¿Qué tiene que pasar en la cabeza de un hombre para que muerda a su propio padre en la cara? Esa es la pregunta que flota en el aire apenas el público ingresa a la sala de
El Método Kairós (El Salvador 4530, CABA) para ver Harto. La obra, que transcurre íntegramente dentro de una cámara Gesell y coloca al espectador en el lugar de observador directo de Gustavo, un adulto que colapsó ante la vorágine de un sistema que, según su autor, parece habernos quitado la capacidad de detenernos a pensar.
“A mí me interesa mucho hablar sobre la salud mental; es un tema que vengo tocando siempre en mi arte”, explica su autor Ángel Blanco en diálogo con Vivo Perfil. Para el actor, la obra es una lupa sobre los “adultos rotos” que arrastran conflictos no resueltos desde la infancia. “Somos las mismas personas desde que nacemos hasta que nos vamos; hay temas de fondo que no se solucionan en la niñez y eso lleva a que el adulto esté roto por esta vorágine que nos impone el sistema”, reflexiona el también protagonista del unipersonal sobre la génesis de este proyecto.
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Un espejo del hartazgo social
A lo largo de 60 minutos, la propuesta recorre los abusos laborales, la falta de rumbo y el peso de las expectativas sociales. Para Blanco, el título no es sólo el nombre de la pieza sino un sentimiento personal y colectivo. “Me tiene harto el sistema en el que vivimos, que no nos da oportunidades a todos por igual y nos obliga a avanzar a como dé lugar”, confiesa el dramaturgo. Esa honestidad brutal es la que genera una empatía inmediata en la platea: aunque el disparador sea un acto dramático y violento, el público termina queriendo al personaje porque se ve reflejado en su cansancio. Aquí la entrevista completa:
La puesta, dirigida por Julián Belleggia, cuenta con un ingrediente especial: la voz en off de Eleonora Wexler, que termina de dar marco al clima opresivo y a la vez revelador de la cámara Gesell. El equipo creativo se completa con el diseño sonoro de Lou Alvarez, la asistencia de dirección de Coni D’Odorico y el diseño corporal de Nadia Flores, elementos clave para lograr ese viaje emocional que, por momentos, se permite transitar un humor ácido muy parecido al de la vida real.
El teatro como refugio y reflexión
En tiempos de hiperconexión, Blanco reivindica el espacio escénico como un territorio de resistencia. “El teatro es un espacio maravilloso para dejar el celular un momento y reflexionar sobre dónde estamos parados y hacia dónde vamos como humanidad”, asegura. El diseño de iluminación de Pablo Calmet y la escenografía, con utilería de Sasi Crowe y vestuario de Luisana Solis, contribuyen a generar esa intimidad necesaria para que la catarsis sea completa.

Con funciones los domingos a las 20, Harto se consolida en su segunda temporada como una propuesta necesaria para quienes buscan en el arte algo más que entretenimiento. Es, en palabras de su protagonista, una oportunidad para entender que muchas veces el estallido no es más que el resultado de años de silencio. Una historia que, definitivamente, deja al público dialogando mucho después de que se apagan las luces. Encontrá acá más info sobre las entradas.








