En este fútbol tan dinámico y de sentencias tan efímeras, la tendencia futbolera de muchos era la de ver un Boca diferente, de un Ubeda en comunión con los jugadores, de un medio top, de proyección prometedora… La enseñanza, otra vez, es que para considerar bueno o muy bueno a un equipo se necesita mucho mas que un par de resultados o un invicto de menos de 20 partidos. O más que vencer en un superclásico de visitante, que tiene su valor, claramente, pero no es suficiente.
La realidad, hoy, es que Boca fue eliminado de nuevo en la Bombonera en playoff de liga. Y que ni con dos hombres más estuvo cerca de empatarlo. Huracán aguantó lo que pudo y como pudo y más cuando tenía nueve, contra un Boca repetitivo, impotente, nervioso, de cero chances de gol. Lo había empatado de casualidad por un rebote y antes no pudo convertir por muy buenas atajadas de Galíndez, pero ninguna del estilo del Dibu contra Francia en la final de Qatar. Hubo méritos del arquero, sí, pero la más meritoria fue la del córner que era gol en contra. Después, atajadas con tiro al cuerpo de Merentiel y dos zapatazos, de Delgado y Paredes, esperables para un tipo con nivel de selección.
No hay que omitir que este mismo Boca venía de dos caídas en partidos determinantes, con Cruzeiro y con un pobrísimo Barcelona, sin convertir goles. Y ahora, con Huracán, fue la tercera de los titulares, con preocupantes desconcentraciones y horrores como los de Di Lollo en los penales; en el primero, incluso con ventaja de dos contra uno, innecesario. Muy verde, como en la jugada del 0-1 en la que Brey comprometió a Delgado, que la perdió. Errores de gravedad para un equipo con aspiraciones, igual que las rojas a Bareiro y a Ascacibar. Igual que ahora el descontrol de Ayrton post 1-3, perdonado pese al patadón que pegó.
Y ahora lo que era veranito es otoño de alto riesgo. Ya sin chances de campeonar, se juega todo en dos partidos como local contra el Cruzeiro y contra la Católica. Tiene mucho para perder y poco para ganar, porque la obligación es pasar a octavos de la Libertadores. Y quedó en claro otra vez: ni aunque cuenta con Paredes, este Boca es garantía de algo, ni en la Bombonera y menos con tanta presión.












