“Lou Andreas-Salomé ve la importancia que va a tener el psicoanálisis”

“Lou Andreas-Salomé ve la importancia que va a tener el psicoanálisis”


El célebre nombre de Lou Andreas-Salomé se sumó a fines del año pasado a los anaqueles de la colección La otra palabra (Galerna), una biblioteca pensada para visibilizar las vidas (y obras) de filósofas olvidadas, ignoradas o silenciadas, desde la Antigüedad a nuestros días, con la coordinación de la medievalista Jazmín Ferreiro. La historia de este nuevo tomo de la colección merece un párrafo. Ferreiro invitó a escribirlo a la filósofa y escritora Florencia Abadi.

A Abadi, el personaje, en sí, no la convocaba. Hubiera preferido dedicarle ese tiempo enorme que demanda un trabajo de estas características a otra figura “¿Por qué no Simone Weill?”. Pero Ferreiro insistió, quería a Andreas-Salomé.

Abadi decidió darle una oportunidad –si lo hacía junto al psicoanalista Matías Trucco, dado que habría que también tener conocimientos profundos en psicoanálisis–. Fue entonces que descubrió que la propia Lou había desarrollado una lectura del narcisismo, mito y problema al que Abadi había dedicado un libro (El sacrificio de Narciso, reeditado en 2025 por V&R).

Tirando del hilo de ese fortuito hallazgo, Abadi fue (re)descubriendo la densa obra de esta escritora y filósofa devenida psicoanalista, más célebre por su vínculos con Nietzsche, Paul Ree, Rilke y Freud, entre otras grandes personalidades de su época, por su figura de femme fatal, que por su propia obra.

El resultado de varios años de investigación (a cuatro manos) es Lou Andreas-Salomé. La filósofa del psicoanálisis, un libro de género inclasificable –es una suerte de biografía, pero también hay ideas, ensayo, desarrollo de conceptos, y extractos textuales de su obra–. Clarín conversó con Florencia Abadi sobre el acercamiento a esta figura tan atractiva y lúcida, como compleja.

–¿Qué fue lo primero que te atrajo para decidirte a escribir sobre Lou Andras-Salomé?

–En principio, me atrajo enterarme de que tenía una lectura sobre el narcisismo que implicaba una relectura del mito de Narciso, algo que Freud no toma ni nombra (el mito), porque toda la teoría del narcisismo del psicoanálisis ignora completamente al mito. La originalidad de Freud respecto al narcisismo tiene que ver con que el narcisismo es una posición intermedia entre el autoerotismo y la investidura de los objetos, lo que se llama “la elección de objeto”, donde se constituye el yo. Lou venía del ámbito literario, y tiene esta mixtura entre lo literario, lo filosófico y lo psicoanalítico con la que yo me siento muy identificada. Y si bien su teoría del narcisismo es diferente a la mía, había unas cuantas cosas con las que yo me identifique mucho.

Florencia Abadi es la autora, junto con Matías Trucco, de Lou Andreas-Salomé. La filósofa del psicoanálisis (Galerna). Foto: redes sociales.

–¿Nunca habías escuchado sobre esa teoría del narcisismo? ¿No circula en ámbitos académicos?

–Ella, Lou, está muy mal editada, y es muy difícil conseguir sus textos, sobre todo los de psicoanálisis, y en español. Recién hoy en día sí se están preparando las obras completas en alemán, pero incluso en alemán los textos de psicoanálisis se editan por primera vez en 1990. ¡1990! Es un disparate, digamos, lo que se tardó en poner a disposición del público la obra de esta mujer. La ignoraron a lo largo de todo el siglo XX y sobre todo sus textos de psicoanálisis, que se publican muy tardíamente (por Tusquets). Respecto de la circulación académica, nada: jamás dieron un texto de Lou Andrea Salomé para estudiar psicoanálisis ni acá ni en ningún lugar, tampoco en filosofía. Todo se lo llevó el chisme y la fama de femme fatal: entonces todo es leer la biografía de la mujer que usaba sus pieles, o sea, la figura de su vida y de su persona se comió su obra. El intento de este libro es rescatar su obra, sobre todo su obra psicoanalítica (también estaban las novelas, los ensayos), porque no podíamos con todo.

Una fascinación compartida

En 1912, Lou Andreas-Salomé le transmite por carta a Sigmund Freud el deseo de sumarse a su curso y las “veladas de los miércoles”, en las que el mentor reúne a sus discípulos para debatir todo lo concerniente a la nueva disciplina. Amén de sus méritos personales, la figura de Salomé era, a los ojos de Freud, una pieza sofisticada en el inmenso desafío de ampliar las audiencias de esta “causa colectiva”. A partir de allí, la fascinación fue mutua, la libertad hacia Salomé, amplia, y la fidelidad de la discípula hacia el maestro, de por vida.

