Oh, Jerusalén!, era el título de una excelente novela de Dominique Lapierre y Larry Collins, en la que relataban los sucesos desde la formación del Estado de Israel hasta la partición de Jerusalén entre árabes y judíos. Hoy, la llamada “Ciudad Santa”, vuelve a aparecer con su corazón herido por la historia, donde cada piedra guarda la memoria de esperanzas y discordias, y cada calle resuena con la plegaria de los siglos hecha por los creyentes de las tras grandes religiones monoteístas. Testigos son las piedras del muro de los Lamentos, de la mezquita de Al-Aqsa y de la iglesia del Santo Sepulcro.
En estos días en que la cristiandad vive la Semana Santa, la ciudad enfrenta un nuevo recorrido por la vía dolorosa. Las celebraciones públicas del Domingo de Ramos y del Jueves Santo, que habitualmente convocan a peregrinos de todo el mundo, se han suspendido y, por primera vez en siglos, se ha impedido al patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, celebrar misa en la basílica del Santo Sepulcro. Finalmente, se acordó en buenos términos un “plan de oración limitado” para lo que resta de la Semana Santa. Si nos trasladáramos a los tiempos de Jesucristo, no veríamos a la gente alzando palmas y aclamando su ingreso triunfal a Jerusalén, sino a misiles y drones cruzando los cielos y sirenas llamando a correr a los refugios.
Sin embargo, esta escena, no es ajena a lo vivido el Viernes Santo, en el legendario huerto de los Olivos. Porque fue allí donde Jesús le dijo a san Pedro que envainara la espada con la que había cortado la oreja de un siervo del sumo sacerdote que había ido a arrestarlo. Y agregó: “quien a espada mata, a espada muere”. No era solo una reprensión ante el impulso violento de su discípulo, sino una enseñanza que atraviesa los siglos cargada de sabiduría. La violencia, aun cuando se pretenda justificarla por distintos motivos, engendra más violencia, venga de donde venga, como lo ha señalado el Papa León XIV en su homilía del Domingo de Ramos.
El Papa ha presentado a Jesucristo como el “rey de la Paz” que rechaza toda forma de guerra y división entre los pueblos e insistió en que Dios no puede ser utilizado para justificar conflictos armados ni enfrentamientos, recordando que el Señor rechaza las plegarias de quienes tienen “las manos llenas de sangre”. Y al finalizar su homilía señaló que, en su último grito dirigido en la cruz al Padre celestial, el Señor, entre otras cosas, escuchó “el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra. Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son her- manos!”.
Jerusalén parece, una vez más, atrapada en las redes de la tragedia y las campanas que deben anunciar la Pascua tal vez se vean opacadas por el estruendo de la guerra. Sin embargo, en medio de esta oscuridad, resuena con fuerza el llamado a la paz, como si la misma ciudad nos es- tuviera hablando.
El autor, Jesús María Silveyra, es escritor. El último libro publicado es “San Carlo Acutis”.
Roma: La primera vez que la celebra León XIV
En su primera Pascua León XIV inició la celebración de la Semana Santa con la bendición y misa del Domingo de Ramos el pasado 29 de marzo. Este Jueves Santo, oficiará la Misa Crismal en la basílica de San Pedro, a las 9.30, que será concelebrada por los patriarcas, cardenales, obispos y sacerdotes presentes en Roma. En esta Eucaristía se bendice el aceite o crisma que se usará luego en sacramentos como el bautismo y la confirmación, de ahí su nombre, crismal.
Por la tarde, el Papa presidirá la Misa de las Cena del Señor a las 17.30 en la basílica de San Juan de Letrán, la catedral de Roma, donde hará el gesto del lavatorio de pies.
De ese modo el pontífice retorna la celebración de esa misa a una basílica papal, a diferencia de Francis- co que había optado por oficiar es- ta celebración en las cárceles de Roma, a excepción de 2020 y 2021 que se celebraron en la basílica de San Pedro por la pandemia. En 2025 ya no la presidió por su salud, aunque sí visitó un centro penitenciario.
El Viernes Santo, el pontífice presidirá la Celebración de la Pasión del Señor en la basílica de San Pedro a las 17. Este día la Iglesia no celebra la Eucaristía ni ningún sacramento a excepción de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos. La celebración litúrgica conmemora la muerte del Señor, con la adoración de la Cruz y con la comunión eucarística que fue consagrada el día anterior, el Jueves Santo.
Por la noche, León XIV presidirá el tradicional Vía Crucis en el Coliseo Romano desde las 21.15, tras lo cual impartirá la bendición apostólica.
El Sábado Santo, presidirá, a las 21, en la basílica de San Pedro, la Vigilia Pascual, la Misa más solemne de todo el año litúrgico con la que se inician los 50 días de Pascua por la Resurrección del Señor que termina en Pentecostés.
Al día siguiente, Domingo de Pascua, el Santo Padre presidirá la Misa del Domingo de Resurrección a las 10.15 en la Plaza de San Pedro. Luego de la Eucaristía, el Papa pronunciará su mensaje pascual para todos e impartirá la bendición Urbi et Orbi.







