Isabel Díaz Ayuso ha regresado este lunes a su actividad política en España y lo ha hecho con un relato dramático sobre lo que vivió la semana pasada en México. La presidenta de Madrid sostiene que ella y su equipo estuvieron expuestos a un gran peligro en una nación que ha vuelto a tildar de narcoestado, un lugar en el que pueden asesinarte “en una esquina y si te he visto no me acuerdo”. Señala directamente como responsables a los gobiernos de Pedro Sánchez y Claudia Sheinbaum. A la presidenta de México la acusa de crear un ambiente hostil en su contra hasta empujarla a abandonar el país. La secuencia de hechos de Ayuso, sin embargo, presenta inconsistencias y exageraciones, como ha podido comprobar EL PAÍS. Además, no responde a una gran incógnita: ¿dónde estuvo desde el viernes, cuando canceló la gira, hasta el domingo, el día que se subió a un avión de vuelta a España?
Según el Gobierno español, Ayuso no comunicó a la Embajada de España ni al Ministerio de Exteriores ningún problema ni inquietud de seguridad, lo que hubiera sido el cauce oficial. “No quiso facilitar su agenda y su equipo rechazó la seguridad que el Gobierno de México ofrece habitualmente en estos casos y que se le transmitió a través de la embajada”, explican desde Exteriores. En Sol desmienten haber hablado con la embajada sobre este tema y dicen que ellos mismos se ocuparon de su protección, que incluía a cinco personas. “Me busqué mi propia seguridad”, ha explicado la presidenta en dos entrevistas, una en la Cope y otra en Cuatro. A preguntas de este periódico, su entorno no quiere aclarar quiénes eran los responsables de protegerla. ¿Era seguridad privada? ¿Un cuerpo público? Imposible saberlo. En cualquier caso, en el acceso a los actos de Aguascalientes, donde se produjeron más protestas, hubo presencia policial tanto estatal como municipal.
Ayuso dice que Sheinbaum no paró de “echar fuego” en su contra durante sus conferencias de prensa matutinas, conocidas como la Mañanera del pueblo. “Todas las mañanas me ha difamado”, ha dicho la presidenta madrileña. Y una acusación aún más grave: “El Gobierno ha abonado que si le ocurre algo a esta señora (refiriéndose a sí misma) es porque ella ha ido a provocar”. Si se revisan las transcripciones de las conferencias de Sheinbaum, esa afirmación queda en entredicho y se demuestra que la presidenta mexicana cargó, sobre todo, contra la derecha de su país. Al referirse a la política española, a veces sin llamarla por su nombre, usó más bien la ironía y deslizó mensajes entre líneas sin faltarle al respeto ni atacarla directamente.
El lunes, 4 de mayo, la presidenta madrileña iba a participar en un homenaje a Hernán Cortés, un asunto que ofende profundamente al Gobierno mexicano, que el año pasado volvió a insistir en que la Corona española debía pedir disculpas por los abusos cometidos durante la Conquista. Ese día, Sheinbaum deslizó que el dueño de Tv Azteca, Ricardo Salinas Pliego, un multimillonario enfrentado a Andrés Manuel López Obrador y ahora a Sheinbaum, había sido el encargado de cursar la invitación a Ayuso: “No sé si ellos fueron los que invitaron a la de la Comunidad de Madrid, que va a venir a hacerle un homenaje a Hernán Cortés”. Las únicas dos entrevistas que ha dado la presidenta madrileña en México han sido para medios del Grupo Salinas. La última, publicada este mismo martes, cuando Ayuso ya estaba en Madrid, parece realizada en Cancún, durante el fin de semana que desapareció del ojo público. En ella carga de nuevo contra el supuesto “boicot” de la mandataria mexicana y denuncia el “deterioro alarmante” de las libertades en el país.
Sin embargo, al día siguiente del polémico homenaje, Sheinbaum se limitó a expresar: “A quienes reviven la Conquista como salvación les decimos: están destinados a la derrota”. El miércoles, un periodista le pregunta por Ayuso y Sheinbaum pone el énfasis en quién aparece en la foto con ella, es decir, en la derecha mexicana. A continuación, añade: “Tiene derecho a venir a México. México es libre, nadie debe oponerse a que ella venga, tiene toda la libertad, como cualquier persona del mundo y de México, tiene libertad para venir a hablar, a dar conferencias; México es libre, puede tener libertad. Eso no quiere decir que no haya debate sobre lo que dice”.

