De los fans de Alice Kellen a los jubilados en protesta y una clase magistral de Andrea Giunta

De los fans de Alice Kellen a los jubilados en protesta y una clase magistral de Andrea Giunta


A un lado, más de 200 personas haciendo fila para conseguir un autógrafo de la española Alice Kellen, una de las mayores atracciones de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Un poco más allá, una banda militar encadenando marchas mientras avanzaba por los pabellones de La Rural. Y, en sentido contrario, una marcha de jubilados que llevó a la mayor muestra cultural del país su reclamo desde la Plaza Congreso hasta Palermo, donde por momentos recibieron apoyo y acompañamiento. En medio de ese torbellino, la crítica Andrea Giunta, sobre el escenario del espacio cultural de Clarín-Ñ, se permitió un rato de reflexión sobre el arte contemporáneo.

Kellen era una de las apuestas fuertes de la semana. Más fuerte que los ganadores del Premio Nobel de Literatura y más que cualquier otro invitado: desde temprano sus lectoras, entre las que se veían distintas generaciones, hicieron cola para verla y luego para lograr un autógrafo sobre uno de los cientos de ejemplares que Planeta vendió de su título más reciente, El club del olvido. Por eso, la fila se trenzaba en idas y vueltas en el Pabellón 9, donde se acomoda el espacio cultural de Clarín-Ñ.

Mientras tanto, una delegación de jubilados recorrió los pabellones verde y amarillo con su reclamo por mayores haberes. Megáfono en mano y con un ruidazo estridente, los adultos mayores avanzaron entre lectores y vistantes que se abrían a su paso y aprovechaban para hacerles fotos. La comitiva, unas treinta personas, vociferaba consignas contra el gobierno de Javier Milei mientras levantaban carteles en los que se leía: “Callate Milei” y “La plata de ANSES es de los jubilados”.

Organizada por el Plenario de Trabajadores Jubilados y Jubilados Insurgentes, con el apoyo de trabajadores de ATE Cultura, de la movilización participaron personas identificadas con chalecos anaranjados con la leyenda Plenario de Trabajadores Jubilados, que exhibían carteles que reclamaban: “¡No usen la nuestra para pagar despidos!”, mientras otros, como si hubieran previsto una protesta por la relación entre la queja y el lugar, llevaron libros.

Eran reproducciones gigantes con títulos como “Yo salí de la pobreza. Construye tu propio manantial”, del autor Manuel Adorni; “La deuda interminable”, de Toto Kaput (el personaje que interpreta Nahuel Prado en el programa radial Pasaron cosas, por radio Con Vos), “La isla del tesoro del 3%”, de Javo y Kari, y “Las ruinas estatales”, firmado por “Jorge Luis Borgeres” (recuperando el equívoco del secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, cuando se equivocó en su discurso en el acto de inauguración con el apellido de Borges, mientras le gritaban y lo abucheaban).

En algunos sectores, la gente solo miraba con curiosidad, pero en otros (la mayoría), se sumaban al reclamo, aplaudían y sumaban sus propias protestas.

Clases de arte

Hasta el espacio cultural de Clarín-Ñ llegaban los gritos tanto como las fanfarrias de la orquesta que recorría los pabellones, aunque los asistentes estaban concentrados en otra cosa porque la crítica Andrea Giunta presentó su flamante libro Lecciones de arte contemporáneo y latinoamericano. Curso en la Universidad de Buenos Aires, en el que la académica y una de las más respetadas historiadoras del arte, compiló su experiencia como docente.

Las lecciones de arte Andrea Giunta junto a March Mazzei. Foto: Emmanuel Fernández.

La editora de Arte de la revista Ñ, March Mazzei, contó a los presentes que el libro inicia con una pregunta que Giunta suele presentar en su primera clase: ¿Qué ven? “¿Por qué hay que empezar preguntándose qué es lo que se ve?”, le preguntó a la académica.

