“Cada libro es un viaje a la memoria y al alma”

“Cada libro es un viaje a la memoria y al alma”


Desde hoy, La palabra mágica de Isabel Allende estará disponible en las librerías. A los 84 años, espléndida e infatigable, la escritora chilena, que hace décadas vive en los Estados Unidos, presentó en rueda de prensa virtual, ante 64 periodistas de América Latina –principalmente– y España, su nuevo libro subtitulado Una vida escrita (Random House).

Autora de notables bestsellers, algunos llevados al cine, vive un momento sereno. Como ella misma dice en su libro, tras medio siglo escribiendo en forma disciplinada, proceso que con un ritual comienza cada 8 de enero, “cada libro es un viaje a la memoria y al alma, un ejercicio de introspección. Ahora conozco mis limitaciones y perdono más fácilmente mis errores, porque les he tomado algo de cariño a mis viejos defectos. La edad no me ha hecho más sabia o calmada, tampoco me ha hecho más amable o menos propensa a enamorarme, pero me ha dado una discreta felicidad cuando menos la esperaba”.

Y lo reitera vía Zoom, a través del cual se la ve coqueta y guapa, con una chaqueta rosa pálido, vestida de negro y con un solo accesorio: un prendedor de violetas en la solapa. Habrá un momento gracioso cuando la famosa autora de La casa de los espíritus, que se estrenará como serie próximamente, se levante un momento para hacer callar a su perrito, que ladra del otro lado de la puerta.

Soy más fuerte

“No me asusta el dolor, porque soy más fuerte de lo que parezco, ni la muerte, porque la he visto de cerca y no es un esqueleto armado con una guadaña, sino una dama bondadosa que huele a gardenias y que me está esperando sentada en mi jardín. Solo temo el momento en que ya no pueda escribir”, afirma en el libro y, con otras palabras, también lo dice en la rueda de prensa.

En las ocasiones en que hemos podido conversar con Isabel Allende, ha mantenido siempre esa coherencia al responder sobre su inspiración. Por extraño que parezca, la autora de Mi nombre es Emilia del Valle escribe desde la intuición, rodeada de los vívidos recuerdos de las personas que amó y ya no están vivas, y vive –desde hace décadas– en varios mundos paralelos. Es una hechicera de la palabra, pero, por sobre todo, es una notable narradora de historias.

Lo dice también durante la charla con los periodistas: “Para mí, el proceso de escritura tiene un elemento de intuición, de premonición, de instinto. Es un proceso muy orgánico, más que intelectual. Yo no tengo más vida que esta. Es todo lo que hago. Me apasiona. Y estoy en una edad en que no tengo que preocuparme por cuidar a mis padres, a los niños. Lo único que hago es amar a mi marido y cuidar a mis perros. No me jubilo porque volvería loca a toda mi familia. Cada vez que termino un libro me da terror”.

Isabel Allende. Foto: IG/allendeisabel

Su libro comienza con una frase de William H. Gass (autor de una obra maestra, The Tunnel, 1995): “Los verdaderos alquimistas no transforman plomo en oro, sino el mundo en palabras”.

Y es lo que Isabel ha procurado hacer con La palabra mágica. Una vida escrita (qué homenaje a Augusto Monterroso, autor de otro libro titulado La palabra mágica) con la escritura: preservar la memoria, consciente de que la escritura también transmite información, eleva la mente y entretiene.

A lo largo del encuentro, Isabel Allende matizará todas sus respuestas con su humor sutil.

Una vida elegida

Apenas conecta vía Zoom, Isabel responde a una pregunta del editor David Trías desde España y dice que vive una vida sencilla, junto a su marido, que la ama, y a sus perros. “Soy muy sana y siempre me ha sobrado energía, pero también soy muy disciplinada, porque esta es mi vida y mi trabajo. Luego de una hora de gimnasia, me siento temprano a escribir. Lo que trato de decir en este libro es que todos los que quieran escribir o dedicarse a un trabajo creativo necesitan disciplina. Sin disciplina no se llega a nada. Eso me enseñó mi abuelo”.

Luego se refirió a los miedos: “Para perder el miedo, uno no tiene que plantearse la gran novela latinoamericana, sino que uno va a contar algo y verá cómo se acomoda eso. Hay que ir página a página, así como vivimos la vida”.

Tras lo cual señaló que en su propia escritura lo más trabajoso para ella son las dos o tres primeras semanas de labor, “porque tengo que quitarme de la cabeza la ambición y esperar que las imágenes se vayan acomodando. Así van surgiendo nuevas cosas que no se me habían ocurrido. Por eso no trabajo con bosquejo. El propósito de mi libro es quitarle el miedo a la gente para escribir y para vivir”. Y remató que hoy el mayor miedo es a leer.

Al responder una pregunta desde Chile, donde se le consultó por la censura de libros en la dictadura de Pinochet que, según la periodista, parece reeditarse en el actual gobierno de derecha del presidente José Antonio Kast, Isabel elude la respuesta directa, pero señala que, en cierta forma, “lo estamos viviendo en Estados Unidos. Se está censurando lo que se enseña en los colegios y en las universidades. La mitad de la historia de este país está siendo censurada, sobre todo lo que tiene que ver con el racismo y las luchas de los trabajadores. Algunos libros míos están prohibidos en algunos estados”.

La escritora Isabel Allende. Foto: FB/isabelallende

Convivir amorosamente con fantasmas

Al referirse al cruce entre ficción y realidad que alimenta su literatura, la escritora responde: “Yo me crié en la casa de mis abuelos, donde mi abuela era clarividente, hacía sesiones de espiritismo los jueves con otras tres señoras locas. Se llamaba la hermandad blanca. Crecí con la idea de que existen muchas dimensiones de la realidad y que controlamos muy poco, y el mundo es muy misterioso. Todo puede pasar. Mañana se te aparece una persona muerta hace 20 años o llegan los marcianos”.

