Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero, los presos políticos cubanos que más pesan en La Habana y Washington

Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero, los presos políticos cubanos que más pesan en La Habana y Washington


Hasta la prisión de máxima seguridad de Guanajay, al suroeste de La Habana, ha llegado una noticia que se comenta entre los reclusos: uno de los suyos, el rapero Maykel Osorbo, podría estar de vuelta a la calle en dos semanas. Ha sido el plazo que, según declararon fuentes del Departamento de Estado al medio estadounidense USA Today, le puso Washington al Gobierno de La Habana como parte de las negociaciones en marcha. Osorbo actúa como si nada nuevo estuviera sucediendo. Ha habido otras excarcelaciones, otros pactos con el Vaticano o con los estadounidenses, otros momentos en los que parece que algo va a suceder con él, sin que nada trascienda. Cuando a inicios del 2025 Cuba anunció la excarcelación de más de 500 presos, los amigos de Osorbo (nombre artístico que alude a la mala suerte en lengua yoruba) le preguntaron si albergaba alguna esperanza de que fuera él uno de los enlistados. “Yo no tengo suerte”, dijo. “A mí nunca me ha pasado nada bueno”.

Este martes, en una llamada apresurada desde la prisión, Osorbo, quien cumple una condena de nueve años de privación de libertad, aseguró a EL PAÍS que prefería no pasarse las horas pensando en el momento en que lo puedan soltar. “Yo estoy tranquilo, en mi esquina, esperando”, dijo el rapero. Si así fuera, si como parte del diálogo entre la Habana y Washington las autoridades cubanas liberaran a sus más de 700 presos políticos, Osorbo seguiría siendo el mismo: “Si salgo de aquí vivo, seguiré siendo lo que ya soy, un músico, un cubano que tuvo una vida difícil y se levantó mil veces. Pero si ellos deciden, por maldad, que yo debo seguir preso, ahí sí van a tener que matarme”.

Su nombre y el del artista Luis Manuel Otero Alcántara, los presos políticos más reconocidos de Cuba, salieron a relucir en el encuentro que tuvo lugar el 10 de abril en La Habana de manera secreta, la primera delegación que voló desde Washington para sentarse a dialogar con los cubanos desde la era Obama. Donald Trump le entró al nuevo año con la captura de Nicolás Maduro, se entrometió en una guerra desgastante con Irán, y por último ha dicho que pretende propiciar un “nuevo amanecer para Cuba”.

Entre otros asuntos de importancia en la mesa de negociaciones, en el encuentro de este mes en la isla se abordó el tema de Osorbo y Otero: dos artistas, los dos negros, gente pobre de la Habana Vieja. Uno en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, el otro en la de Kilo 5, en Pinar del Río. Uno ganador de dos premios Grammys, el otro destacado entre las 100 personalidades más influyentes de la revista Time.

Osorbo cumple nueve años de cárcel por los delitos de “desobediencia, resistencia y desacato”. Otero, cinco por los delitos de “atentado, desacato, desórdenes públicos e incitación a delinquir”. Años antes de ir a la cárcel, ambos ya habían acaparado la atención de toda Cuba por sus constantes denuncias del Decreto 349, un mecanismo de censura del Gobierno para regular la creación artística en el país; o porque ponían el cuerpo para visibilizar la represión del Estado; o bien porque se acuartelaron en la sede del Movimiento San Isidro y protagonizaron la huelga de hambre que movilizó la atención internacional y expuso cómo un Gobierno era capaz de asfixiar a jóvenes y artistas. El día en que las autoridades cubanas entendieron que era un peligro la libertad que estos practicaban de manera individual y les ofrecían al resto de los cubanos, los encerró en sus prisiones.

Aun así, a inicios de mes, cuando la periodista estadounidense Kristen Welker desembarcó con su equipo del programa Meet the Press, de la cadena NBC News, en las instalaciones del Memorial José Martí, el mandatario Miguel Díaz-Canel —quien como nunca antes ha estado despachando entrevistas a los grandes medios ante la incógnita de las tensiones con Estados Unidos y la necesidad de reafirmar como presidente de Cuba al hombre que presuntamente querían desaparecer del tablero político— negó no solo que Osorbo fuera un preso político, sino que en Cuba existiera tal cosa como los presos de conciencia.

