La Selección Argentina no pudo disputó este 2026 la Finalísima contra España en Qatar por el conflicto bélico en Medio Oriente. Ocho años atrás, luego de una amenaza y un pedido de solidaridad, no hubo amistoso con Israel en Jerusalén antes de Rusia 2018. Por la Guerra de Malvinas no viajó la República de Irlanda en la previa de España 82. Y así se pueden citar varios casos. A 37 días del Mundial de Estados Unidos 1994, se cerraban definitivamente las puertas de Japón para que disputara la Copa Kirin, como lo había hecho, y ganado, en 1992. La razón: el país asiático le negó la visa a Diego Armando Maradona. “Viajamos todos o no viaja nadie”. El plantel se solidarizó con el Diez y el viaje se suspendió.
La AFA había arreglado la gira previa a la Copa del Mundo por Japón, Israel y Croacia con tiempo. Pero enseguida surgió un inconveniente. En la tierra del Sol Naciente existe una ley por la cual ninguna persona que haya tenido problemas legales con la droga ingresa, contratada o como turista, al país. En aquella época había un antecedente de 1980 con Paul McCartney, quien debió suspender un concierto pactado. Por eso, a mediados de abril comenzaron las negociaciones diplomáticas, porque el problema no era solo Diego, sino también Claudio Paul Caniggia. Julio Grondona empezó a mover los hilos.
Diego tenía una causa en la Argentina desde 1991, que había sido cerrada por el juez Nerio Bonifati a instancias de la Cámara Federal. Pero en Italia mantenía dos causas abiertas: una por tenencia de droga y la otra, más grave, por tráfico de drogas, ya que se lo acusaba de haber ingresado tres kilos de cocaína al país. Caniggia, en cambio, venía de purgar una sanción disciplinaria de 13 meses (reducida a ocho) también porque le dio positivo un control antidopaje en Italia (consumo de cocaína).
El primer partido con Japón estaba pactado para el 22 de mayo y, a medida que se acercaba la fecha, la negativa se hacía cada vez más fuerte. En el medio se involucraron el presidente Carlos Menem y el embajador en Japón, José Sánchez Muñoz, quien llegó a reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores, Koji Kakizawa, y el de Justicia, Hiroshi Nakai.
En el encuentro, Kakizawa le pidió a Nakai que revisara la medida, pero este se negó porque había estudiado cuidadosamente todo el expediente y porque uno de los objetivos buscados era mostrar una actitud firme contra la droga.
Retro Mundial: la cuenta regresiva
Leé acá todas las notas de la serie “60 relatos (des)conocidos de la Selección Argentina”, pequeñas grandes historias que vivió el equipo nacional en la recta final de otras grandes citas.
El miércoles 11 de mayo las esperanzas eran mínimas hasta que, en el epílogo del día, llegó la oficialización: el Ministerio de Justicia japonés le denegó la visa a Maradona, pero no a Caniggia. El jueves 12, en un último intento, Grondona se reunió con Osamu Ighami, embajador de Japón en la Argentina. “Es irreversible”, dijo al salir.
Pero el tema no terminó ahí. Diego, fiel a su costumbre, no se calló. Primero apeló al sentimiento: “Apenas me enteré me dieron ganas de volverme a mi casa. Me dieron muchas ganas de llorar. Por suerte, para apoyarme, primero aparecieron mis compañeros y el cuerpo técnico. Después llegaron mis hijas, Claudia, mi viejo, mi suegro, Marcos (Franchi, su representante entonces) y todos mis amigos. Eso fue fundamental. Y gracias a ellos llegaré a punto al Mundial”.
Luego empezó a apuntar y recordó: “Cuando estaba en Sevilla fuimos a jugar a Japón. Con Marcos mandamos un papel y no hubo problemas de visa. Esta vez hicimos lo mismo y no nos autorizaron. Por eso llamamos y recordamos lo que había ocurrido cuando fuimos con el Sevilla. Los japoneses nos respondieron que se habían equivocado. No entiendo nada. Alegaron cosas estúpidas para no darnos la visa. Las leyes de Japón son terribles y antiguas”. Y remató: “Esta fue una traición muy grande de un pueblo que pensé que era derecho y hacía las cosas bien”.
Ese mismo día, el jueves 12, el plantel argentino resolvió no ir a Japón. Antes hubo una charla de diez minutos entre los 16 jugadores. Solo ellos. Habló Diego primero y les dijo que no se preocuparan por él, que no quería comprometer a nadie. Entonces tomó la palabra Oscar Ruggeri: “Diego, nosotros estamos con vos y te consideramos como una pieza clave dentro del equipo y del grupo. No tiene sentido viajar si vos no podés jugar. Por eso ya tomamos una decisión: si no te dejan entrar a Japón, nos quedamos en la Argentina”.
Alfio Basile coincidió con los jugadores. “La Selección siempre la formé yo. Entonces, si a mí ahora no me dejan poner a Maradona, me están formando el equipo. Y eso no lo voy a permitir. O viaja Diego o nos quedamos”, sentenció el Coco. La decisión generó una fuerte pérdida económica para la AFA, que iba a cobrar 450 mil dólares por los dos partidos, 50 mil más si salía campeón, 330 mil por derechos de televisión y 250 mil dólares de pasajes aéreos para toda la gira.
Como siempre, hubo hinchas que se toman demasiado en serio algunas cuestiones futbolísticas y el viernes 13 tiraron una bomba de gas lacrimógeno a la Embajada de Japón (en Paseo Colón al 200), por lo que tres personas tuvieron que ser atendidas por sufrir principio de asfixia e irritación ocular.
“Maradona no. Japón repudio”, decían los panfletos firmados por la Organización Revolucionaria del Pueblo (ORP), un grupo de orientación marxista-leninista que a principios de la década del 90 irrumpió atacando cajeros automáticos, oficinas de gobierno y personajes vinculados a la represión durante la dictadura militar (1976-83), como el médico policial Jorge Bergés.
Hubo voces que criticaron la decisión del plantel de no viajar. El periodista Bernardo Neustadt armó una mesa debate con Enrique Omar Sívori (exjugador y director técnico), Constancio Vigil (director de El Gráfico), Ernesto Muñiz (periodista de La Nación) y el ensayista Santiago Kovadloff. Pero más que un debate fue un grupo con una sola opinión: Maradona, que se cree un Dios, condicionó a sus compañeros y fue un papelón no viajar.
A la vez, la FIFA respaldó a la estrella argentina. “Mi opinión es que esto que le hicieron los japoneses a Maradona es una injusticia, porque un gobierno no puede continuar castigando a una persona que ya fue sancionada y que pagó su falta”, afirmó Joseph Blatter, entonces secretario general. Y el presidente João Havelange avaló lo dicho por Blatter, pero aclaró: “Este es un problema entre dos países”. Los dos, 50 días después, no tendrían piedad con Diego.
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