Una riada de aficionados del Atlético colapsó la entrada a La Cartuja desde el Puente de la Barqueta a eso de las seis de la tarde. La afición rojiblanca respondió a la llamada de su equipo en la final. Más le costó a los jugadores, sorprendidos por un gol inicial, golpeados por una salida a destiempo de Musso. En ese intervalo, el Atlético vivió de los fogonazos de Griezmann, los intentos de ordenar el tráfico de Koke y, sobre todo, de Lookman. Hay algo que desconcierta en el fútbol del nigeriano. No se sabe muy bien si es un extremo o un delantero. Lo que sí le sienta bien es el estadio de La Cartuja. Su gol sostuvo al Atlético en el primer tiempo, aunque Simeone se la jugó. En el minuto 62, el entrenador argentino tomó una decisión arriesgada. Sacó del campo al nigeriano, que se estaba marcando un buen partido, para meter a Sorloth. Dejó en el campo a Julián, que no estaba jugando a un nivel brillante. Algunos, en la grada, apostaron por la salida del campeón del mundo. El Cholo decidió tirar de galones y acertó. Al menos hasta la tanda de penaltis definitiva.
“Lo hice porque entendía que con Sorloth de nueve podíamos tener más situaciones de gol y entendía que Julián y luego Baena podían hacer lo que estaba haciendo Lookman. Tenemos jugadores muy importantes y lo entendí de esa manera”, admitió Simeone en rueda de prensa.
“Después del primer gol volvimos a caer en un ritmo bajo, con poca intensidad. El segundo tiempo fue el que había que jugar. Encontramos el 2-2, pudimos hacer el tercero ya sea con Cardoso o Baena y nos fuimos al alargue donde tuvimos una cada uno. Competimos muy bien, dieron todo lo que teníamos pero esta vez los penaltis fueron para ellos. Felicito a la Real”, afirmó el técnico argentino. “No estoy pensando en el Arsenal, me duele lo de hoy mucho. Necesitábamos ganar, no pudimos ganar. Sabemos que dimos todo, eso me da mucha tranquilidad”, finalizó el argentino.
Fue entonces cuando Julián se liberó. Asumió los galones y se convirtió en el futbolista más decisivo del Atlético. Fue el hombre clave porque siempre se ofreció donde es más complicado, en el borde del área, donde sufrió, por ejemplo, Sorloth. En medio del descomunal esfuerzo de Llorente, Julián se sacó un control diabólico y un disparo con la izquierda que se convirtió en el empate del Atlético. Un gol a la altura de muy pocos jugadores y que mostró el talento del campeón del mundo, el hombre de los goles decisivos. Sin embargo, en la tanda de penaltis, Marrero le detuvo el lanzamiento al astro argentino, que había lanzado un balón al larguero en la prórroga. Fue consolado por sus compañeros. Ganó la Real.
Todo eso lo vio desde el banquillo Lookman, quien debutó recién fichado por el Atlético en los cuartos de final de la Copa en este mismo estadio de La Cartuja. Ahí mostró sus condiciones con un gol a los 37 minutos y una movilidad que desconcertó a los defensas del Betis. “¿Pero quién es este Lookman?”, se oyó en el vestuario verdiblanco aquella noche. Fue una jornada feliz para el Atlético y para el nigeriano. En el mismo escenario, ahora en la gran final de la Copa, Lookman fue más extremo que delantero. Se convirtió en la única salida de un Atlético atascado, que encontró en el rojiblanco un elemento distorsionador para la Real. Se forjó un gran duelo con Aramburu, un lateral de los antiguos, de los pequeños jugadores capaces de darse la vuelta en medio segundo. Matarazzo admitió el uno contra uno de su jugador contra Lookman mientras Barrenetxea se liberaba de las funciones ofensivas. Una apuesta con riesgo, pero también efectiva.
A los 19 minutos, Lookman volvió a mutar en delantero. Se revolvió en el área para enchufar lejos de Marrero un estupendo disparo. Definitivamente, le sienta bien La Cartuja a Lookman, que cantó a los cuatro vientos el gol del empate de un Atlético algo reservón, tapado en la banda derecha, donde Giuliano ni la olió, mucho más vivo en esa zona izquierda. Lookman realizó una gran jugada en el minuto 31, con un pase atrás que no pudo rematar Girezmann. El delantero se ha adaptado a las mil maravillas a lo que le pide Simeone. Ataca el espacio cuando debe y sabe jugar también el uno contra uno. En uno de ellos ante Aramburu dejó el brazo atrás para que le pitaran falta. No la aceptó de buenas maneras el delantero, como tampoco quiso colocarse en una barrera ante una falta lateral de la Real. Alberola tuvo que insistirle mucho. Todavía, el minuto 42, lanzó fuera un balón antes de que Musso arrollara a Guedes.
Falta final, silencio y larguerazo
Lookman mantuvo su protagonismo en el segundo tiempo. Le dejó un buen balón a Griezmann, que el francés remató alto. También le sacó una falta a Aramburu que pudo ser amarilla y todavía se sacó un disparo con peligro en el minuto 60. Simeone, sin embargo, dejó de creer en la mística de Lookman en La Cartuja. El flamante fichaje invernal del Atlético (35 millones al Atalanta). Abandonó su campo preferido porque el técnico argentino apostó por Sorloth. Un tipo de delantero que no tiene que ver con el nigeriano, que se marchó de la final con un gol y dos disparos fuera de la meta de Marrero. Fue entonces cuando Julián se afinó. Con su protagonismo, con su golazo y todavía en el minuto 95 cuando se hizo el silencio en La Cartuja. Una falta en el borde del área, más o menos en el mismo lugar donde sembró el terror en el Camp Nou, pudo ser el 3-2 para el Atlético. El balón dio en la barrera. Respiró la afición de la Real Sociedad, que celebró por todo lo alto su tercera Copa del Rey. La segunda que logró en La Cartuja, entonces sin público. A Julián le tocó rumiar sus heridas por la derrota.








