Keiko Fujimori, la hija del autócrata que degradó a las instituciones públicas en los años noventa, ha vuelto a quedar a las puertas de la presidencia de Perú. A pesar del rechazo que produce la lideresa de Fuerza Popular, señalada como la principal culpable de la inestabilidad que atraviesa el país, el recuento de actas al 55% por la Oficina Nacional de Procesos Electorales la coloca en segunda vuelta por cuarta elección consecutiva con el 17% de los votos válidos.
La política, que a los 19 años reemplazó a su madre como primera dama después de que esta denunciara haber sido torturada por su padre, no ocupó el primer lugar durante toda la campaña. Más bien se mantuvo expectante, como buena estratega, a la espera del tramo final. Bajo el lema “es momento de recuperar el orden”, Keiko Fujimori revalidó su condición de favorita debido a un núcleo duro de votantes que no suele afirmar sus preferencias en los sondeos, en el denominado voto escondido o voto de la vergüenza. Pero también por su habilidad para liderar una organización política con una sólida estructura que continúa despertando esperanza en un sector de la población.
Con el recuento escrutado al 55%, su contrincante en la segunda vuelta el 7 de junio sería Rafael López Aliaga, el candidato ultraconservador de Renovación Popular, que ha logrado el 14,4% de los votos. Sin embargo, todavía es posible que se produzca un cambio en este segundo puesto, ya que hay margen para que se coloquen otros aspirantes. Exalcalde de Lima, López Aliaga ha agitado la bandera del fraude en las últimas dos elecciones. En un hecho sin precedentes, la contienda electoral en Perú no concluyó el domingo, sino que se alargó hasta el lunes debido a que 63.300 ciudadanos no pudieron votar por una demora en la instalación de las mesas de votación, un suceso que ha enturbiado el proceso.
Al principio se había producido un empate técnico entre cuatro aspirantes: Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) y Ricardo Belmont (Cívico Obras). Pero conforme avanzan las horas, López Aliaga se fue distanciando del grupo y se acerca a una competición final contra Fujimori. Se trata de dos opciones de derecha populista, con un alto porcentaje de votos en Lima —la capital que concentra la tercera parte de la población—, que han cosechado votos con un discurso de mano dura contra la delincuencia, además de deslegitimar cualquier alternativa de izquierda.
“Los resultados son una señal muy positiva para nuestro país, porque el enemigo es la izquierda”, señaló Keiko Fujimori tras conocer los sondeos a pie de urna y el conteo rápido de una encuestadora. Algunas de las propuestas de Fujimori son construir una cárcel de máxima seguridad como el CECOT de El Salvador y expulsar a los migrantes irregulares e indocumentados. Una tendencia en la región proclamada por Donald Trump y seguida por el flamante presidente de Chile, José Antonio Kast, entre otros.
Si Keiko Fujimori no ha consumado su anhelo de convertirse en la primera presidenta del Perú —Dina Boluarte se lo arrebató— en tres intentos anteriores ha sido por el antifujimorismo, que es considerado por algunos analistas como el mayor movimiento político de Perú y que se activa en la segunda vuelta. El acertijo que los científicos sociales estudian en las últimas horas es si el antifujimorismo será capaz de apoyar una candidatura como la de Rafael López Aliaga, católico del Opus Dei que ha amenazado de muerte a varios de sus adversarios políticos, que endeudó a la comuna de Lima por unos 1.181 millones de dólares y que pretende la salida de Perú del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
Si bien una buena parte del electorado aguarda que se procese el 100% de las actas, otros estiman que el antifujimorismo tocó su techo y que se le debe combatir directamente, incluso si llega oficialmente a Palacio. “El fujimorismo no se va a apoderar del Estado. Ya lo hizo. Ha ido capturando todas las otras instituciones de los otros poderes del Estado a tal punto que ha desvirtuado la institución presidencial. Así no la gane, seguirá teniendo el poder real. Si se quiere acabar con el fujimorismo, se tiene que acabar con el Estado fujimorista”, ha reflexionado la antropóloga María Fe Celi.
En el 2016, Fuerza Popular obtuvo 73 escaños en el Parlamento. Una mayoría absoluta que le permitía llevar a cabo reformas profundas. No obstante, la bancada naranja fue catalogada de obstruir al Ejecutivo y boicotear su labor. En esta contienda, si la tendencia de los conteos se mantiene, la agrupación política de Keiko Fujimori volverá a tener amplia mayoría en el Senado y en la Cámara de Diputados. Todo indica que la segunda fuerza será Renovación Popular. Perú parece orientarse inevitablemente hacia la derecha, en la misma línea que otros países latinoamericanos recientemente.