“Uno se da cuenta después de muchos años que los estudiantes, como el público en general, cuando ven una obra de arte, en verdad no pueden describirla, no pueden decir lo que ven –comenzó Giunta–. El caso típico es cuando muestro una imagen de “Guernica” y pregunto a los estudiantes qué ven. Dicen la violencia en el mundo, la guerra. Bueno, en verdad en la imagen no hay bombardeos o violencia. En verdad, es un grupo de animales y de mujeres, pero ellos no pueden ver cuántos personajes hay, qué tipo de personajes son, cómo se distribuyen, es decir, lo más literal”.

Por eso, la autora de Diversidad y arte latinoamericano. Historias de artistas que rompieron el techo de cristal, consideró que esa pregunta “es un muy buen disparador, porque, una vez que empiezan a ver la cantidad de personajes que hay, se produce eso que surge cuando uno está enseñando o cuando uno descubre en una imagen un mundo que no imaginaba cuando la vio rápidamente”.

Las lecciones de arte Andrea Giunta junto a March Mazzei. Foto: Emmanuel Fernández.

Giunta explicó que elige el concepto de condensación para referir a la enorme cantidad de capas que confluyen sobre una imagen cuando se conocen, además, sus antecedentes, su historia, lo que se ha escrito al respecto: “Se convierte en un mundo, en un universo, en un horizonte cultural, e incluso la imagen puede volverse tan poderosa que es portadora de un sentido en sí misma”, agregó.

Consultada sobre las pujas políticas que, por estos días, tienen precisamente al “Guernica” de Pablo Picasso como eje, entre el Museo Reina Sofía, que lo custodia, y el País Vasco, que lo reclama, Giunta definió al cuadro como “la joya de la reina” y recordó que desde la década de 1940, fue entregado por el artista al Museo de Arte Moderno de Nueva York para que fuera devuelto a España cuando se reinstaurara la república. Ese regreso se concretó recién en 1981 y fue exhibido con custodia policial. “Es un cuadro que, en todos sus itinerarios, ha escrito el siglo XX de distintas maneras”, sintetizó la académica.

Giunta contó que además del País Vasco, también Barcelona solicitó que el cuadro se desplazase hasta ahí. “O sea, es una cuestión de alta beligerancia. Y por supuesto juega también en todo esto la relevancia del Museo Guggenheim Bilbao”, apuntó. Y se preguntó: “Si quieren realmente circular el cuadro como metáfora o imagen extrema, ¿por qué no proyectan una fotografía de alta definición del Guernica sobre las ruinas de Gaza?”.

Modelo reductivo

En otro orden de cosas, Giunta recordó que trabajó por cuestionar el modelo reductivo del arte y puso como ejemplo el Museo Nacional de Bellas Artes: “Si lo visitan, van a encontrar que es un museo que cubre desde el arte prehispánico hasta el presente y el número de artistas mujeres y varones tiene una diversidad muy alta en la representación de unos y otros. Pero esto sucedía también con el arte contemporáneo. Entonces, trabajé en varias instituciones, escribí en torno a la constitución de un canon”, precisó.

Las lecciones de arte Andrea Giunta junto a March Mazzei. Foto: Emmanuel Fernández.

Para la académica, la lucha por visibilizar esas inequidades “tuvo bastante eficacia, porque están haciendo una enorme cantidad de exposiciones revalorizando la obra de muchas artistas jóvenes, de la diversidad en términos generales. Y el resultado es que los museos son más ricos y el arte se enriqueció muchísimo“, valoró.

De todos modos, Giunta admitió que más allá de esos logros, “la censura está funcionando, hay nombres de artistas que están en listas susurradas, hay restricciones solo por el nombre. En fin, hay censura que está actuando”, aunque también valoró el trabajo de las redes de resistencia, “muchas obras que escapan a esa mirada censora y que tienen comunidades de lectores, de intérpretes”.

Y por eso, para la académica, “es difícil comprender la complejidad histórica de las luchas por los derechos humanos en la Argentina, por ejemplo, sin considerar las tramas que traccionó la cultura en torno a la articulación de sus medios, su teatro, el cine, audiovisuales, todo lo que se conoce como los conceptualismos” porque durante y después de la dictadura, hubo “una cultura de visibilización de las distintas tramas en torno a cómo se construye la memoria, cómo se elabora ese pasado ominoso, cómo se crean signos visuales que fueron acompañando esta cultura de la memoria de los derechos humanos”.