En un escenario construido con las estadísticas oficiales que promociona el Gobierno, la Argentina de Javier Milei es un mundo feliz: la pobreza baja al menor nivel de los últimos siete años, la actividad económica llega a niveles máximos, el equilibrio fiscal se sostiene. Pero, en simultáneo, cada vez más personas aseguran que su presente no se condice con los éxitos que ensalza el presidente ultra, un cortocircuito señalado no solo por sus detractores sino incluso por referentes de la ortodoxia económica, afines a sus políticas. ¿Los datos oficiales son falsos? No, pero son promedios que no alcanzan a describir una realidad socioeconómica desigual y fragmentada. Y conviven con otros datos, también oficiales, como el aumento del desempleo. O la aceleración de la inflación, cuyo freno había sido el principal logro de Milei y hoy no baja del 3% mensual. En ese contexto, el malhumor social se expande, atizado por escándalos de corrupción: casi todas las encuestas de opinión alertan que la imagen del presidente está en su peor momento.
Efectivamente, la actividad económica se encuentra en niveles máximos, tras subir el 1,9% el último año. Sin embargo, no parece traducirse en un bienestar equivalente. De acuerdo con un informe de la consultora Analytica, al ajustar la serie por población —una métrica más representativa del bienestar— se observa que los niveles actuales se ubican un 6,8% por debajo del pico alcanzado en 2011. En el mejor de los casos, los niveles de actividad por habitante volvieron al promedio previo a la pandemia, apunta el informe.
La clave para entenderlo es la composición del crecimiento actual, basado en sectores que generan relativamente poco eempleo,como los hidrocarburos, la minería y la intermediación financiera. Los rubros que concentran mucho empleo, como la construcción, la industria manufacturera o el comercio, están pasando un muy mal momento o, directamente, una marcada caída interanual.
En el mismo sentido, si bien los ingresos de los hogares registraron en promedio alguna mejora, si se mira específicamente a empleados públicos o jubilados, están muy por debajo de los niveles registrados en la década pasada. Además, alcanzan para menos por el aumento del peso que tienen en los presupuestos hogareños las tarifas y servicios como el transporte, la educación y la salud, ambos afectados por la motosierra de Milei sobre subsidios y sobre el sistema público. “En el período reciente, la pobreza mejora más que el estrés económico: algunos hogares tienen más ingresos, pero no necesariamente mayor capacidad de consumo ni menor tensión financiera”, concluye un informe de la Universidad Católica Argentina basado en una pregunta subjetiva: ¿A usted le alcanzan sus ingresos actuales para vivir de la manera en que está acostumbrado a vivir?
La misma disonancia puede verse en el consumo, que dejó de moverse como un bloque homogéneo. De acuerdo con la consultora MAP Latam, la mejora observable en las estadísticas está empujada por los sectores más acomodados que gastan en turismo emisivo, autos y bienes durables o importados, mientras que el consumo cae en las áreas más elementales como alimentos en supermercados. La compra de leche, por caso, está en caída, de acuerdo al Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA).
La tasa de desempleo informada por el Indec fue de 7,5% en el último cuatrimestre de 2025 y, aunque subió alrededor de un punto porcentual respecto de un año atrás y dos respecto del inicio del Gobierno de Milei, esconde una acentuada pérdida de la calidad del empleo. Ese número engloba tanto a asalariados formales —un grupo que se achica— como a personas que realizan trabajos de pocas horas o directamente informales, que son los que se multiplican: repartidores de aplicaciones, vendedores ambulantes, recolectores de materiales reciclables. Pese a que el Gobierno logró sancionar la reforma laboral —resistida por los sindicatos y hoy paralizada por la justicia— resulta difícil pensar que la situación vaya a cambiar en el corto plazo, simplemente, porque cada vez hay menos empleadores formales. Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, en lo que va del Gobierno de ultraderecha, cerraron 22.608 empresas.