Allende asegura: “No veo fantasmas y no soy supersticiosa, pero me rodeo de presencias, de la gente que quiero y que ya no están aquí. Las saludo cada día en un ejercicio de memoria y de amor. Son parte de mi realidad. Y los personajes que son inventados tienen algo de alguien que he conocido. Por eso, cuando termina mi día, cierro la puerta de mi oficina y no quiero que nadie entre a limpiar porque esas presencias quedan allí esperando. Eso que llamamos realismo mágico, para mí, es una manera de vivir en una multirrealidad y no existe solo lo que puedo vivir en la realidad. Está la memoria, la imaginación, el instinto y las personas que ya no están o están, pero muy lejos”.

Al referirse a su metodología de trabajo, Isabel dice: “La habitación propia está dentro de uno, en la cabeza, es un espacio propio. Escribo en silencio. Y en ese espacio puedes concentrarte y convocar a los espíritus, a los personajes, a los recuerdos, a la memoria. No puedes escribir si estás pendiente del teléfono o de los perros. El silencio interior es fundamental. Escribo desde temprano y hasta la tarde no veo noticias, porque si veo todas las brutalidades de Trump me arruina el día. Por lo menos, que me arruine la noche”.

Tras explicar ese procedimiento, que tiene mucho más que ver con el interior de cada uno, con su intimidad, la narradora se refirió al cuidado que debe ponerse al escribir memorias. En la ficción, dijo, escribe con libertad porque transforma a las personas que le sirven de inspiración, pero en la literatura biográfica, si bien no tiene miedo de escribir, sí tiene respeto por quienes menciona y por eso les muestra el manuscrito terminado para que se lean en esas páginas.

Recuerda, con tono jocoso, que cuando concluyó La casa de los espíritus, la mitad de su familia dejó de hablarle. Pero cuando se estrenó la película, dirigida por Billie August, con un elenco de lujo que integraron Meryl Streep, Jeremy Irons, Winona Ryder, Glenn Close, Antonio Banderas y Vanessa Redgrave, entre otros, toda la familia volvió a dirigirle la palabra.

Fue entonces el turno de Clarín. Quisimos saber cómo cambió la percepción de Isabel Allende de sus propios recuerdos, de su memoria, desde aquel libro inolvidable La casa de los espíritus hasta el presente.

Recuerdos del pasado

Nos dice la narradora que “cuando una se pone vieja se recuerda mejor y más intensamente lo antiguo. Estoy recordando mucho mi infancia. Y te confieso que la mayor cantidad de cosas que recuerdo me da mucha vergüenza. Me pregunto cómo pude ser tan indiscreta, tan impulsiva. Los recuerdos se vuelven mucho más presentes“.

La autora agrega: “Pero yo tengo una ventaja inmensa respecto de la memoria y es que, durante una vida entera, guardé las cartas que me escribí con mi madre (son 24.000 misivas), que tengo organizadas en cajas y por fechas desde 1987. Si me preguntas qué pasó el 4 de julio de 1990, saco la caja y leo la carta con la emoción de ese día. Porque la memoria lo transforma todo, como la imaginación. Lo que recuerdas no fue así o pasó, pero no lo recuerdas. Yo te lo puedo decir con las cartas de mi madre. Son mi memoria viva”.

La escritora Isabel Allende. Foto: FB/isabelallende

Respecto de cómo ha evolucionado su relación con la escritura, Isabel dice: “Sigo escribiendo con el mismo impulso e intuición, pero soy mucho más severa con la corrección. Esa parte se ha hecho más técnica. Escribí La casa de los espíritus sin saber lo que estaba haciendo, no tenía noción. Eso fue casi dictado desde el más allá. Nunca más he tenido esa inocencia. Entonces no había escrito una historia literaria y no tenía idea de la industria del libro. No había ido a un taller ni había leído críticas literarias“.

Allende asegura: “Nunca más volví a escribir así, porque ya me puse en contacto con el mundo literario, que es muy exigente y muy fregado en muchos aspectos. Sobre todo para una mujer. Había falta de respeto y competencia desleal con escritores hombres que tenían menos disciplina. Hoy solo puedo escribir lo que me importa en el momento. De pronto puedo escribir sobre migrantes tres libros porque me importa. Si no me importara, no podría hacerlo”.

Deseo de recuperar lo perdido

Agrega Isabel que La casa de los espíritus nació del deseo de recuperar lo perdido, del exilio y de la nostalgia, al referirse a aquella ilusión que tuvo al iniciarse y que ya no tiene.

'La palabra mágica. Una vida escrita', el nuevo libro de Isabel Allende. Foto: gentileza.

Y cabe detenerse en este maravilloso libro, al que Isabel Allende vuelve una y otra vez a lo largo de la rueda de prensa, porque dice algo precioso que toca de nuevo esa magia que la rodea al escribir.

Recuerda, al referirse a la primera línea con la que empieza su nueva novela –que a veces ocurre a las 300 páginas–, que solo en La casa de los espíritus encontró la frase desde el inicio: “Barrabás llegó a la familia por vía marítima”. ¿De dónde salió esa frase? “Solo sé que así se llamaba el perro de mi abuelo, pero de dónde salió no tengo idea. No es cuestión de inspiración. La primera frase hay que buscarla. Esa frase me la dictó un ángel”.

Se despide Isabel a los 46 minutos de Zoom con la calidez que ha mantenido a lo largo de todo el encuentro. Y vale la pena leerla porque los mundos paralelos en los que vive, y que le creemos, se asoman en cada página de las mágicas palabras de su más reciente trabajo literario.