El secreto de la consagración de Mariano Navone en la semana soñada del tenis argentino

El secreto de la consagración de Mariano Navone en la semana soñada del tenis argentino

Rápidamente, en la memoria, aparecen los flashes. De algunos ya pasaron varios años aunque permanecen absolutamente vivos, como debe ser; otros son más cercanos en el tiempo y hasta el más mínimo detalle es recordado con una precisión necesaria y obligatoria. Todos son acontecimientos que forman parte esencial del histórico y rico deporte argentino: los cuatro Grand Slams de Guillermo Vilas, el indudable “padre” del tenis nacional; las consagraciones de Gabriela Sabatini y Juan Martín del Potro en Flushing Meadows y la de Gastón Gaudio ganándole la final a Guillermo Coria en Roland Garros; las medallas olímpicas de Seúl 1988 (Sabatini), Barcelona 1992 (Frana-Miniussi), Atenas 2004 (Suárez-Tarabini) y Londres 2012 y Río de Janeiro 2016 (Del Potro); la épica de la Copa Davis en Zagreb 2016 que enterró años de frustraciones y de lágrimas derramadas; aquel Masters Series de Hamburgo 2003 con cuatro semifinalistas de nuestro país y el título que se llevó Coria…

Con todos ellos, esta semana del circuito ATP también le dejará al tenis de nuestro país un recuerdo indeleble. No al nivel de aquellos hitos, seguramente. Pero por primera vez hubo tres compatriotas en tres finales diferentes. Y eso hay que destacarlo. Porque habla de una regularidad sostenida en el tiempo y de un trabajo intenso hecho por mucha gente que resultó coronado por los protagonistas. Y también habla de una ratificación histórica: el tenis argentino, en polvo de ladrillo, es una verdadera potencia mundial.

Mariano Navone fue el único que gritó campeón. En Bucarest, donde ya habían ganado Davin, Acasuso y Chela, se sacó la espina de dos finales perdidas y a los 25 años se dio el gusto de levantar la copa frente al español Daniel Mérida, un chico que cuenta con el plus de un tremendo drive y que desde la clasificación había llegado a la final salvando dos match points en las primeras rondas y otros tres en los cuartos de final, lo que evidencia su tremendo espíritu de lucha, que comprobó el nuevejuliense en carne propia cuando en el tercer set levantó otros dos puntos de partido antes de ceder por 6-2, 4-6 y 7-5.

¿Cómo llegó a su consagración Navone? En cuanto a lo tenístico, con su arma de siempre: un revés que maneja como quiere y que siempre fue el termómetro de su juego, desde sus épocas de junior. Pero lo que más destacó de su tenis fueron su fortaleza física (venía de jugar en las semifinales tres horas y 31 minutos para completar el partido más largo del torneo, en el que incluso también superó dos match points) y su gran capacidad de competencia, que se vio sobre todo en el tercer parcial, cuando quedó 1-3 abajo sin encontrarle la vuelta a su adversario, hasta que asumió la responsabilidad de ser el favorito y se puso 5-3 y 40-15 casi en un suspiro.

En ese momento sufrió la tensión con una doble falta incluída, peleó en el 5-5 para sacar el game adelante y con el saque de Mérida se mantuvo estable y sólido para ganar luego de que un drive invertido del madrileño tocara la faja y se le fuera ancho.

Navone volverá a estar este lunes entre los mejores 40 tenistas del ranking mundial, un lugar que no ocupaba desde febrero del año pasado. Los últimos no habían sido sus mejores tiempos en el circuito. Incluso no empezó bien la temporada con tres derrotas al hilo en Hong Kong, Auckland y Australia y hubo sabor a muy poco en la gira sudamericana de canchas lentas, con apenas dos victorias que lo llevaron hasta el 79° puesto de la clasificación.

No le fue bien en Indian Wells y se fue a Cap Cana a recuperar confianza. Y en el cemento dominicano, en un torneo plagado de buenos jugadores (Kecmanovic, Royer, Bautista, Goffin y Hurkacz, entre otros), acertó. Ganó su noveno título en un challenger y el primero en canchas duras. Y lo hizo con un nuevo equipo de trabajo de la mano de Dante Gennaro -un santafesino de San Lorenzo, ex 445° del ranking mundial- y Alberto Mancini.

En la capital rumana fue sólido durante toda la semana y terminó quebrando psicológicamente a Mérida al convertirse en un “frontón” que todo lo trajo. Una y otra vez.

Los nervios fueron propios de una final entre dos jugadores que buscaban su primer título. Por eso los errores no forzados superaron a los winners (38 contra 30) y por eso también se quebraron nada menos que 14 veces en 30 games.

Pero todo quedó atrás con ese abrazo con Gennaro y Martín Beccaria, el preparador físico, bajo la mirada cómplice de Ilie Nastase, una de las dos leyendas del tenis rumano.

Los tres brindaron en Bucarest, en el torneo que es propiedad de Ion Tiriac, nada menos que el “hacedor” de Vilas y el “compadre” del primer ex número 1 del mundo. Lo hicieron por ellos. Y también por la semana soñada del irrompible tenis argentino.