El mayor contraste entre datos oficiales y percepción social se dio en la última semana, cuando Milei celebró eufórico la publicación del último dato de pobreza, que se redujo 13,5 puntos desde que llegó a la Casa Rosada, a fines de 2023. Según los expertos, el número está muy afectado por los vaivenes de la inflación, por la desactualización de la canasta de consumos y por el aumento de las transferencias estatales a los sectores más vulnerables, una política que el presidente eximió de su motosierra e incluso reforzó. Según cálculos del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas), si se ajustaran esas y otras variables, la reducción de la pobreza sería de dos puntos porcentuales entre 2023 y 2025. En cualquier caso, el dato oficial convive con otros que muestran dimensiones alternativas de la situación general: en el mismo lapso, la cantidad de personas sin hogar aumentó un 57% en Buenos Aires, la ciudad más rica del país, y las familias se endeudan para pagar gastos corrientes.
“No es que la pobreza subió o bajó; el indicador de pobreza, medido por ingresos y cruzado con determinada canasta de consumos, como lo medimos en Latinoamérica, bajó. La pobreza es otra cosa mucho más compleja, porque cuando yo bajo del subte [metro] y camino hasta mi casa por la noche sigo viendo más o menos la misma cantidad de gente durmiendo o incluso más. Ese podría ser otro indicador de pobreza, aunque mío y no comparable con otro”, apunta Eduardo Donza, investigador del Observatorio Social de la Deuda de la UCA.
“No hay contradicción; los promedios esconden diferencias”, resume la economista Marina Dal Poggetto. “Hay ganadores y perdedores, pero los ganadores por ahora pesan poco en la creación de empleo; de hecho, el empleo formal se destruye. Los ingresos están pisados y el crédito llegó a un límite con la mora”. Acá está, tal vez, la fisura del modelo económico de Milei y el punto central desde el que empieza a acrecentarse el descontento.
“Las expectativas se deterioran”
Desde comienzos de año, los sondeos de opinión alertan sobre un aumento del malhumor social y un creciente rechazo al presidente. La consultora brasileña Atlas Intel, que en 2023 vaticinó la irrupción triunfal de Milei, ahora señala que el mandatario atraviesa el peor momento desde que asumió. En una encuesta que tomó 5.037 casos de todo el país a fines de marzo, el 62% expresó una valoración negativa de Milei y un 37%, positiva. Desde diciembre, indica el estudio, aumentó casi 10 puntos la desaprobación del ultra. Para la mayoría de los consultados, los principales problemas del país son la corrupción (43,3%), el desempleo (42,2), la inflación (35,3), el debilitamiento de la democracia (31,4) y la situación económica (29,6).
Diferentes consultoras del país revelaron en las últimas semanas una tendencia similar, algunas con mayor apoyo para Milei (en torno al 40%) y con menor rechazo a su figura (alrededor del 50%). La consultora Isasi-Burdman es una de las que mejor desempeño asigna al presidente, con 46% de imagen positiva. “No hay tanta diferencia en nuestros datos; nosotros también vemos una caída en la imagen de Milei”, explica el sociólogo Julio Burdman. “Lo que destacamos”, matiza, “es que estos números de Milei no son tan malos para esta altura de su mandato. Cuando comenzaron su tercer año de gestión, los presidentes anteriores [Mauricio Macri y Alberto Fernández] estaban mucho peor”.
Para Synopsis Consultores, el rechazo a Milei es del 56%, mientras que la aprobación es de 35 puntos. Según su director, Lucas Romero, el descenso del respaldo al Gobierno comenzó en diciembre, por “la percepción social de la microeconomía: el salario está perdiendo contra una inflación que crece nuevamente, el consumo no se recupera y hay una destrucción consistente de empleo”.
A todo ello se sumó, durante el último mes, una serie de escándalos de corrupción que golpean al Ejecutivo, como la participación del presidente en la presunta estafa con la criptomoneda $Libra o la investigación judicial sobre el posible enriquecimiento ilícito del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, entre otros casos. “Milei llegó al Gobierno diciendo que había que producir un cambio económico que no iba a ser fácil, pero prometió que pronto llegaría el alivio y, mientras tanto, ofreció como compensación un cambio político: terminar con ‘la casta’ y sus privilegios”, dice el politólogo Romero. “Hoy el alivio no llega, las expectativas se deterioran y hay una catarata de información sobre posibles hechos de corrupción que involucran a las principales figuras del Gobierno. Es una combinación bastante compleja para que no afecte a la imagen pública de Milei”.








