Powell, el hombre que plantó cara a Trump | Economía

Powell, el hombre que plantó cara a Trump | Economía

El paso de Jerome Powell por la Reserva Federal deja una curiosa paradoja. El presidente del banco central de Estados Unidos abandonará el cargo el próximo viernes, pero se mantendrá como miembro de la junta de gobernadores durante un tiempo más. Un movimiento casi inédito en los 113 años de historia de la institución financiera que rige los destinos del dólar. El único precedente fue el de Marriner S. Eccles, quien en 1948, después de abandonar la presidencia, permaneció en la Fed durante tres años para defenderla de los ataques del entonces presidente Harry Truman. Eccles pasó a la posteridad como el gobernador que construyó el muro de defensa de la independencia de la Fed.

El edificio que alberga la sede de la Reserva Federal lleva su nombre. Está situado a unas cuantas manzanas de la Casa Blanca, en Washington, y su reforma sirvió de pretexto para que la fiscalía abriera una investigación penal a Powell por los sobrecostes. La maniobra buscaba quitárselo de en medio para que los acólitos de Trump asalten la Fed. La conexión entre ambos gobernadores resulta asombrosa.

El presidente republicano comenzó su segundo mandato hace año y medio con una feroz campaña de desprestigio contra Powell, con repetidos insultos, menosprecios y amenazas de despido. También ha emprendido acciones legales contra otros miembros del banco para lograr la mayoría en el consejo del llamado guardián del dólar. La Reserva Federal no había vivido una época tan amarga desde su constitución en 1913.

Powell ha resistido todas las presiones. Como Eccles seguirá como gobernador hasta que se despejen definitivamente las dudas sobre su gestión. Al igual que Eccles, pasará a la historia por su resistencia a las presiones políticas y como ejemplo de integridad ante los embates del presidente Donald Trump por demoler la autonomía de la institución. Ese es el gran legado que deja el abogado nacido en Washington hace 73 años.

Pero su mandato de ocho años al frente de la Reserva Federal, que comenzó el 5 de febrero de 2018 y terminará el próximo viernes 15 de mayo, contiene también otras luces y algunas sombras. Ese periodo ha estado repleto de sobresaltos, con una dramática pandemia, una crisis de precios por la ruptura de las cadenas de suministros, la crisis energética por la guerra de Ucrania, un shock comercial por los aranceles de Trump y, en estos meses, la incipiente perturbación provocada por la guerra de Estados Unidos en Irán.

“Powell ha tenido una presidencia marcada por circunstancias extremadamente difíciles”, explica David Wilcox, analista senior del Peterson Institute (PII) y de Bloomberg Economics. “Tuvo que afrontar cuatro importantes crisis de oferta: la pandemia de la covid-19, la guerra en Ucrania, la imposición de aranceles históricamente altos y el estallido de la guerra con Irán. Cualquiera de ellas ya habría sido un desafío considerable”, añade. “Pero, además, tuvo que lidiar con una presión política sin precedentes. A lo largo de todo este proceso, demostró un liderazgo firme y un compromiso inquebrantable con el cumplimiento de la misión encomendada a la Reserva Federal por el Congreso: lograr una inflación baja y estable y un alto nivel de empleo. El país ha tenido la gran fortuna de contar con Powell al frente de la política monetaria durante este período”.

Probablemente, Powell logrará un lugar privilegiado en el panteón de presidentes de la Reserva Federal por su resistencia a las andanadas de Trump, pero también tiene algún lunar en su expediente. Falló al diagnosticar la dimensión de la crisis inflacionaria de 2022. Aún se le reprocha que calificó el repunte de los precios como “transitorio”. Ha sido incapaz de reducir el balance de la Reserva Federal tras los estímulos de la pandemia. Además, algunos críticos le reprochan fallos en la supervisión bancaria que en 2023 provocaron los problemas al Silicon Valley Bank (SVB) y otros bancos regionales.

Pero para valorar su trayectoria al frente de la Fed quizá hace falta algo de contexto. Powell fue nominado por el presidente Barack Obama para la junta de gobernadores en 2012. Entonces era visto como un perfil conservador, capaz de formar alianzas y con una gran conciencia institucional. Su llegada a la Reserva Federal fue discreta, sin gran ruido. Años más tarde, cuando venció el mandato de Janet Yellen en 2018, el presidente Trump, que ejercía su primer mandato, apostó por Powell pensando que, como había trabajado en banca de inversión en Wall Street, estaba más inclinado hacia la desregulación.

Sucesión de crisis

Su ascenso a la presidencia de la Fed no estuvo exento de cierta polémica. Su formación como abogado y el hecho de que no tenía un doctorado en Economía como la mayoría de sus predecesores le supusieron algunas críticas. Pero en aquella época los tipos de interés estaban relativamente bajos, en el 1,25%, y la institución no generaba gran interés en un periodo sostenido de crecimiento económico.

La irrupción del virus de la covid-19 cambió esa percepción. El Gran Confinamiento provocó un cataclismo económico. La Fed sacó la bazuca y lanzó un paquete de estímulo sin precedentes, multiplicó el balance hasta los nueve billones de dólares a principios de 2022, cinco billones más que tres años antes, al tiempo que redujo las tasas de interés casi al cero. El inaudito programa de ayudas, que incluyó préstamos a empresas medianas y compras a un ritmo sin parangón de bonos basura y títulos del Tesoro, junto a un ingente plan de estímulo fiscal, contribuyó a que Estados Unidos fuera uno de los países que más rápido y con más vigor se recuperó de aquella crisis del virus.

