Algunas herencias del expresidente Andrés Manuel López Obrador pesan demasiado y Claudia Sheinbaum ha comenzado a soltar lastre. La enturbiada relación con España, con quien México comparte fuertes lazos, históricos y presentes, era una de ellas. La mandataria mexicana ha virado poco a poco hacia una postura de conciliación, al mismo ritmo que el país europeo ha abandonado el obstinado rechazo a reconocer ningún desmán en la Conquista de América, el origen de la tirantez, y ambos países viven su mayor acercamiento en siete años. Sheinbaum ha reconocido los pasos dados por las autoridades españolas y ha hecho lo propio: se acabaron, al menos por el momento, las peticiones a la Monarquía española para que asuma algún tipo de responsabilidad sobre aquel periodo. La estrategia ahora es más bien divulgativa . “Es importante que sigamos enviando muchas exposiciones, que vayan antropólogos mexicanos a España a explicar lo que eran las grandes civilizaciones, que se escuche lo que fue la llegada de los españoles”, ha dicho este lunes. La cultura restableció los vínculos rotos y la cultura será la vía para profundizar en el entendimiento.
Ha costado años y multitud de gestos desembocar en el punto actual, que llega en un momento clave para ambos gobiernos, afines en todo lo demás. El contexto, con el presidente estadounidense, Donald Trump, liderando el bloque reaccionario en el mundo, ha obligado a ambos países a desplazar una cuestión que solo suponía un obstáculo para articular una alianza progresista que hiciera oposición al trumpismo. Este sábado, después de ocho años de la última visita de un presidente mexicano a España, Sheinbaum aterrizará en Barcelona para impulsar esa alianza en un foro de líderes mundiales al que ha sido invitada, precisamente, por el mandatario español, Pedro Sánchez.
Poco se sabe todavía sobre la agenda concreta de la presidenta, más allá de que se reunirá con Sánchez y de que no tendrá ningún encuentro con los reyes. Es un viaje exprés en el que su participación se limitará a la segunda jornada del encuentro, en la que hay previstos paneles sobre migración, desigualdad y democracia, entre otros, a los que se suman las discusiones sobre la alternativa progresista para un nuevo orden mundial. Con independencia del programa concreto al que asista, la mera foto de los dos dirigentes juntos insufla energía en un espectro ideológico que hasta ahora ha ido a remolque del belicismo intervencionista de Trump. Ambos gozan de autoridad en sus contextos regionales y su presencia, junto con la de otros referentes de la izquierda americana, como el brasileño Lula da Silva o el colombiano Gustavo Petro, manda un claro mensaje de unidad y de fuerza.
No era fácil para Sheinbaum desprenderse de la herencia de López Obrador, que llevaba aparejada el enorme capital político del expresidente morenista y que toca muchas sensibilidades dentro del país. Lidiar con la interpretación de la Conquista es también hacerlo con el trato de México a sus comunidades indígenas. También en España levanta polvareda. En un año y medio de mandato, sin embargo, la sucesión de acontecimientos ―con la agresión del republicano a Venezuela e Irán, entre los más recientes― ha empujado a México a buscar aliados ideológicos y económicos más allá de su principal socio comercial, con el que la relación es especialmente tensa. “Sheinbaum está tratando de limar en su Administración algunas asperezas que dejó el sexenio anterior en aras de que México tenga un posicionamiento importante en América Latina, que sea esa bisagra entre el continente y Europa”, apunta Claudia Márquez, experta en relaciones internacionales de la UNAM.
El vínculo con el Gobierno español es clave en ese sentido y funciona en las dos direcciones. “España siempre ha considerado a México un país estratégico. México es el país más internacionalizado y más abierto de América Latina”, dijo en diciembre la consejera económica y comercial de la Embajada española en México. Para el país europeo, añadió, México es la “plataforma” clave para “crecer hacia otros mercados”. Lo económico se suma a un contexto ideológico que invita a entenderse bien con aquellos que comparten los principios medulares de la política exterior, como el pacifismo del que tanto Sheinbaum como Sánchez han hecho gala en sus respectivos países.
La mandataria mexicana debe aprovechar, también, un contexto de afinidades ideológicas en diferentes gobiernos iberoamericanos, habida cuenta de que Brasil y Colombia enfilan sendas elecciones este año, con predicciones aún muy inciertas. A España le tocará su turno al año siguiente, y una eventual victoria de la derecha solo agrandaría la distancia entre los dos países en torno a la interpretación de la Conquista. “Hay que ser sensibles [porque] en España, la derecha dijo: ‘¿¡Cómo es posible que reconozcan a los indios y los abusos que hubo durante la invasión española!?“, ha reconocido Sheinbaum este lunes. El escenario actual es el más idóneo y los mandatarios son conscientes de que esta es su mejor ―y única― oportunidad para promover su agenda, que es, en lo esencial, la misma.
La presidenta mexicana va elevando la voz en la política exterior y distanciándose de su predecesor, reacio a viajar o acudir a las cumbres internacionales. El relevo en la Secretaría de Exteriores apunta también en esa dirección, con el nombramiento de un joven Roberto Velasco que aporta “frescura” en las relaciones del país con el mundo, en palabras de la experta. Sheinbaum está imprimiendo su propio sello al sexenio y esta es una de las áreas en las que el viraje es claro. “Va a tener una participación más activa [en las relaciones internacionales] y tratar de ir ganando aliados frente a un jugador, Estados Unidos, que es muy rudo”, agrega Márquez: “La presidenta está buscando un equilibrio”.
En ese frágil balance se mueve Sheinbaum en cada pronunciamiento público, haciendo funambulismo para defender con firmeza su postura sin que su homólogo estadounidense lo interprete como una afrenta directa. “Solo hablar de la autodeterminación de los pueblos ya es un mensaje muy potente en estos momentos, muy importante”, ha referido este lunes sin hacer mención explícita a los frentes bélicos abiertos por Trump, por ejemplo. Ambos países están a las puertas de la revisión del TMEC, el tratado que regula el comercio en Norteamérica, y la fluidez en las negociaciones será clave para obtener un resultado satisfactorio para todos. Sheinbaum ha dado un paso al frente y ha apostado por fortalecer los vínculos entre América Latina y Europa. Los 3.000 kilómetros de frontera compartida con Estados Unidos, sin embargo, son un recordatorio constante de que cualquier gesto o movimiento que haga deberán ser los de una acróbata.