“Creo que hay que superar, Kristen, toda una parafernalia que ha existido de conceptos acerca de temas sobre Cuba, sobre democracia, derechos humanos, si somos tiranía o dictadura”, le aseguró Díaz-Canel a la periodista, quien se adelantó otra vez a decirle que había más de 1.200 presos políticos en la isla, entre ellos el rapero Osorbo, “que está preso y que ha ganado dos Grammy latinos”. Díaz-Canel sonrió, y le dejó saber que no se trataba más que de “prejuicios”. “En Cuba todo el mundo no está a favor de la Revolución. Hay personas que no acogen la Revolución, que todos los días se manifiestan de diferentes formas en contra de la Revolución y no están presas. Esa imagen de que en Cuba a todo el que habla contra la Revolución lo ponemos preso y es un preso político, es una mentira, es una calumnia”.

Osorbo y Otero, dos vidas marcadas

Cuando tenía diez años, la madre de Osorbo salió de la casa como quien sale a la esquina, sin avisarle. El niño no la volvió a ver en dos décadas. Se había tirado al mar, como parte de la estampida que en el año 1994 llevó el nombre de la Crisis de los Balseros, en la que más de 35.000 cubanos se largaron a Miami. Su abuela paterna asumió su cuidado. Pero “cuando la mamá falta, falta todo, y gran parte del desvío que yo tuve fue la falta de una mamá”, dijo el rapero en un video publicado en su perfil de Facebook hace cinco años. La vida de Osorbo desde entonces fue también un largo recorrido por las prisiones o centros de reeducación de menores del país. Lleva casi la mitad de su vida de paso por estos lugares.

“Yo siempre fui un negro de la Habana Vieja. Sin ropa, sin zapatos, así normal, en el parque, hablando con este y con el otro, un cubano más del barrio”, cuenta a EL PAÍS. “El Gobierno fue el que me convirtió en una amenaza, porque para ellos los negros pobres somos una amenaza cuando les decimos lo que han hecho mal. Ellos nos temen”.

Otero también creció en una familia humilde del barrio de El Cerro. En una conversación días antes de que lo apresaran en 2021, contó cómo se había hecho él mismo la persona que es hoy. “Yo no estudié en ninguna academia ni nadie me regaló nada, yo no fui hijo de nadie, ni me pusieron en el Instituto Superior de Arte. Yo soy un negrito de El Cerro que he logrado el amor de un montón de gente y la conexión de un montón de gente trabajando y con una manera de hacer”.

El arte llegó a las vidas de Osorbo y Otero de manera autodidacta. Hace cinco años, en medio de una Cuba a las puertas de lo que ha sido su mayor crisis de todos los tiempos, ambos empezaron a ganar connotación por sus constantes denuncias en el espacio público, que luego saltaban a las redes sociales. Los dos fueron detenidos en 2021, cuando el país era un hervidero en medio del colapso sanitario acelerado con la crisis del coronavirus, el cierre al turismo, el consecuente golpe a la economía y un estado de falta de todo tipo de libertades. El contexto había propiciado no pocas expresiones de descontento entre los cubanos.

En varias ocasiones, los artistas fueron detenidos y luego liberados. En la tarde del 18 de marzo de 2021, la policía política entró a la casa de Osorbo y cargó con él descalzo y sin camisa, mientras estaba almorzando. No se supo de su paradero hasta varios días después, cuando la ONU lo declaró desaparecido.

El 11 de julio de 2021, Otero se sorprendió de ver a mucha gente en las calles. “Salí sin teléfono, desconectado de todo, hasta el sol de hoy”, dijo en una entrevista el pasado año a EL PAÍS. “Ese es uno de los días más felices de mi vida. Yo en ese momento dije: ‘Bien, ahora sí que se cayó’. Y el chofer de la patrulla me dijo: ‘Pero tú no vas a estar’’. Se trataba de la protesta antisistema más grande desde la Revolución en el poder, que convirtió a miles de ciudadanos en presos políticos, entre ellos a Otero.

La cárcel no ha sido la muerte artística para ninguno de los dos. Con la canción “Patria y Vida”, que se ha convertido en un himno por la liberación de Cuba, Osorbo, uno de los autores, recibió dos Latin Grammy por los los títulos de Mejor Canción Urbana y Canción del Año. Al rapero Eliexer Márquez Duany, El Funky, quien conoció a Osorbo desde la escuela primaria y es coautor del tema, le dolió no haber ido con él a recoger el premio en la gala de la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación, en Miami. “Esa canción la pongo y lo primero que me viene a la mente es Maykel”, dice ahora El Funky. “La hicimos juntos, siempre fue el sueño de nosotros. El rap para Maykel ha sido todo, lo ha salvado de muchas cosas”.