Pero los fantasmas con los que sueñan los banqueros centrales aguardaban a la vuelta de la esquina. La pandemia había provocado una ruptura de las cadenas de suministro. Los precios comenzaron a dispararse por problemas del lado de la oferta, en una espiral inflacionista agravada por las amenazas rusas de invadir Ucrania. La Fed, que había actuado con audacia para afrontar la pandemia, tardó en reaccionar. Powell creyó que el repunte de precios era transitorio y no fue hasta el verano de 2022 cuando apretó el botón de subidas de tipos. En junio de ese año, cuando la inflación ya había ascendido hasta el récord de 9,2%, la Fed aún mantenía las tasas por debajo del 1%.

Aterrizaje suave o desinflacion inmaculada

Al comprobar que la inflación era persistente, Powell aceleró las subidas. Ya con retraso, situó los tipos en el entorno del 5,25% en poco más de un año, en uno de los ciclos alcistas más fulgurantes que se recuerdan. El efecto fue el esperado, una ralentización de la economía y enfriamiento de los precios. Pero Powell tenía otro desafío por delante: el “aterrizaje suave”, como lo denominó él mismo. La tarea de hacer bajar los precios sin provocar una recesión. Y lo logró. La economía estadounidense se mantuvo como una de las más dinámicas del mundo, creando empleo y consiguió reducir los precios por debajo del 3%. Powell cimentó su reputación durante ese proceso.

David Wessel, director del Centro Hutchins de Política Fiscal y Monetaria, del Brookings Institution, recuerda que Powell tuvo un paso en falso con la redefinición de su marco de política monetaria en agosto de 2020. La Fed adoptó una política más flexible con la inflación, argumentando que había permanecido por debajo del objetivo durante un largo periodo, permitió que superara temporalmente el 2%. La espiral inflacionista mostró la debilidad del nuevo marco. “No obstante, la Fed de Powell actuó con gran rapidez y agresividad una vez que reconoció su error, logrando reducir la inflación sin provocar una recesión; un logro digno de mención”, apunta Wessel.

Pero sin duda el mayor reto de Powell ha sido lidiar con la brutal campaña de acoso de Trump. El presidente exigía rebajas más rápidas y profundas de los tipos de interés para acelerar la economía y compensar el efecto de su política arancelaria, pero el presidente de la Fed se ha mantenido impasible, defendiendo la independencia de la institución.

Los dos desafíos públicos

Solo ha habido dos momentos en los que plantó cara públicamente. Durante el verano pasado, el presidente republicano se puso un casco de obra para visitar la reforma de la sede de la Reserva Federal. El acto debía servir para que el presidente le afeara a Powell los sobrecostes, pero este, en una sorprendente reacción, le corrigió en público y desmintió las cifras que manejaba el republicano.

Seis meses después, la Reserva Federal publicó un insólito video en el que aparecía Powell anunciando que la Fiscalía federal le había abierto una investigación criminal por los sobrecostes de la remodelación de la sede. Achacó sin tapujos esa investigación a las presiones de Trump. “La amenaza de cargos penales se debe a que la Reserva Federal establece los tipos de interés con base en nuestra mejor evaluación de lo que beneficiará al interés general, en lugar de seguir las preferencias del presidente”, dijo.

Fue el culmen de un desencuentro derivado de las presiones intolerables del ocupante del Despacho Oval. “El mayor logro de Jay Powell ha sido proteger la independencia de la Reserva Federal frente a un ataque sin precedentes proveniente de la Casa Blanca. Ningún otro presidente de la Fed tuvo que lidiar con algo semejante”, remarca David Wessel del Brookings Institution.

Powell se va como presidente, pero se queda como gobernador. Su mandato como miembro de la junta de gobernadores concluye en 2028 y ha anunciado que seguirá “por un periodo de tiempo aún por determinar”. Aunque la fiscalía ha archivado la investigación para garantizar la nominación del sucesor de Powell en el Congreso, quedan dudas sobre si puede reabrir el caso. “Powell permanecerá en su cargo como gobernador hasta que concluya definitivamente la investigación sobre su supervisión del proyecto de construcción del edificio. Si el Departamento de Justicia y la Casa Blanca lo hubieran exculpado de manera enfática e irrevocable, él ya habría renunciado a la Junta de Gobernadores”, apunta Wessel.

En cualquier caso, Powell asegura que no hará ruido y no prevé montar una oposición a su sucesor. “Tengo previsto mantener un perfil bajo en mi función de gobernador; al fin y al cabo, solo hay un presidente de la Junta de la Reserva Federal, y ese presidente es Kevin Warsh”. Su maniobra, además de proteger a la Fed, y así mismo ante la posibilidad de que la fiscalía reabra el caso, busca entorpecer el control de la Casa Blanca sobre la Fed. Mientras él ocupe un puesto entre los 12 miembros de la junta de gobernadores, Trump no podrá nombrar a otro miembro con el que podría obtener mayoría.

“Quienes siguen de cerca la Reserva Federal difícilmente olvidarán el histórico repunte de la inflación, los errores políticos que lo precedieron o las tensiones que quedaron al descubierto en la supervisión bancaria durante su mandato, la negativa de Powell a ceder en materia de independencia del banco central podría ser, en última instancia, lo que más destaque en la memoria pública”, señala Hung Tang, investigador del Centro de Geoeconomía del Atlantic Council y exsubdirector del FMI.