Miami ha conmemorado este viernes el 65° aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos en un clima de tensión que se asemeja a un déjà vu histórico, hoy marcado por la retórica de la Administración de Donald Trump, que asegura que el colapso del régimen cubano está cerca, y por un renovado llamado desde el exilio a una intervención militar en la isla.
El aniversario de la fallida operación para tumbar a la revolución cubana en 1961 llega en medio de la mayor escalada política entre ambos países en décadas. Desde la captura de Nicolás Maduro en Venezuela a comienzos de año, Trump ha declarado una emergencia nacional respecto a Cuba, ha cerrado el suministro de petróleo a la isla —sumida en una profunda crisis socioeconómica— y ha asegurado en repetidas ocasiones que el régimen está próximo “a caer”.
Trump ha sugerido la posibilidad de una “toma amistosa”, en medio de reportes de negociaciones lideradas por el secretario de Estado, Marco Rubio, de origen cubano y nacido en Miami, con familiares de Raúl Castro. Pero el prospecto de un diálogo con el régimen ha despertado un fuerte rechazo en el exilio. Un sondeo del Miami Herald publicado esta semana muestra que la mayoría de los exiliados apoya una intervención estadounidense en la isla y rechaza las negociaciones con La Habana. El sentimiento se hizo evidente el mes pasado en un mitin por la libertad de Cuba en Hialeah —una ciudad de mayoría cubana al norte de Miami— donde miles reclamaron un cambio de régimen.
Del otro lado, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel ha elevado el tono, advirtiendo en una entrevista reciente con la cadena estadounidense NBC que Cuba está dispuesta a defenderse con las armas ante cualquier agresión.
La tensión ha revivido la retórica de la Guerra Fría en el sur de Florida, mientras las expectativas de un cambio en la isla se han hecho visibles entre sectores del exilio, que han afinado planes para una eventual transición.
El museo de la Brigada 2506, la que llevó a cabo la operación de Bahía Cochinos, ubicado en La Pequeña Habana de Miami y que funciona también como sede de la Asociación de Veteranos, reabrirá este 20 de abril tras una amplia restauración, con un homenaje a los sobrevivientes. Fundado en los años ochenta, el museo expone fotografías de los caídos, documentos y objetos de la invasión, y ha sido un referente político del exilio cuya influencia se ha extendido al ámbito electoral.
Trump visitó la sede durante la campaña de 2016, tras el “deshielo” del expresidente Barack Obama con la isla y cuando el condado era un bastión demócrata, buscando conectar con el exilio histórico prometiendo mantener ayudas de Seguridad Social y Medicare a los veteranos y endurecer las sanciones a la isla que Obama había relajado. La estrategia funcionó, y Trump recibió el respaldo de la Asociación, que tradicionalmente no apoyaba candidatos.
Miami-Dade dio un giro político con la victoria de Trump en 2024, impulsada en buena parte por el voto cubanoamericano. Pero en los últimos meses, la agresiva agenda migratoria de la Administración ha erosionado el apoyo, según sondeos.
Rafael Montalvo, presidente de la Asociación de Veteranos, dijo a The Associated Press que no quisiera una invasión de EE UU a Cuba, porque no quiere ver morir a soldados estadounidenses por la libertad de la isla. Los miembros de la Asociación confían en la efectividad de Rubio para guiar la estrategia hacia la isla, dijo Montalvo a la AP, pero agregó que “si no van a sacar a la mafia que está en el poder ahora mismo, no hagan nada” porque un cambio “como hicieron en Venezuela” no va a funcionar.
La invasión de Bahía de Cochinos fue un intento fallido de derrocar al Gobierno de Fidel Castro el 17 de abril de 1961. Unos 1.500 exiliados cubanos de la Brigada 2506 entrenados por la CIA desembarcaron en la zona de Playa Girón, al sur de Matanzas, en el occidente de la isla. La operación fracasó en menos de 72 horas. Más de un centenar de personas murieron y unos 1.100 fueron detenidos. La invasión precipitó una relación abiertamente hostil entre ambos países y empujó a Castro más cerca de los soviéticos, convirtiendo a la isla en uno de los principales escenarios de la Guerra Fría.
Después de eso, Miami pasó a ser el epicentro de operaciones encubiertas contra el Gobierno de Fidel Castro. La CIA desplegó programas secretos de sabotaje e inteligencia y grupos de exiliados continuaban acciones contra el régimen, mientras en la isla aumentaba la presencia soviética, que alcanzó su punto máximo en 1962 durante la Crisis de los Misiles.
Hace poco más de un mes, un grupo de cubanos residentes en el sur de la Florida zarparon hacia la isla en una lancha de pesca con un arsenal buscando provocar un levantamiento popular, pero fueron interceptados por los guardacostas, varios murieron y el resto fueron apresados. Uno de los líderes del grupo que presuntamente llevó a cabo la operación, Michel Naranjo Riverón, reivindicó la acción como heredera de la invasión de Bahía de Cochinos. “Estos patriotas son los únicos que han intentado liberar Cuba después de Playa Girón”, dijo a EL PAÍS.
Eduardo Gamarra, director del Foro de Opinión Pública Latina de la Universidad Internacional de Florida (FIU), dice que “hoy estamos en un momento muy diferente al año 61, cuando el régimen cubano estaba empezando, tenía un gran apoyo de la Unión Soviética y no tenía en realidad problemas económicos”. “Ahora está en colapso total, pero no hay una fuerza similar a la de Bahía de los Cochinos dispuesta a aventurarse. Básicamente, la comunidad está esperando que sea Washington quien tome la isla. Pero lo único que probablemente no se ha desmantelado en Cuba es el aparato represivo. Esa es quizás la única fuerza que está previniendo el colapso total de la isla”, agrega.