El jueves, la presidenta mexicana recordó, sin llegarlas a mencionar, las palabras de Ayuso en las que equiparaba su Gobierno con las dictaduras de Cuba y Nicaragua. “Si fuéramos un gobierno represor, pues no hubiéramos permitido que viniera, porque finalmente viene a hablar de la política mexicana. Pero hay libertad, hay democracia. Aquí se puede… pueden venir a hablar, no hay problema, ninguno. Pero nosotros no le cerramos la puerta a nadie, ella tiene derecho a estar aquí“, dijo. 24 horas después, poco antes de que Ayuso anunciase de forma abrupta que regresaba a España, volvió a hablar de Ayuso: ”Igual se lo decimos a la presidenta de la Comunidad española: o sea, viene aquí a pedir inversiones o algunas otras cosas, está muy bien. Pero si su interés es político, tiene derecho a venir a hablar; no vamos a coartar su libertad de expresión”.
Aunque no hay ningún exabrupto para Ayuso, ni ninguna intimidación entre líneas, la política madrileña se sintió intimidada y cree que Sheinbaum alimentó un ambiente hostil en su contra, “absolutamente impropio contra un representante del Gobierno español”. EL PAÍS cubrió todos los actos de la presidenta durante la gira y no presenció ese nivel de agresividad. Pudo celebrar todos los eventos previstos en su agenda. Su primer acto lo tuvo en la Cámara de Comercio de España, en la Ciudad de México, ante un público amable. Le siguió el homenaje a Cortés. Según Ayuso, el Gobierno mexicano “lo boicoteó” y llegaron “movimientos indigenistas”, pero no fue exactamente así. El acto, previsto inicialmente en la Catedral, finalmente se celebró en otro recinto, después de que la Arquidiócesis se desmarcara de la polémica que estaba creciendo y explicara que no se contaba con los permisos necesarios para grabar el acto. Las protestas de los representantes de las comunidades indígenas a las puertas del templo fueron pequeñas y no se trasladaron al segundo recinto, donde el reconocimiento transcurrió con normalidad.
Ayuso continuó con un discurso en la Universidad de la Libertad, propiedad Ricardo Salinas Pliego, aunque él no estuvo presente en el evento. No solo no tuvo protestas ni contratiempos, sino que fue recibida entre aplausos. El viaje se torció el miércoles, en Aguascalientes, en el centro de México, donde la presidenta de Madrid iba a recibir sendos reconocimientos del Congreso local y el Ayuntamiento. Un puñado de ciudadanos que no superaban la veintena la recibieron a las puertas del Parlamento para quejarse de la medalla que iba a recibir. Las vallas y la presencia policial impidieron en todo momento cualquier traspaso. El mayor altercado se produjo en el evento municipal, donde una representante local del partido de Sheinbaum, Morena, irrumpió con una protesta contra el Gobierno de esa ciudad. No tuvo ninguna mala palabra hacia Ayuso y la madrileña retomó su discurso cuando finalizó la protesta.

La mandataria española llegó y se fue en coche y no vivió ninguna situación de peligro al salir de él. Esa misma tarde canceló su asistencia a la feria de San Marcos y mandó al consejero de Cultura, Mariano de Paco, a liderar la presentación en el stand de Madrid. Las vallas y el extraordinario cordón policial (una treintena de agentes) impedían cualquier amago de protesta en el lugar. En cualquier caso, nadie apareció, y el vallado y el cordón se disolvieron nada más terminar el pequeño acto, que pasó totalmente desapercibido dentro del bullicio de la feria. Desde ese día no volvió a participar en un evento. El viernes, alrededor de las diez de la mañana, hora de México, el Gobierno de la Comunidad de Madrid emite un comunicado en el que anuncia que la presidenta cancela lo que le quedaba de viaje, otros cinco días, y que regresa a España. Su equipo transmitió a este periódico que se encontraba muy preocupado por su seguridad y que no quería correr más riesgos.
Ese sábado, Ayuso debía participar en los Premios Platino 2026 que se celebraban en el parque Xcaret, en Riviera Maya. Según su entorno, el Gobierno mexicano amenazó a los responsables del recinto, Xcaret, con cerrar las instalaciones si Ayuso participaba en la gala. Poco después, el hotel lo desmintió y aseguró que habían sido ellos quienes habían tomado la decisión de retirar la invitación a la política española por sus “desafortunadas declaraciones”. La Secretaría de Gobernación, el ministerio del Interior mexicano, difundió un comunicado en el que aclaraban que el recorrido por la región “se desarrolló en un ambiente de total libertad” y que nunca “se intentó evitar alguna de las presentaciones, públicas o privadas”.
En Sol sostienen que estas versiones son falsas. No solo se les retiró la invitación a la gala, sino que también se les prohibió alojarse en las instalaciones (fuentes cercanas al Grupo Xcaret confirman que no durmieron en ninguno de sus hoteles). Dan por seguro que el complejo fue coaccionado, pero que por sus propios intereses no quieren reconocerlo. “Les advirtieron de que la apertura de su complejo estaba en juego”, defienden, pero hasta el momento no hay ninguna prueba que lo sostenga. Desde ese viernes no se volvieron a tener noticias de Ayuso. Su equipo explicó que iba a dedicar las siguientes horas a organizar el regreso de la presidenta; junto a Miguel Ángel Rodríguez, su mano derecha; Paco García y José Luis Carreras, dos personas de máxima confianza; y Mariano De Paco, el consejero. Eso no ocurrió hasta el domingo a mediodía, cuando subieron a un vuelo destino Madrid con escala en Dallas. La presidenta aterrizó a las 14.40 de este lunes. Dónde estuvo en ese lapso de dos días sin agenda resulta un misterio. “No creo que piense muy mal del país si pasó sus vacaciones aquí”, ha bromeado Sheinbaum este martes.

El equipo de Ayuso no quiere desvelar detalles aduciendo motivos de seguridad. Ella ha asegurado que en esas horas se sintió “abandonada”. “Nunca quise comprometer un evento que adoro (Los Platino, cofinanciados por el Gobierno de Madrid), ni tampoco a los mexicanos con los que me he ido reuniendo, porque ella [Sheinbaum] pidió una lista de nombres y apellidos para ir contra ellos (sobre esto, de momento, no existen pruebas). Todo eso lo corté porque no quise ya poner más en peligro a mi equipo y, por supuesto, a mí tampoco”, ha dicho. Por esto le tocó “cortar y desaparecer” en algún lugar que, en estos momentos, es un enigma.
Según ella, fue necesario que su familia y la de sus acompañantes “no supieran” ni siquiera dónde estaban, sin que quede claro por qué, ni qué tipo de seguridad ofrecía ocultarse del mundo, sobre todo en un sitio tan turístico como Quintana Roo. “Podríamos haber tenido cualquier problema y nadie encargarse de ti”, ha reflejado Ayuso, lo que no deja de abrir más interrogantes sobre dónde se encontraban, resguardados por quién y en qué condiciones. Las incógnitas se multiplican cuantos más cabos sueltos deja la presidenta.








