El Road Show de Franco Colapinto en Palermo, que convocó un récord de 600 mil personas, según datos de la ciudad de Buenos Aires, fue una demostración innegable del fervor que encienden en los argentinos el automovilismo, la Fórmula 1 y cualquier deportista que lleve la celeste y blanca a la elite de su disciplina. Y fue también una señal contundente enviada a la FIA y a Liberty Media, dueño de los derechos comerciales de la categoría máxima, con un mensaje claro: Argentina quiere organizar otra vez un Gran Premio y tiene potencial para hacer un espectáculo atractivo y rentable, sustentado en gran parte en esa pasión tan particular que no se encuentra en el público de ningún otro rincón del planeta.
“Le estamos demostrando que nos merecemos volver a tener una fecha”, aseguró el piloto de Alpine el domingo, en plena exhibición. “Esto fue impresionante, hubo mucha gente y lo disfruté. Para mí fue un placer y un orgullo enorme estar acá: es algo que no imaginaba, sí lo soñaba, pero no pensé que iba a llegar tan pronto. Ojalá que dentro de muy poquito tengamos un Gran Premio de Fórmula 1 en Argentina”, agregó.
Pasaron 28 años desde la última vez que se disputó una carrera de F1 en Argentina, el 12 de abril de 1998 en el Gálvez. En 2024, después de la llegada del pilarense a la categoría de la mano de Williams, desde el gobierno nacional se hizo un primer acercamiento para buscar el regreso. Y el año pasado, ya con Franco en Alpine, la Ciudad de Buenos Aires alimentó la ilusión cuando anunció la remodelación del autódromo porteño para recibir en 2027 de nuevo una cita del Mundial de MotoGP, pero también apuntando a volver a ser sede de un GP del Gran Circo. Lo que ocurrió el domingo en Buenos Aires dejó la sensación de que ese objetivo nunca estuvo tan cerca de lograrse.
“Esta fue una gran oportunidad para mostrarle al mundo la pasión que tenemos por los fierros y la capacidad de la Ciudad para organizar eventos de este tipo. Este fiestón fue una manera más de tratar de convencer a la gente de la F1 para que confíe en nosotros”, sentenció con seguridad Jorge Macri, Jefe de Gobierno porteño.
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Lo que dejó el Road Show de Franco Colapinto en Buenos Aires
El primer gran requisito para la vuelta de la F1 es tener un circuito de Grado 1 homologado por la FIA, lo que se conseguiría cuando estén terminadas las obras de renovación en el autódromo de Buenos Aires. Los trabajos comenzaron en enero y avanzan a buen ritmo. Y aunque el plan era enfocarse primero en acomodar el trazado para la vuelta del MotoGP el año que viene, Macri explicó el domingo, en charla con Carburando, que están haciendo “todas las obras necesarias, ya no solo para el MotoGP, sino también para la Fórmula 1”.
Tachada la necesidad de un circuito, que estaría encaminado a cumplir con los estándares de la federación internacional, aparecen otros dos “problemas”, uno económico y otro de calendario.
Para organizar un Gran Premio hay que pagar a la categoría un canon que ronda los 40 millones de dólares anuales, con contratos de entre tres y cinco años, para lo que serían necesarias fuertes inversiones del sector privado.
En ese sentido, lo que ocurrió en Palermo también da tranquilidad, porque demostró que hay importantes empresas -como por ejemplo, Mercado Libre, principal sponsor del evento y patrocinador clave de Colapinto desde su llegada a la F1- que pueden sostener un espectáculo de esa magnitud en el país. Y, sobre todo, que podrían estar interesadas en asumir el desafío.
La cuestión del calendario, en tanto, no depende de lo que se pueda hacer desde Argentina. Hoy, el campeonato mundial disputa seis de sus 24 grandes premios en América: Miami (con contrato hasta 2041), Canadá (2035), Brasil (2030), Austin (2026), Las Vegas (2027) y México (2028). Y se supone que habría que esperar que se baje una de esas citas para poder entrar. Aunque la alternativa de ingresar en un sistema de rotación, que se baraja cada vez más en Europa, y la necesidad de cancelar o mudar alguna fecha por fuerza mayor -como ocurrió este año con Bahréin y Arabia Saudita– podría abrir una ventana quizás antes de lo esperado.
Mientras siguen las gestiones y los trabajos para ir tildando requisitos de la FIA, Argentina jugó el fin de semana una carta fuerte, la de la gente.
Con su masiva convocatoria, el show de Colapinto superó los récords que la Fórmula 1 había marcado en dos grandes premios: las 525 mil personas de Australia 1995 en las calles de Adelaida y los tres días de concurrencia en Gran Bretaña del año pasado en Silverstone.
“En un día, con un solo corredor, juntamos más gente que en un Gran Premio en la mayoría de las ciudades del mundo. Eso muestra nuestro potencial”, reflexionó Macri, en el cierre de la jornada histórica que se vivió en Buenos Aires.
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Franco Colapinto pasea y saluda a la gente después de haber hecho 3 salidas a la pista
Para los fanáticos, que fueron unos de los grandes responsables del éxito del evento, esa enorme multitud que copó el corazón de Palermo debería ser más que suficiente para que la FIA se de cuenta de lo que podría generar la llegada de un GP al país.
“Que mire lo que pasó acá. Nunca vi gente con tanta pasión y hay que tener en cuenta que esto es todo por una sola persona. Es Franco. La F1 tiene que ver a Franco, lo que genera él y lo que podría pasar si viene a Argentina, algo que sería muy especial”, comentó un joven espectador de Lomas de Zamora.
“Quedó todo a la vista, la cantidad de gente que movemos los argentinos, la afición es muy grande. Es cuestión de tiempo”, se ilusionó un fabricante de cascos de Pilar. Y un amante de este deporte que llegó desde Unquillo se ilusionó: “Ojalá esto sirva para traer la Fórmula 1. Tenemos un piloto que se merece una fecha en su casa. Y como país, también nos lo merecemos. No hay lugar mejor que este para poner un Gran Premio”.
Las imágenes y los testimonios que dejó el histórico paso de Colapinto con Alpine por Buenos Aires llegarán -si no lo hicieron ya- a las personas que manejan los hilos de la categoría más importante del automovilismo. Y es importante que así sea. Porque el regreso del Gran Circo a Argentina sigue siendo, por ahora, un sueño por el que habrá que esperar un poco más. Pero la sensación que quedó flotando en el aire porteño -junto al ruido del poderoso motor V8 del Lotus E20 y el olor a caucho quemado de las gomas que quedaron destrozadas por las donas que dibujó el pilarense en el asfalto- es que ese sueño, que hace algunos años sonaba a utopía o locura, nunca estuvo tan cerca de hacerse realidad como está hoy.