En septiembre de 2021, el rostro de Otero aparecía entre las 100 personalidades más influyentes de la revista Time, al lado del opositor ruso Alexéi Navalni, la estrella pop Britney Spears, la tenista Naomi Osaka o el cantante boricua Bad Bunny. Reconocían así la lucha constante de un artista contra el poder totalitario.

“Luis no solo ha tenido que abrirse camino en un sistema que limita la libertad de expresión, sino que ha tenido que hacerlo enfrentando vigilancia, censura, hostigamiento y, finalmente, la privación de su libertad. Luis se ha convertido en un símbolo porque su caso condensa muchas de las tensiones del contexto cubano actual: la relación entre arte y política, entre cuerpo y poder, entre visibilidad y castigo”, dijo la curadora de arte Claudia Genlui, ex pareja del artista y quien le ayuda con su arte desde el exilio. El artista, quien no ha dejado de crear desde su celda y ha protagonizado seis huelgas de hambre en detención, estaría llegando al final de su condena de manera oficial el próximo mes de julio.

“Luis es una persona con una vida, con afectos, con una historia que ha sido interrumpida violentamente. Su liberación debería significar, ante todo, la posibilidad de recuperar esa vida”, dice Genlui. “Su libertad es un derecho que nunca debió serle arrebatado”. No obstante, la curadora de arte pone el foco en el contexto en que se realiza esta liberación, si finalmente a Otero lo excarcelan en dos semanas, como dice la información filtrada desde el Departamento de Estado. “Si forma parte de una negociación política, eso abre preguntas importantes sobre las condiciones, sobre el destino posterior, sobre lo que implican esas formas de exilio forzado”.

Garantías ante la excarcelación

En medio de las negociaciones que mantienen altos funcionarios de La Habana y Washington, de las que aún se conoce oficialmente muy poco, varias organizaciones y grupos de derechos humanos se han centrado en insistir en la liberación de los cientos de presos políticos que permanecen en las cárceles de todo el país. En el contexto de estos diálogos, se han llevado a cabo dos excarcelaciones, aunque el Gobierno cubano nunca ha reconocido públicamente que formen parte de algún tipo de negociación con los estadounidenses. Más bien han negado que les estén dando algún tipo de ultimátum para que liberen a sus presos políticos.

De la primera de estas excarcelaciones, realizada en marzo, solo se beneficiaron 27 presos políticos, de un total de 54 liberados. De la segunda ronda, en la que soltaron 2.010 presos en abril, “no hubo ni uno solo preso político”, asegura Javier Larrondo, director de Prisoners Defenders, una ONG que documenta los casos. Más bien, desde que se supiera que funcionarios de Washington estaban sentados a la mesa con representantes del castrismo, el régimen no ha dejado de fabricar nuevos presos políticos, de encarcelar a ciudadanos por protestar o manifestar descontento público. Desde marzo, las organizaciones civiles cubanas han registrado la detención de al menos 28 nuevas personas por motivos políticos.

La realidad demuestra que, como ha sucedido otras veces, no hay seguridad para los presos de conciencia que puedan ser excarcelados como parte de un acuerdo diplomático. “No tienen muchas garantías. Varios presos políticos que han sido beneficiados con excarcelaciones anticipadas, ya sea con libertad condicional o licencia extrapenal, o incluso cuando han recibido indultos, luego han sido encarcelados nuevamente”, explicó el abogado Raudiel Peña Barrios, miembro del grupo de asesoría legal Cubalex, quien resalta que si Osorbo, Otero o cualquier otro preso político fuera liberado, puede terminar otra vez en prisión en el momento en que comience a ejercer sus derechos a la libertad de expresión. “No cuentan con garantías plenas de que no puedan ser encarcelados nuevamente”.

Por tanto, Camila Rodríguez, directora de Justicia 11J, un grupo de trabajo que documenta las violaciones a los derechos humanos en Cuba, insiste en que en cualquier diálogo no debería faltar la premisa de que el proceso de liberación de los presos políticos sea pleno, incondicional y con garantías reales de no repetición. “No basta con excarcelaciones bajo fórmulas que mantienen vigente la sanción, porque eso deja a las personas en una situación de vulnerabilidad permanente”, dice. También considera que en el proceso debería participar los grupos de la sociedad civil a cargo de los presos políticos, los familiares de los detenidos y exige la publicación de listados que garanticen la claridad de las excarcelaciones, algo que no ha sucedido en el pasado. “En ese contexto, cualquier nuevo diálogo debería centrarse no solo en cuántas personas salen de prisión, sino en cómo se toman esas decisiones, quién participa en ellas y qué garantías existen para que esa libertad sea real y duradera”.