después de enviudar o divorciarse, cómo viven las primeras citas y el sexo pleno

después de enviudar o divorciarse, cómo viven las primeras citas y el sexo pleno


Hernán llegó a la cita a ciegas sin saber con qué ni con quién se encontraría. Estuvo casado por más de 50 años hasta que enviudó y luego de atravesar el duelo emprendió nuevas actividades y formó un grupo de amigos y amigas.

Una tarde, una amiga lo desafió, tajante: “No puede ser que vos sigas solo”. La celestina se puso manos a la obra, le dio una dirección y un horario y allí fue él. “Fui a la cita porque tenía ganas de conocer”, recuerda. Un encuentro siguió a otro hasta que el vínculo se transformó en un noviazgo de ocho años. “Me quería probar que la vida no terminó”, dice años después.

Estuvieron casados, se divorciaron o enviudaron, tuvieron hijos y luego nietos. Cargan con una historia a cuestas, pero tienen un punto en común: buscan rehacer sus vidas o encontrar la compañía ideal para una etapa desafiante: la tercera edad.

Ya sea por aplicaciones de citas o métodos más tradicionales, adultos mayores apuestan al amor y viven romances apasionados. “A mí me encanta quedarnos en un motel. Me parece misterioso, audaz”, opina Cristina, de 82 años, que mantiene una relación a la distancia con Jota, que tiene 86.

Ella vive en Rosario, él en la ciudad de Santa Fe, y hablan por teléfono todas las noches. Cristina cuenta que no tienen rutina, pero que intentan verse al menos una vez por mes. “Y la pasamos genial”, dice.

Las parejas se pueden formar de manera temporal y, aunque el objetivo sea buscar compañía, al elegir a un otro generalmente hay deseo.”

Claudia Sanzone Sexóloga

Las influencia de las redes

La pareja se conoció hace nueve años por una aplicación de citas. Ella había completado su perfil contando qué estaba buscando, sin dar muchos datos personales, y eligió subir una foto suya en una fiesta de cumpleaños.

“Un día encontré varios mensajes de una persona que no ponía su foto y le dije: ‘Perdón, señor, pero yo voy a contestarle cuando ponga su foto, porque en este momento usted es un fantasma’ -se ríe Cristina-. Creo que salió disparado a sacarse una foto porque la subió al instante de haberme leído.”

Cristina dice que Jota es su amigo, pero también su pareja, que a pesar de mantenerse activa, a su edad siente la soledad y le gusta estar acompañada por su familia y sus amigas, pero también por un hombre.

“A él le cuento mis penurias y alegrías, nos contamos cosas íntimas. El amor no pasa solo por acostarse. Agarrarse de la mano, darse un beso o estar desnudos uno al lado del otro también es amor”, señala.

Claudia Sanzone, psicóloga y sexóloga, coincide: “Si pensamos que lo placentero no se centra solo en lo genital, tenemos todo un territorio por recorrer y se pueden tener encuentros maravillosos”.

Gracias a las redes sociales, afirma, hoy circula mayor información sobre la sexualidad para personas mayores y abundan las cuentas de influencers que se dedican al tema, en especial en el extranjero.

“Las parejas se pueden formar de forma temporal y, aunque el objetivo sea buscar la compañía, al elegir a un otro generalmente hay deseo -asegura-. Además, la compañía, el diálogo, las cuestiones generacionales que dan mayor afinidad son factores muy importantes.

Hernán tiene 87 años y, a pesar de que ya no son pareja, asegura que Carmen sigue siendo su persona de confianza. Pasan las fiestas o reuniones familiares juntos, van al teatro, hablan todo el tiempo y todavía tienen las llaves de la casa del otro. “Incluso hoy si alguno se tiene que operar o ir al médico, el otro lo acompaña y cuida”, dice.

Los mayores de 70 que se animan a darle una segunda oportunidad a los vínculos sexoafectivos, vuelven a sentir plenitud.

Apenas quedó viudo estuvo “muy mal y muy solo” y no encontraba ninguna actividad que lo apasionara ni que lo hiciera sentir a gusto.

Pero desde que conoció a Carmen “empecé a ir a lugares a los que nunca iba”. “Ella tiene muchas inquietudes. Íbamos al teatro, a escuchar música, viajamos mucho, conocí museos, un montón de cosas -enumera Hernán-. No parábamos un día.”

A partir de su relación empezó terapia, además de talleres y actividades. Y si bien superó su timidez de otros tiempos, Hernán todavía no se anima a actuar, aunque aceptó protagonizar el corto que hizo la novia de uno de sus nietos para la facultad. También asegura que es gracias a Carmen que recuperó el gusto por las tradiciones: se crió en una familia muy creyente, pero a partir de la invitación de ella a una actividad en un templo judío, volvió a asistir a ceremonias religiosas y a participar de los rituales y la comunidad. “Y las fiestas las paso con ella”, agrega.

Bea, de 72 años, se separó en el 2001 del padre de sus hijos, al poco tiempo de haber retomado los estudios universitarios. De a poco, empezó nuevas actividades y hace tiempo que baila tango y folklore y va a clases de aquagym.

