiera el Gobierno, el presidente chileno José Antonio Kast, de la extrema derecha conservadora, ha realizado este martes su primer cambio de gabinete. En un ajuste inesperado, ha pedido la renuncia a la ministra de Seguridad, la exfiscal Trinidad Steinert, y a la portavoz Mara Sedini. Ambas, independientes, es decir, sin partidos políticos que las respalden, habían enfrentado fuertes cuestionamientos a sus gestiones, incluso, desde el interior del oficialismo. La salida Steinert es el mayor golpe para la Administración de Kast, que basó su campaña y la mayoría de sus promesas en el control de la delincuencia.
“No esperaba hacer este cambio de gabinete. No era lo que tenía pensando para esta etapa”, ha dicho Kast en la ceremonia en La Moneda, donde concedió una larga intervención frente a todo su equipo ministerial y mientras su esposa, Pía Adriasola, figuraba en primera línea cerca de las ministras salientes. En reemplazo de Steinert Kast instaló a un hombre de su extrema confianza, Martín Arrau, que hasta ahora era el ministro de Obras Públicas. De militancia republicana, el partido fundado por el mandatario, fue jefe de la última campaña presidencial y, antes, intehrantes del primer proceso constitucional chileno de 2021 y 2022.
Con los movimientos de esta noche habrá tres biministros en el Gobierno chileno, no solamente uno como ahora. Junto a Daniel Mas, que tiene en sus manos las carteras de Economía y Minería, ahora el que era ministro del Interior, Claudio Alvarado, de la UDI, se queda a cargo de la vocería. Louis de Grange, en tanto, que era el ministro de Transporte y Telecomunicaciones, asume, además, el ministerio de Obras Públicas. Los ministros, por lo tanto, pasan de 24 a 22.
El nombramiento de Steinert en enero pasado expuso lo improvisado de su designación en el área más sensible y simbólica, la seguridad, del Gobierno de Kast. La abogada fue convocada al Gabinete el 16 de enero, apenas cuatro días antes de que el presidente electo presentara a sus 24 ministros. Para aceptar el cargo, Steinert, quien no tenía experiencia política, renunció a su puesto de fiscal regional de Tarapacá, en el extremo norte de Chile, donde había logrado las primeras condenas a la cúpula del Tren de Aragua. Fue recomendada por el senador y presidente del Partido Republicano, Arturo Squella.
El anuncio de los cambios lo ha hecho esta noche de martes el subsecretario del Interior Máximo Pavez, desde La Moneda, en un momento crucial de su mandato. Esto, pues en el Congreso su principal apuesta legislativa de la Administración, conocida como la megarreforma, comenzará a votarse en horas en el Parlamento. También ha tomado esta decisión drástica en vísperas de su primera Cuenta Pública, el 1 de junio, donde debe mostrar, obligatoriamente, sus primeros logros y proyectar los tres años y medio que tiene por delante. El momento elegido por Kast muestra, por lo tanto, que se vio presionado a tomar la decisión por razones que todavía la opinión pública no conoce.
La ministra tuvo un debut complejo y nunca logró levantar un liderazgo, que siempre estuvo bajo presión por las promesas del Gobierno. Su arranque quedó marcado por la abrupta e inexplicable salida de la que era subdirectora de Inteligencia, Crimen Organizado y Seguridad Migratoria de la Policía de Investigaciones (PDI), Consuelo Peña, quien fue llamada a retiro a los pocos días de que asumiera Steinert. El papel de la abogada en el controvertido episodio no quedó despejado. Esto, pese que Kast respaldó su versión, que también refrendó en el Congreso el director nacional de la PDI, Eduardo Cerna: se cuadró con el relato del presidente y de Steinert, sus superiores jerárquicos, cuando el 6 de abril asumió que la decisión del retiro de Peña la cursó él.
El caso de Consuelo Peña fue llevado a la Controlaría por el diputado socialista Raúl Leiva. El informe, próximo a divulgarse, según La Segunda viene negativo para Steinert. Dos días después de asumir en el Gabinete la ministra pidió información y explicaciones a Cerna por el traslado a otras regiones de Chile de cuatro detectives que trabajaban con ella en Tarapacá, cuando era fiscal. Esa decisión la tomó la jefa policial, quien emitió un informe con sus motivos remitido a Steinert. Tras la respuesta, Peña fue sacada de su puesto.
En los últimos días a la ministra se le veía muy sola, pese a que Kast la defendió varias veces ante los sucesivos cuestionamientos a su gestión. Su salida ocurre cuando un grupo de parlamentarios de la oposición, junto a otros miembros del Partido de la Gente (PDG), de corte populista, había anunciado este lunes que juntaban firmas para realizar interpelación a la ministra en el Congreso. Esa acción devino luego en que la ministra admitiera, en una entrevista a la radio Agricultura, que cuando el pasado 13 de mayo fue citada a la Cámara de Diputados no se esperaba “la exigencia de un plan de seguridad estructurado, concreto”.
La Administración de derechas, en poco más de dos meses en La Moneda, ha salido golpeada fuertemente en las encuestas. No solo no ha logrado mantener conformes a quienes votaron por Kast en segunda vuelta, sino que ha ido perdiendo la confianza de la mayoría de los chilenos en sus tres pilares: el 64% piensa que el Gobierno no tiene un plan concreto en seguridad y el 65% cree que la mayoría de los migrantes irregulares seguirá en Chile, según la encuesta Cadem del domingo. Se suma también la baja de confianza en la promesa de recortar el gasto del Estado en 6.000 millones de dólares (unos 5.150 millones de euros) en 18 meses sin tocar los beneficios sociales, que, según Criteria a principios de mes, cayó a un 39%.