–Se podría decir que hay una Lou antes de Freud, y otra después de Freud…. ¿Cómo y por qué se da el acercamiento de Andreas-Salomé al psicoanálisis, cuando a los 50 años ya tenía una carrera y fama propias como novelista, ensayista, y era una figura pública?

–No sé si existe un solo motivo. Creo que ella tenía un olfato increíble para lo que realmente va a importar, lo que viene, la teoría que va a transformar el mundo. Pensá que en ese momento estaba todo en ciernes. Yo creo que ella ve la importancia que va a tener el psicoanálisis y quiere ser parte de esa historia. Ella ya tenía una visión y una sensibilidad muy schopenhaueriana, nietzscheana, spinoziana, en donde lo irracional y lo inconsciente tenía un lugar, tenía su romanticismo por así decirlo. De pronto ve todo eso en Freud, esta figura que a ella también le interesaba mucho. Era la ciencia, pero leída desde una perspectiva más romántica, nietzscheana, irracionalista digamos, buscando otras cosas: ella ve en Freud esa fusión de un tipo muy científico, muy racionalista, muy ateo que está dando vuelta al mundo para mostrar que el fundamento del ser humano no es racional, no es el cálculo sino que está en las profundidades de ese inconsciente que a ella le fascina. Entonces va a darse un intercambio entre ellos que evidentemente tenía sus propias reglas y sus excepciones (por ejemplo, ella no se llega a analizar, pero Freud le permitía todo).

–También destacan en el libro que Lou va a encarnar el puente con Nietzsche, que Freud no reconocía…

–Así es. De hecho, volviendo a la cuestión académica de la que hablamos recién, el único ámbito en el que siempre se menciona a Lou es en el estudio de los vínculos entre Freud y Nietzsche, que supone un estante importante en la biblioteca de la historia de las ideas. Siempre se busca en ella algo de ese nexo. Por lo demás, las afinidades son muy evidentes. Freud decía que no lo quería leer porque no quería verse influido por Nietzsche, no quería perder objetividad. Pero ya hay unas cuantas personas que demostraron que sí lo leyó, como Leandro Drivet (UNER, Entre Ríos).

–¿Y de qué modo se cruzan esas ideas con tu propia lectura del narcisismo?

–Yo ya venía trabajando en oposición a Freud, que junta egoísmo y narcisismo (en Introducción del narcisismo, de 1914, Freud dice que el narcisismo es el “complemento libidinoso del egoísmo”). Habla del narcisismo no sólo como una etapa, el estadio en que se constituye el yo, entre los 6 y los 18 meses, sino que es algo que acompaña toda la vida al sujeto, en tanto seguimos siendo egoístas y seguimos teniendo un complemento libidinal de ese egoísmo. En mi lectura del mito, Narciso no se ama a sí mismo, sino que se enamora de una imagen de sí mismo –que no es lo mismo–, y le entrega su vida. Prioriza a su imagen y se sacrifica dándose a esa imagen. Por eso decimos que Narciso no es un egoísta, porque el egoísta es el que se prioriza a sí mismo: al contrario, se sacrifica y se posterga para sostener una imagen, ya que supone que con esta imagen el otro me va a amar. Las pupilas del Liríope, madre de Narciso, son también un espejito, el ideal de la madre al que él se entrega.

Lou Andreas-Salomé junto a Paul Rée y Federico Nietzsche.  Foto: archivo Clarín.

–Otra de las cuestiones en las que se detiene el libro es la compleja relación de Salomé con los temas de género y el feminismo de la época. ¿Tiene sentido preguntarse, en su caso –una figura que se sale tanto de las casillas–, si era feminista?

–Efectivamente, ella era inclasificable y en relación con si era feminista, yo diría “sí y no”. Era indudablemente feminista porque fue sujeto de pensamiento y realmente ocupó un montón de lugares que las mujeres no ocupaban. Estaba rompiendo normas, poniendo el conocimiento por encima de la familia para los valores de la época, ahí ella está siendo feminista, diciendo “a mí me importa más estudiar en la universidad que formar una familia”. Hay un montón de libros sobre ella, por lo menos cinco, que destacan su libertad. Y la verdad es que sí es cierto que ella encarna algo de eso. Por otro lado, están las feministas de la época, como Hedwig Dohm, una súper luchadora por el sufragio universal, una feminista tremenda, que la destruye, cuando ella dice que “la mujer es como una flor que abre sus pétalos…” y nunca habla del aspecto financiero, económico todo eso está en silencio. Y es verdad que ella tuvo un origen aristócrata –su familia era amiga del zar–, pero luego pasará por momentos de mucha pobreza, de no tener plata y nunca le importa tampoco. Lo importante, para ella, se juega más en lo místico, en lo filosófico, en lo literario, nunca es muy social su pensamiento… su deriva va por allí.

Lou Andreas-Salomé. La filósofa del psicoanálisis, de Florencia Abadi y Matías Trucco (Galerna).