“La posibilidad de conocer hombres está, pero lo que sucede es que muchos tienen problemas familiares, económicos o están hechos percha físicamente. Y esto no me pasa solo a mí, a todas mis amigas que están solas también les cuesta conocer a alguien nuevo”, reflexiona y agrega que en el ambiente del baile se ha cruzado con “mucho mentiroso y mujeriego”.

Las nuevas parejas + 70 comparten alguna actividad en común, como el yoga. Foto ilustración: Shutterstock.

Citas y miedos

La primera pareja que tuvo después de su divorcio la conoció en una actividad para personas separadas. Salieron durante dos años, pero Bea no tiene buenos recuerdos de la experiencia porque “era muy controlador” y “si le decía que me iba a jugar al tenis, venía a la cancha a ver si era verdad”.

Por el momento, no quiere probar conocer a alguien a través de aplicaciones de citas porque le genera “miedo e inseguridad”. “Mi hermana se mandó de una y conoce a cinco hombres por semana, ¡no sé cómo hace! Incluso llegó a convivir durante años con un hombre que conoció así”, cuenta Bea.

Mucho antes de Tinder o de las salas de chat, Cristina conoció a una de sus parejas gracias a una línea telefónica de Rosario. Ella había estado llorando la muerte de su esposo durante tres años y fue su hijo, que en ese momento era un niño, el que anotó el número y le dijo: “Mami, no llores más, vas a llamar a este teléfono y vas a buscar un amigo”.

Cristina le dijo que no, que no quería saber nada, pero no tiró el papel con el número. “Me volví a acostar. Cuando me levanté, me miré en el espejo. Me vi joven, linda. Así que me arreglé y fui al centro. ¡No salía desde tanto tiempo que ni siquiera me acordaba de los nombres de las calles! Y me quedé pensando qué era esto de buscar amigos”, recuerda.

Cristina y Jota tienen una rutina como pareja. Ella se levanta tarde, le manda un GIF por WhatsApp de buenos días, él le responde con un audio y le manda algún artículo que leyó.

Decidió llamar al número y la sorprendió la cantidad de hombres que le dejaron un mensaje.

Cristina iba anotando los nombres, los teléfonos y los datos que le dejaban. De todos, el que más le gustó se llamaba Agustín. Le cautivó su forma de hablar y “la buena dicción”.

“Quería llamar a uno que se llamaba Agustín, pero había más de uno con ese nombre que me habían dejado mensajes. Un divorciado y un viudo. Yo pensé que estaba llamando al viudo, pero me equivoqué y llamé al otro. No le quise cortar porque me parecía muy grosero, pero algo en la charla me cautivó”, afirma.

Con Agustín salieron durante 14 años, hasta que él falleció. Vivían a pocas cuadras uno del otro y Cristina lo recuerda con cariño hasta hoy. “Con él me sentía muy bien”, cuenta. Eligieron no convivir, tampoco hacer presentaciones formales a sus respectivas familias.

“Yo jamás dejé que ningún hombre entrara a casa. No me gusta por los vecinos, porque es muy expuesta la situación -dice-. A la casa de Agustín sí iba y me quedaba después de que fuéramos a cenar o al cine.”

Y agrega: “Nunca me interesó volver a casarme y para la convivencia uno ya tiene demasiados vicios y es difícil llegar a acuerdos. Tengo casos conocidos de personas que se casaron y que cada uno sigue viviendo en su casa”.

El tiempo compartido se valora más en los +70. Foto: Shutterstock.

Para Bea, la convivencia también fue un problema: “Mis parejas se terminaron porque ellos querían convivir y yo no. Cuando sos joven y tenés proyectos, como comprar una casa o tener hijos, te bancás un montón de cosas. Pero cuando estás sola ya no querés saber de nada, ya tenés tus mañas y sabés qué cosas te bancas y qué no”, opina.

Para ella, lo mejor sería “tener una pareja sin convivir” porque “es lo más saludable a mi edad”, dice.

A pesar de la distancia, Cristina y Jota tienen una rutina como pareja. Ella se levanta tarde, le manda un GIF por WhatsApp para desearle buenos días, él le responde con un audio y le manda algún artículo o noticia interesante que leyó. Entre las 10 y las 11 de la noche hablan por teléfono, se cuentan qué hicieron durante el día y se despiden deseándose buenas noches.

Sanzone destaca la importancia del fortalecimiento muscular para el cuidado físico y que hoy se puede ver a más adultos mayores en el gimnasio haciendo ejercicios de fuerza. La psicóloga y sexóloga señala que “la respuesta sexual cambia toda la vida” y que hoy hay una amplia variedad de juguetes y elementos que aportan variedad al disfrute.

“Si nos corremos del coitocentrismo, tenemos todo un territorio para recorrer y se puede tener la mejor sexualidad de nuestras vidas si se disfruta el cuerpo en la totalidad. Es importante el consenso, no tener temor y explorar -aconseja-. El deseo puede manifestarse toda la vida y el enamoramiento es sin dudas el mejor afrodisíaco.”