El Vaticano se agarra a un tecnicismo jurídico para archivar el caso del obispo emérito de Cádiz por pederastia | Sociedad

El Vaticano se agarra a un tecnicismo jurídico para archivar el caso del obispo emérito de Cádiz por pederastia | Sociedad

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.

───────────

El Vaticano ha dado un portazo de difícil explicación al denunciante de uno de los casos más polémicos en el escándalo de la pederastia en la Iglesia católica española, el de la acusación contra el último obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, destapado por este periódico. El Dicasterio de Doctrina de la Fe ha archivado la denuncia contra Zornoza, por presunta agresión sexual continuada a un menor en los años noventa, cuando era sacerdote en Getafe, según confirman fuentes eclesiásticas.

Además lo ha hecho agarrándose a un tecnicismo jurídico de su normativa canónica interna, cuestionado incluso por algunos expertos consultados, y que a falta de conocer los detalles resulta confuso y muy controvertido: se sostiene que no está claro si el denunciante era menor en el momento de los hechos, aunque en su escrito afirmó que tenía 14 años. En la investigación prestó declaración un testigo directo que, según afirmó, sorprendió una vez a Zornoza en la cama con el denunciante y recostado sobre él. Por si fuera poco, la decisión de archivar el caso fue tomada hace ya algunas semanas, pero la víctima se ha enterado de la noticia este mismo viernes a través de una llamada de este diario.

El denunciante, que no puede presentar ya ningún recurso y que no puede acudir a los tribunales ordinarios porque el caso está prescrito, insiste en que no ha recibido ninguna notificación del archivo de la investigación. “Más que indignante, me parece una decepción que la Iglesia católica haya tenido una oportunidad de reparar y dar ejemplo y se acoja a un tecnicismo. No estoy cabreado, porque no espero nada de la Iglesia católica. Estoy decepcionado. La Iglesia podía hacer un proceso de sanación”, relata el afectado. El archivo no es definitivo, pero el caso solo se reabriría si apareciera nueva información relevante.

Zornoza, que siempre se ha declarado inocente, dejó su cargo el pasado mes de noviembre después de que EL PAÍS desvelara el caso, forzado desde el Vaticano una vez que el Papa aceptó su renuncia.

Con este expeditivo cierre en falso termina la primera acusación contra un obispo español desde que estalló el escándalo en España a partir de 2018, cuando EL PAÍS comenzó a destapar casos, que según la contabilidad de este diario ya ascienden a 1.573 acusados con 2.977 víctimas.

Esta polémica decisión supone el primer caso relevante de un prelado que pone en duda la actitud real del papa León XIV, elegido hace casi un año, ante el escándalo de la pederastia. Cuestiona una vez más la sensibilidad hacia las víctimas y denunciantes de pederastia en la Iglesia española y cómo se realizan los procesos canónicos. Procedimientos opacos, con formalismos incomprensibles y en los que los afectados no tienen derecho ni a recibir una copia de la sentencia.

A menos de dos meses de la llegada del Papa a España

El archivo del caso en un cajón llega además a menos de dos meses de la visita del papa León XIV a España, a partir del 6 de junio, y vuelve a enturbiar el escenario cuando parecía encauzado tras el acuerdo entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal Española (CEE) para indemnizar a las víctimas, que se pone en marcha el 15 de abril. Un acuerdo que fue forzado desde el propio Vaticano para despejar la visita y que transcurriera sin conflictos sobre la mesa.

El archivo del caso deja muchas preguntas sobre la mesa, pero tras la publicación de la noticia en EL PAÍS a mediodía de este viernes, la Iglesia guarda silencio y no da explicaciones. A preguntas de este diario para aclarar la decisión, el Vaticano no responde y el arzobispado de Sevilla, encargado por la Santa Sede de llevar el caso, no ha querido pronunciarse por el momento.

El Dicasterio de Doctrina de la Fe, el organismo disciplinario vaticano, ha tomado su decisión tras recibir el expediente instruido en España por el Tribunal de la Rota. Aún se desconocen los detalles, pero se basa en una aplicación garantista de un tecnicismo jurídico atendiendo a la presunta dificultad de determinar la edad de la víctima en el momento de los hechos denunciados. Es decir, si el denunciante era mayor o menor de 16 años, que entonces era el límite de la minoría de edad según el código canónico de 1983, el vigente en esa época hasta 2001. No obstante, según la denuncia, los abusos comenzaron cuando el denunciante tenía 14 años, por lo que este dato puede haberse puesto en duda en el proceso, aunque se ignora la razón. Solo se sabrá cuando la víctima conozca la resolución y sea convocado para que se la lean, sin derecho a una copia, siempre en aras del secretismo de estos procesos.

