Grecia Quiroz (Uruapan, Michoacán, 36 años) camina rodeada. Un círculo de escoltas la acompaña a cada paso por Uruapan, el municipio convulso del Estado de Michoacán que gobierna desde hace seis meses y donde la normalidad quedó suspendida la noche en que asesinaron a su esposo, Carlos Manzo. La alcaldesa no puede sentarse sola en la plaza ni cruzar el centro sin que una decena de soldados armados la vigilen de cerca. Aprendió a ejercer el poder entre retenes de la Guardia Nacional, convoyes militares y un duelo que no da tregua. Asumió el cargo días después del crimen, el 1 de noviembre de 2025, en plena celebración del Día de Muertos. “Mi vida cambió completamente”, cuenta a EL PAÍS.










