Nuevo compromiso mundial por la igualdad de género

Nuevo compromiso mundial por la igualdad de género

La semana pasada concluyó la Conferencia Women Deliver (WD) 2026, que se realiza cada tres años y reúne a representantes de gobiernos, organizaciones filantrópicas, empresas privadas, organizaciones de mujeres, feministas y agencias de Naciones Unidas.

Estas conferencias se centran en analizar los problemas y desafíos, así como los logros y avances, frente a las políticas de género, y en promover acuerdos con el consiguiente compromiso de los participantes de asumir y concretar en su ámbito de trabajo los compromisos acordados y difundirlos. No es intergubernamental como Naciones Unidas ni sus agencias, por eso tiene una estructura y organización más flexible que permite mayor diálogo.

Los gobiernos no van a decir lo bueno que hacen, sino a compartir sus éxitos, pero también sus fracasos, frustraciones y experiencias. Las entidades filantrópicas van a escuchar y conocer quiénes hacen qué y cómo lo hacen, y a analizar éxitos y fracasos, con el objetivo de canalizar fondos y asumir nuevas áreas temáticas o modalidades de trabajo o ambas. La participación del sector privado no es muy amplia, pero está presente y asiste; en muchos casos a través de sus fundaciones.

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Este año, WD se realizó por primera vez en Melbourne, Australia, hubo gran participación de los países del pacífico y las pequeñas islas, que constituyen un grupo de peso político, social y económico, que, junto a Australia y Nueva Zelanda, que son de mayor tamaño, comparten su lengua y costumbres debido a su origen colonial británico, y cuentan con una importante población indígena de distintas etnias. Por eso la conferencia tuvo un gran peso y participación de esta población, de sus necesidades y visiones, así como sus respuestas y propuestas.

Este año el tema central fueron los Derechos Humanos y en ese marco los derechos de las mujeres y niñas en toda su diversidad, como respuesta al creciente retroceso de estos y la negación de los derechos a las mujeres, niñas y a las personas no binarias. Hubo muchas y muy diversas sesiones sobre el retroceso de estos derechos en la mayoría de los países y en distintos aspectos, con un gran peso en los sexuales y reproductivos, incluido el derecho al aborto seguro.

Se compartieron experiencias de reacción, de resistencia e incluso fortalecimiento, estrategias y se crearon redes de apoyo. El tema de la guerra y los conflictos armados también fue muy tratado con testimonios de grupos reprimidos y afectados. Esas discusiones fueron muy ricas porque frente a lo testimonial, las representantes de organizaciones feministas aportaban su mirada y propuestas que se confrontaba con la de líderes políticos como el ex primer ministro de Canada Trudeau y la ex primera ministra de Nueva Zelanda Jacinda, quienes, compartiendo el rechazo, planteaban propuestas posibles y menos rígidas o terminantes; incluso hablaron sobre cómo durante sus mandatos se les plantearon serias crisis y cómo debieron siempre priorizar no claudicar de los principios del respeto a la autodeterminación personal y colectiva y no transigir en el marco de la democracia, que no es perfecta, pero es la única que permite este respeto.

La crítica y el rechazo al autoritarismo y al crecimiento del atropello al derecho internacional y la imposición de la fuerza de los poderosos fue el eje central y el motivo que en la declaración se planteó ante la realidad. La necesidad de ser claros y reforzar una visión respecto a los derechos humanos y al respeto al derecho internacional como respuesta imprescindible, que los asistentes asumieron como compromiso personal e institucional.

Es interesante señalar que hubo representación de gobiernos, pero no tantos como otros años. Si bien fue una conferencia muy concurrida, ya que participaron 6.180 personas y estuvieron representados 180 países, esa representación en muchos casos fue de organizaciones de la sociedad civil, representantes de organizaciones filantrópicas y autoridades locales, no tanto por gobiernos nacionales. América Latina y el Caribe fue la región con menor concurrencia; la distancia, el costo y la situación de crisis múltiples que atraviesan nuestros países dificulta la mayor presencia. En cuanto a la presencia de gobiernos, solo Colombia y México tuvieron representación gubernamental y adhirieron a la Declaración, a lo que Uruguay se sumó sin asistir.

El tema del multilateralismo estuvo también muy presente y fue ampliamente tratado. Asistió la Secretaria Adjunta de ONU, Amina Mohamed, quien tuvo una sesión informativa especial sobre la reforma de las Naciones Unidas planteada por el Secretario General al cumplirse 80 años de la creación de ONU. La Secretaria Adjunta se refirió a la propuesta de Fusión de ONU Mujeres y del Fondo de Naciones Unidas de Población y Desarrollo (UNFPA), una de las propuestas que integran la idea de la reforma. Participó en dos paneles en los que dialogó con representantes de organizaciones mundiales feministas en las que respondió a preguntas y se comprometió a contestar a las que se le hicieron llegar desde el público y que por motivos de tiempo no llego a contestar.

La Declaración de Melbourne es una representación clara de la diferencia de una conferencia intergubernamental con una no intergubernamental, donde se puede avanzar y plantear temas imprescindibles, pero que ahora no es posible tratarlos en las conferencias de ONU por la sistemática negación de algunos gobiernos, como el de nuestro país.

Ahora, quienes asistimos debemos difundir está declaración y sus acuerdos para que se puedan empezar a implementar y se demuestren los beneficios de lograr la igualdad de género en todos los aspectos de la sociedad .