En todo caso, canonistas consultados ponen en duda que el código canónico sea el que se debe aplicar en este caso. Explican que cuando en 2001 el Vaticano por fin aprobó leyes más severas contra la pederastia del clero aclaró que la norma vigente hasta ese momento, y que pasaba a sustituir, era la específica para estos casos de 1962, la instrucción Crimen Sollicitationis, mucho más dura, y que debía haberse aplicado en este caso.

Este desenlace también es inesperado porque el pasado 18 de febrero el Tribunal de la Rota terminó la investigación preliminar con un informe donde recomendaba “abrir un proceso penal” canónico. El denunciante escribió directamente el pasado verano a Roma a Doctrina de la Fe, que consideró verosímil la denuncia y ordenó al arzobispado de Sevilla, del que depende el obispado de Cádiz y Ceuta, que abriese una investigación preliminar. La diócesis sevillana lo derivó al Tribunal de la Rota, una posibilidad que tienen las diócesis con casos complejos.

“Escribo esta carta solo con la intención de evitar que lo que me pasó a mí le pueda seguir pasando a otro niño”, dijo el denunciante en las primeras líneas de su misiva. En su relato, describía que Zornoza abusó de él de los 14 a los 21 años. Los hechos descritos se remontan a 1994, cuando Zornoza tenía 45 años y dirigía el seminario mayor de la diócesis de Getafe, creada solo tres años antes tras la división de la archidiócesis de Madrid en varios obispados.

“Se metía en mi cama”

“Desde los 14 hasta la mayoría de edad, 18 años, iba casi todos los fines de semana al Seminario Mayor del Cerro de los Ángeles. Durante este tiempo abusó de mí. Era por las noches cuando venía a la habitación y sufría los abusos. Se metía en mi cama, me acariciaba y besaba. Por las mañanas también me despertaba del mismo modo. En esos momentos nunca le dije nada, la parálisis me controlaba”, aparece detallado en la carta del denunciante. Los abusos denunciados ―tocamientos, caricias en partes íntimas y besos en la boca― también tuvieron lugar en convivencias y campamentos.

Cuando el denunciante cumplió los 18 años ingresó en el seminario y afirma que las agresiones continuaron en el centro que Zornoza dirigía. “Al mismo tiempo, le reconocí mi homosexualidad. Rafa me permitió acceder al seminario y me llevó a una terapia de conversión para curar mi homosexualidad”, explica en la misiva el antiguo seminarista. En los dos años que pasó en ese seminario, asegura, Zornoza se metía en su cama “casi todas las noches y mañanas” para besarle y tocarle sus partes íntimas. Fue en este contexto en el que uno de los testigos que han declarado en el proceso vio cómo el ahora obispo emérito de Cádiz y Ceuta esta recostado sobre el denunciante.

“En varias ocasiones reclamé a Rafa que aquello que hacíamos no estaba bien. Él siempre me decía que era una amistad íntima”, escribió el denunciante. También le decía que “malinterpretaba su amistad”.

El exseminarista explica que Zornoza “tenía una alta capacidad de manipulación” sobre él. “Sabía absolutamente todo de mí y yo me fiaba ciegamente de lo que me decía”, señaló en su carta, donde añadió: “Otro ejemplo de capacidad de manipulación y control sobre mí eran las confesiones”. En ellas, el denunciante relató también que tenía un gran sentimiento de culpa. “Él me hacía ver que yo no era capaz de amar ni entender una amistad”. “Tras confesarme de mis actos homosexuales yo me iba a la cama y a los pocos minutos él se metía en mi cama y me acariciaba”, afirma.

El testimonio de la víctima desprende que, además de las agresiones sexuales, el ahora prelado utilizó su posición de poder para engañarle, abusar de él y culpabilizarle de lo que sucedía. “Me convenció de entrar al seminario y me dijo que ‘mi herida’ (así se refería a mi homosexualidad) no me dejaba ver las cosas y que confiara en él. También me convenció de ir a un psiquiatra dos veces por semana para curar mi herida, mi homosexualidad. Ni mi homosexualidad ni que iba a terapia me permitió compartirlo con nadie, ni con mis padres, familia o amigos”.

El afectado añadió en su carta que, tras abandonar el seminario, no fue consciente de haber sufrido abusos y fue unos años después, mientras recibía terapia, cuando entendió que Zornoza le agredió sexualmente. “Cuando tenía 32 años le escribí un mail donde le decía que abusó de mí. Nunca recibí respuesta y, desde ese día, jamás volvió a ponerse en contacto conmigo”, dice el afectado.

El año pasado, detalló además el afectado, quedó en Cádiz con el acusado. “Esta vez en persona le volví a decir que había abusado de mí desde los 14 hasta los 21 años. Simplemente me dijo que nunca fue su intención, aunque me reconoció la manipulación y abusos”, escribe en la misiva.