El 12 de abril, los peruanos acudirán a las urnas en medio de una crisis política que, en lo que va de este siglo, se ha vuelto cada vez más la norma. Las elecciones generales del 2026, en las que se elegirá al presidente y a un Congreso bicameral completamente nuevo (Senado y Cámara de Diputados), representan más que un ejercicio democrático: constituyen un referéndum sobre décadas de erosión institucional, fragmentación partidaria y desconfianza ciudadana. Si la historia reciente sirve de guía, el próximo presidente de Perú podría surgir no de una fortaleza política, sino por una debilidad sistémica. La baja identificación partidaria, la profunda desconfianza hacia las élites políticas y las divisiones geográficas entre Lima y las regiones complejizan aún más el panorama político.
Fragmentación política como contexto para el 2026
La actual inestabilidad política de Perú tiene raíces históricas profundas. La crisis de hiperinflación e insurgencia a fines de la década de 1980 destruyeron la confianza en los partidos tradicionales como el APRA y Acción Popular, abriendo paso a candidatos externos como Alberto Fujimori en 1990. Tras la caída de Fujimori el 2001, el país no logró reconstruir estructuras partidarias sólidas. Desde entonces, los presidentes han seguido ganando elecciones sin contar con coaliciones congresales duraderas y han gobernado mediante mandatos personales en lugar de plataformas institucionales.
Desde 2016, Perú ha experimentado una volatilidad extraordinaria en el Poder Ejecutivo. Múltiples destituciones y renuncias presidenciales han dado lugar a ocho presidentes en menos de una década, con la cláusula constitucional de “incapacidad moral” utilizada de manera reiterada para remover a los mandatarios. Ningún presidente electo desde 2016 ha logrado completar su mandato. Este patrón ha erosionado aún más la confianza pública en las instituciones políticas y ha contribuido a un entorno electoral fragmentado que hoy caracteriza la campaña del 2026.
La elección del 2026 refleja el nivel más profundo de fragmentación partidaria en la historia moderna de Perú. Existen treinta y cinco candidatos presidenciales y treinta y siete partidos políticos registrados, un récord nacional y un aumento significativo respecto a los dieciocho candidatos que participaron en el 2021.
Las encuestas sugieren que el electorado se mantiene profundamente incierto. Estudios recientes muestran que casi un tercio de los votantes aún no ha decidido su voto, mientras que otros indican que podrían emitir votos en blanco o nulos, lo que significa que más de cuatro de cada diez votantes no están firmemente alineados con ningún candidato.
Los sondeos más recientes ilustran esta fragmentación. Las últimas encuestas de IPSOS y DATUM muestran que la candidata líder, Keiko Fujimori, alcanza aproximadamente el 11-13%, seguida por Rafael López Aliaga con un 9-11,7% respectivamente. Después de ellos hay varios candidatos empatados con porcentajes más bajos.
Redes Sociales y la Campaña Digital
A diferencia de ciclos electorales anteriores dominados por la televisión, la radio y las campañas territoriales, la contienda del 2026 se desarrolla cada vez más en plataformas digitales. Las redes sociales se han convertido en la herramienta fundamental donde se construyen las principales narrativas, se produce la movilización y las preferencias de los votantes cambian con rapidez.
Se destacan tres dinámicas:
1. Movilización y Mensajes
Las redes sociales han evolucionado más allá de simples plataformas de difusión para convertirse en espacios de debate político, organización de base y transformación acelerada de narrativas. Los mensajes de campaña ahora se difunden a través de comunidades digitales descentralizadas en lugar de los guardianes tradicionales de los medios.
Para muchos votantes, particularmente los de grupos demográficos etarios más jóvenes, el debate digital influye cada vez más en la forma en que se involucran políticamente.
Los mensajes de campaña circulan ahora a través de comunidades digitales descentralizadas, en lugar de depender exclusivamente de los medios tradicionales.
2. Influencia de la juventud
Los movimientos políticos globales evidencian cómo el activismo impulsado por redes sociales entre la Generación Z y los millennials más jóvenes puede posicionar rápidamente temas como la corrupción, la inseguridad, la desigualdad y la desconfianza institucional.
En el entorno político fragmentado del Perú, estas dinámicas tienden a amplificar las voces de los actores menos politizados de manera poco previsible.
3. Riesgos de la desinformación
El número inusualmente alto de candidatos y la fragmentación de los partidos políticos generan un terreno propicio para la desinformación y las campañas basadas en rumores. El contenido puede difundirse rápidamente a través de plataformas como Facebook, X, TikTok, YouTube e Instagram, con una supervisión limitada.
En una contienda fragmentada, donde los principales candidatos registran niveles de apoyo bajos en las encuestas, las narrativas virales en redes sociales – sean precisas o no – pueden influir en la percepción de los votantes en los días finales de la campaña.
Comportamiento de la campaña digital
Si bien las encuestas tradicionales reflejan un electorado fragmentado, los patrones de interacción digital ofrecen una perspectiva adicional para comprender la dinámica de la campaña.
El nivel de interacción en redes sociales, el crecimiento de seguidores y la circulación de contenido viral pueden constituir señales tempranas de qué candidatos están logrando posicionar con éxito sus narrativas en el espacio digital.
Implicancias para el resultado electoral
Históricamente, los votantes peruanos han tomado sus decisiones finales en los últimos días de las campañas. En el actual entorno digital, este patrón podría intensificarse debido a la rápida difusión de narrativas en redes sociales y la desconfianza generalizada hacia las encuestas tradicionales.
Las narrativas digitales podrían, en última instancia, determinar qué candidato logra capturar el impulso necesario para avanzar a una segunda vuelta.
A pesar de la volatilidad política, los fundamentos macroeconómicos de Perú se mantienen relativamente sólidos, respaldados por la disciplina fiscal y las exportaciones de minerales. Los mercados se han acostumbrado a los cambios de liderazgos, reaccionando con relativa calma incluso ante la destitución de presidentes. Esta paradoja—resiliencia económica junto con fragilidad política—reduce la urgencia de reformas estructurales, al tiempo que permite que la inestabilidad persista.
Conclusión
Las elecciones del 2026 reflejan un sistema político definido menos por la competencia ideológica que por la fragmentación y la debilidad institucional.
Tres tendencias caracterizan la actual campaña:
1. Un creciente desplazamiento hacia las redes sociales como el principal espacio de comunicación política.
2. Una contienda electoral cada vez más determinada por narrativas virales que por propuestas políticas.
3. Un electorado que observa el proceso con una mezcla de curiosidad, fatiga y distanciamiento.
Mientras los partidos políticos no recuperen credibilidad y fortaleza organizativa, es probable que las elecciones en el Perú continúen produciendo candidatos inesperados, gobiernos frágiles y crisis institucionales recurrentes.
El 12 de abril, los votantes podrían acudir nuevamente a las urnas no para elegir al candidato más preparado o conocido, sino a aquel que perciben como menos vinculado a la clase política actual.








