la desenfrenada vida del padre de Agostina Páez, la abogada de los gestos racistas en Brasil

la desenfrenada vida del padre de Agostina Páez, la abogada de los gestos racistas en Brasil

Mariano Paez vivió una vida que nada tendría que ver con la de ahora. Hasta hace cinco años, sus amigos de Santiago del Estero lo recuerdan más mesurado, contenido, respetuoso y quizás reflexivo. Enamorado de su segunda mujer, que enfermó y la peleó hasta el final, su otra vida, salvaje y fisurada, arrancó tras enviudar.

Aseguran que el padre de Agostina, la joven demorada y liberada en Brasil por un gesto racista tras una pelea con dos empleados de un boliche, cambió su comportamiento luego de enviudar. “Se desató”; le dice uno de ellos a Clarín.

Empresario del transporte desde hace más de diez años, logró armar una empresa que se encarga, con cinco colectivos, de trasladar a pasajeros que viajan en la línea 4 de La Banda, localidad de 150.000 habitantes en Santiago del Estero.

El jueves, el mismo día que llegó con su hija desde Río de Janeiro, se fue a bailar al boliche Bar Oscuro, donde fue filmado haciendo el mismo gesto por el que Agostina estuvo a punto de ser acusada por con cargos que la podrían haber llevado a la cárcel durante muchos años.

Aunque en un video que circula en las redes sociales, se le escucha decir que era millonario y “odia Gerardo Zamora”, el hombre más poderoso de la provincia, la empresa de colectivos de Páez está fundida.

“Sí, me visto bien y soy muy coqueto. Uso chombas y zapatos puntiagudos. Hasta hace poco tuve un BMW del 2013. Estoy quebrado, económica y psicológicamente”, le dice a este diario mientras toma un mate en la casa donde convive con Justina, su hija más chica, de 16 años.

Y agrega: “Lo que dije de Zamora fue porque lo siento. Ni él, que es el dueño de la provincia, ni nadie me llamó nunca para saber cómo estaba mi hija. Tuve que pedir prestados 22.000 dólares para viajar a Brasil, pagar abogados y afrontar los gastos de la estadía”.

Cuando se le pregunta por qué en los videos aparece diciendo que es millonario, se justifica: “Me estaban agrediendo y se me soltó la chaveta. Le pedí perdón a mi hija, que sigue muy enfadada. Vinieron a buscarme para que me descontrole. Incluso, tras la agresión que sufrí, los echaron de la discoteca”.

Páez tiene entre 13 y 15 empleados, aunque no lo recuerda con precisión. Asegura perder plata en su empresa. Y que está muy deprimido y afectado por lo hizo “y me hacen”. “Me gritaban por la calle que el pueblo santiagueño había pagado la defensa de mi hija. Me colmaron la paciencia y me descontrolé. Por eso hice ese gesto”, intenta argumentar.

No es el primer escándalo que enfrenta Páez. El año pasado, cuando su hija ni siquiera había sacado los pasajes para vacacionar en Brasil, fue denunciado por violencia de género por su actual pareja, Stefany Budan, que es abogada.

Incluso tuvo que cumplir un tiempo en prisión. Al igual que él y de su hija (Agostina dice que es influencer), su pareja también siente inclinación a mostrar su vida en las redes sociales, donde detalló el acoso que según ella estaba siendo sometida por Páez.

Pero se arrepintió de denunciarlo y, cuando lo encarcelaron, usó esas mismas redes sociales para implorar que lo liberen y aclarar que todo podría haber sido “una enorme confusión”.

Budan cuenta que a Páez lo conoció por un colega de ella que tiene un bar y la convocó para “hacer un trío” con su actual pareja. “Sentí mucho miedo y me sentí amedrentada, más allá de la incomodidad”, recuerda.

El boleto mínimo de colectivo en Santiago cuesta $ 1.200 y, según Páez, pierde plata. Por eso, durante varios años de la presidencia de Cristina Kirchner recibió subsidios. “Se cortaron con Macri y no los recuperé más. Desde ahí viene todo cuesta abajo. Quiero cerrar la empresa”, indica.

Tiene dos hijos de su primer matrimonio, el mayor Mariano, es encargado y están distanciados desde hace muchos años. En La Banda, incluso los que lo quieren, advierten que se desata por las noches. Su pareja, cuando lo denunció por agredirla, declaró episodios relacionados con el consumo de drogas.

En la Municipalidad de La Banda no tienen esa impresión de un Páez agresivo, soberbio y alterado. Incluso remarcan que suelen discutir mucho más fuerte con los otros dos empresarios de transporte de la localidad que tiene seis líneas de colectivo