El Gobierno de Brasil considera que la asfixia financiera es una vía más eficaz para combatir el crimen organizado, que las listas de grupos terroristas. La megaoperación que en 2025 desmanteló una red de lavado de dinero del Primeiro Comendo de la Capital (PCC), una hermandad de criminales, es el ejemplo más citado. En esa línea, el Ministerio de Hacienda brasileño ha anunciado este viernes un acuerdo de colaboración con Estados Unidos por el que compartirá e intercambiará información con un órgano federal de vigilancia fronteriza para luchar contra el tráfico de drogas y de armas entre ambos países.
El acuerdo se produce en medio de las presiones de la ultraderecha brasileña para que Washington declare organizaciones terroristas a las dos mafias autóctonas más poderosas, el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermehlo, como ha hecho con los carteles mexicanos y otras bandas latinoamericanas.
El plan contempla, ha explicado el presidente Lula en redes sociales, “compartir datos en tiempo real, rastreo riguroso de las cargas y actuación conjunta para interceptar cargamentos ilícitos”.
Las autoridades brasileñas enviarán a la agencia de aduanas y protección fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) información sobre las drogas y las armas con origen en Estados Unidos que decomisen, mientras los estadounidenses aportarán información sobre los contenedores con destino a Brasil.
“Dado que una parte importante [de las armas que entran ilegalmente en Brasil] viene de Estados Unidos, esperamos que la circulación de armas en Brasil disminuya gracias a esta colaboración”, ha explicado nuevo ministro de Hacienda, Dario Durigan.
El equipo del presidente Lula, que tiene pendiente una visita a Washington, lleva meses negociando con sus contrapartes estadounidenses en busca de acuerdos, con la mente puesta en evitar las medidas unilaterales que tanto gustan al presidente Donald Trump.
Y a siete meses de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Brasil, la seguridad pública es una de las principales preocupaciones del electorado. En un país donde triunfa el discurso de mano dura y la violencia policial solo espanta cuando es a gran escala, como en la matanza de más de cien sospechosos en Río de Janeiro octubre pasado, la izquierda tiene dificultades para construir un discurso convincente para combatir la penetración y el poder territorial del crimen organizado.
Aunque Lula llegó a ser claro favorito en las encuestas, en los últimos meses ha distancia se ha ido acortando y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y principal apuesta de la derecha y los ultras, ya empata de manera sostenida en los sondeos con el mandatario, que está terminando su tercer mandato.
Durigan ha tomado el relevo de Fernando Haddad, que dejó recientemente el cargo para ser candidato a gobernador de São Paulo por el Partido de los Trabajadores (PT).








