Fabio Santana, el héroe de Malvinas que canta el himno con la Selección y tiene un plan para recuperar las islas

Fabio Santana, el héroe de Malvinas que canta el himno con la Selección y tiene un plan para recuperar las islas


Fabio Santana es uno de esos tipos a los que no hay que explicarle de qué se habla, cuando se habla de Malvinas. En 1981 hizo la conscripción en la Compañía de Ingenieros Mecanizada 10 de Pablo Podestá durante ocho meses y un año más tarde, cinco días después del desembarco de las tropas argentinas en el archipiélago, recibió el telegrama: el Ejercito lo convocaba para la guerra contra Inglaterra y continúo la instrucción sobre la marcha. Cuando pisó las islas ya tenía 20 años y su rol en el teatro de operaciones estaba a siete kilómetros de Puerto Argentino: tenía que plantar las minas antitanques y antipersonales para el hipotético tránsito de las tropas inglesas que todavía brillaban por su ausencia. Recién en 2020 el territorio ocupado fue declarado libre de minas tras una campaña de 11 años en la que retiraron cerca de 30.000 artefactos explosivos colocados por las tropas argentinas. Muchas las puso la misma persona que el martes cantó el Himno Nacional para una Bombonera repleta y con transmisión televisiva interplanetaria y múltiples cortes para redes sociales. Antes lo había hecho en la previa con Los Pumas, en la Copa Davis, cuando el TC cumplió 75 años y hasta en Mataderos, antes del último clásico entre Nueva Chicago y All Boys.

Impensado que esa misma persona fue un veinteañero encargado de los campos minados en ‘Moody Brook’, una zona al Este de la Isla Soledad. Aprendió a hacerlo en la instrucción. “En la colimba hicimos muchos simulacros y ya sabíamos de lo que hablábamos. Sabíamos colocar una bomba antitanque o una antipersonal. Estábamos preparados”, cuenta. Pero no empezó así su estadía en el archipiélago. Cuando Santana llegó, la guitarra que había llevado un cabo primero le calzó justa y varios de los que ya lo conocían del año anterior, del servicio militar obligatorio, le arrancaban los títulos más populares de un cancionero que tenía folclore y una buena selección de rock nacional. “Estaba ‘La colina de la vida’, ‘Solo le pido a Dios’, a mi me gustaba León Gieco, y después Sui Generis. Era folklore, una que sepamos todos, y rock nacional. ‘Zamba de mi esperanza’, ‘Lunita Tucumana’… arengábamos un poco para que todos cantaran”, le cuenta a Clarín sobre aquellos días, más cerca de la Antártida que de la avenida Crovara, en Villa Madero, dónde vivía. Estaban los conscriptos, las minas bajo tierra, trincheras y la bandera argentina en mástil en que la británica flameó 150 años. La guerra era un estado latente al que le faltaba la contraparte. Con el desembarco inglés, ese fogón se convirtió en otra cosa de la que pocos volvieron vivos.

– ¿Cuándo cambió todo y dejaste de cantar?

– Realmente, la guerra en sí comenzó el primero de mayo cuando nos atacaron con los Sea Harrier para bombardear el aeropuerto. Ahí nos dimos cuenta de que realmente que estábamos en guerra porque fue muy, muy, fuerte. Y el 2 de mayo con el hundimiento del Crucero general Belgrano. Esos dos días fueron un antes y un después en la guerra. Ahí empezó todo y fue muy trágico.

– ¿Cuándo te reencontraste con la música?

– La música vuelve en el año 96, 15 años después de haber vuelto. Mi papá me dice: ‘¿Por qué no empezás a cantar? Yo quisiera escucharte’. Le gustaba mucho el tango y empecé a cantar tango. Gané un festival aquí en La Matanza, después canté con una orquesta muy importante, el quinteto de Ernesto Baffa, y siempre canté sin decirle a nadie que yo era veterano (de guerra). No porque no quería mezclar la cosa, que me aplaudieran por haber estado en Malvinas. Tenía esos pensamientos, que después fui cambiando.

– ¿Por qué decidiste, después, contar lo de Malvinas?

– En el 2012 fue un cambio total en mi vida porque. Participé del programa ‘Soñando por Cantar’ por Canal 13 y me di cuenta que cantando podía ‘malvinizar’, que es una palabra que inventamos los veteranos, para mantener encendida la llama de la soberanía en el corazón de todos. Me uní con mis compañeros, comencé a estar en el centro de veteranos, que es lo que nos cobija a todos. Los centros de veteranos nos dieron un potencial que no sabíamos que teníamos porque hablamos todo el mismo idioma y bueno, y ahí comenzó realmente mi carrera. Canté en eventos muy importantes como la Copa Davis, los 75 años del Turismo Carretera y me daba cuenta de que masivamente, yo cantando, podía llegar con ese discurso malvinizador y en defensa de la soberanía.

– ¿Qué sentís cuando estás frente a una multitud, qué cosas te pasan por la cabeza?

