Boca tiene el acompañamiento de sus hinchas en su regreso a la Copa Libertadores: unos 2.000 fanáticos estarán presentes este martes desde las 21.30 en Santiago de Chile para el debut frente a Universidad Católica, en el Claro Arena. La presencia de público visitante, finalmente habilitada tras la intervención de la Conmebol, elevó el clima de expectativa pero también encendió las alarmas de las autoridades locales, que trabajan contrarreloj para evitar episodios de violencia o racismo en un partido considerado de riesgo.
La tensión tuvo un anticipo este lunes, con un violento robo a un simpatizante de Boca que reside en Chile y se acercó al hotel del plantel en Vitacura. Según informaron medios locales, fue abordado por un grupo de siete delincuentes armados que le sustrajeron sus pertenencias, en un hecho que generó preocupación en la previa. Carabineros intervino rápidamente y detuvo a dos menores sospechosos, mientras que la víctima radicó la denuncia correspondiente. Los delincuentes, según se conoció, tenían camisetas y ropa deportiva del club Colo-Colo.
En ese contexto, el presidente de Universidad Católica, Juan Tagle, manifestó su inquietud por la seguridad del evento y confirmó controles estrictos para impedir el ingreso de personas con derecho de admisión. “El número de visitantes va más allá de lo que creíamos adecuado, pero tuvimos que aceptarlo”, admitió el dirigente, al tiempo que pidió comprensión y remarcó que se trabaja junto a las autoridades para garantizar una jornada sin incidentes.
Desde el gobierno chileno también reforzaron el operativo de seguridad y anunciaron medidas especiales en el transporte público ante la alta concurrencia prevista. Así, con un fuerte despliegue y bajo la lupa, Boca pondrá primera en la Libertadores con el aliento de su gente en territorio trasandino.
El conflicto se originó cuando Universidad Católica anunció el martes pasado a través de sus redes sociales, que el partido debía disputarse sin público visitante por recomendación de la Delegación Presidencial, con el objetivo de garantizar la seguridad dentro y fuera del estadio. Desde el club chileno aclararon que, más allá de acatar la decisión, intentaron alcanzar un acuerdo con Boca para permitir la presencia de hinchas visitantes en un número “adecuado”, aunque finalmente no hubo consenso. En Boca cayó mal esa postura, ya que ese cupo implicaba menos de 500 entradas, muy por debajo de las 2.000 que exige Conmebol.
Detrás de la negativa inicial pesaba la preocupación de las autoridades chilenas por la llegada de un equipo convocante como Boca, con el antecedente reciente de incidentes entre las hinchadas de Independiente y Universidad de Chile en el partido por Copa Sudamericana en agosto pasado que dejó heridos y detenidos. Sin embargo, tras las gestiones del club argentino y la intervención de la Conmebol, la Delegación Presidencial de la Región Metropolitana revisó la medida: exigió un refuerzo del operativo de seguridad, dispuso una inspección previa del estadio y finalmente habilitó el ingreso de los 2.000 hinchas visitantes para el debut en la Copa Libertadores.