– Lo hago con mucha responsabilidad, por lo general me preguntan si me pongo nervioso. No, no siento nervios. Siento mucha responsabilidad: yo estoy cantando para los 632 héroes que quedaron en las islas y por todos mis compañeros. Tengo todo el apoyo ellos, los que tuvimos el privilegio de haber defendido la patria. Eso es lo que siento, pero básicamente el ida y vuelta que me brinda la gente, que espera escuchar porque aparentemente, y lo digo con mucha humildad, le doy como una posibilidad de resiliencia. Dice: ‘la pucha, este muchacho estuvo en la guerra, en lo peor, y hoy habla de paz, de amor’.

– ¿Por qué hablás de ‘paz y amor’?

– Porque hoy digo que Malvinas es una escalera de amor, amor a la patria, amor al prójimo, qué sé yo, al no bullying. Y eso es lo que siento, siempre con mucha humildad lo digo, que en el momento que estoy cantando los argentinos piensan que podemos estar todos unidos por la causa y me pone muy feliz y orgulloso.

– ¿En qué momento te sentiste un ‘transmisor de paz’ y que no tenías resabio de otras emociones?

– Un día hablé con la mamá de un héroe caído en el último día de Malvinas, Julio Cabo, un maestro real. Murió el último día y quizás no tenía que haber ido porque su esposa estaba embarazada, pero fue igual. Y la madre, después de que se entera de que el hijo está muerto, trabajó mucho por los veteranos. Un día le pregunté cómo hizo para ser resiliente de la muerte de un hijo en una guerra desigual y además de eso, que nadie le brindó una explicación, y me dijo: ‘convertí el odio en amor’. Y me quedó muy grabado eso y no es que me haga el místico, lo sentí en mis entrañas. Dije: ‘no sirve de nada odiar, no creamos nada, no levantamos más que tempestades’. Entonces, primero sublimé con la canción, pero canto canciones que tengan que ver con eso, con la resiliencia, con el amor al prójimo y con que las guerras no tendrían que existir.

– ¿Qué reflexión hacés hoy de la guerra?

– Pienso lo que pensé siempre: que las guerras son netamente comerciales. Puede haber un porcentaje mínimo de alguien que decida ir por otro aspecto, pero la gran mayoría, lo estamos viviendo ahora, es la guerra del poder, del petróleo. Todas las guerras tienen para mí esa connotación. Pero obviamente nos cuesta mucho y particularmente me cuesta mucho eso de la dualidad. Soy un hombre de paz, pero estoy profundamente orgulloso de haber defendido mi patria. Conviví con eso estos 44 años porque realmente a veces me paro en un lugar y a veces en otro porque sigo diciendo que es muy injusto que los ingleses tengan una parte de nuestro territorio. Yo quiero defender mi soberanía, pero vuelvo a decir, las guerras son lo peor que le puede pasar a una persona. Las guerras las hacen, y esto no es una frase hecha, es la realidad, los que deciden el mundo porque no tienen que mandar a sus hijos a la guerra. Mandan a los de otros. Ojalá nunca más existan las guerras y ojalá nunca más los que manejan este bendito mundo decidan ir a una guerra.

– ¿Cómo le impacta a tu energía de paz la postura del Gobierno respecto a la soberanía argentina de la islas Malvinas y su lectura histórica?

– Siento una profunda decepción. Yo tengo mi pensamiento de estos 44 años y por haber estado en las islas de que si a los ingleses no los sacás de su zona de confort, jamás nos van a dejar sentar en la mesa de negociación. Porque tienen 2000 años de colonialismo y saben cómo tratar a la gente que le pide. Hoy yo hablo un poco de amor y de resiliencia, pero hablo mucho de la cuestión Malvinas, de la geopolítica, de que en Malvinas hay un puerto para recibir a los cruceros del mundo, que hay tres o cuatro veces más soldados que en el ’82, que tienen una proyección hacia la Antártida, que hay un paso entre océanos, que hay una depredación de los peces. Todo eso hablamos los veteranos porque realmente es muy injusto y cuando escuchamos de algún personaje que dice que los kelpers tienen derecho a la autodeterminación, la verdad que me siento muy mal. Primero porque es una burrada, porque no podés tener autodeterminación si sos plantado. Son autodeterminadas las tribus de América que nacieron en este lugar, pero todos los kelper fueron plantados en 1833 por la usurpación. Está muy claro que histórica, jurídica y geográficamente las Malvinas son argentinas. Todo eso sí me pone muy mal y me da mucha fuerza y voluntad para seguir hablando de paz, de amor, pero reclamando la soberanía que nos pertenece

– ¿Cómo recuperarías las Malvinas?

– Primero, con un plan al margen de cualquier gobierno: que sea una acción de Estado, a pesar de las diferentes opciones políticas. Hay que ir a las Naciones Unidas todos los días a discutir y no tener negociados económicos-comerciales (con Inglaterra) mientras siga la injusticia de la usurpación de las Malvinas. Eso es una política de Estado que tiene que existir. Este país nunca va a ser poderoso, nunca va a ser lo que tiene que ser si las Malvinas no vuelven, si nosotros no tenemos enarbolada nuestra bandera en el territorio. Con el tiempo, la proyección a la Antártida, la ley de glaciares… ellos vienen por todo. Y para mí humildemente la única forma que tenemos es si todos los países de Latinoamérica nos juntamos y hacemos un bien común. Desde México hasta la Antártida, unidos todos para defender nuestro suelo. Esa es mi visión y quizás un poco utópica, pero ¿quién dice que uno no puede soñar?