El Mundial 2026 que se viene en Norteamérica comenzó hace rato, con el arranque de las Eliminatorias. Fueron 18 partidos en los que la Selección Argentina conducida por Lionel Scaloni le sacó diferencia al resto de sus rivales en Sudamérica, con convocados, goleadores y protagonistas de todo tipo. Sin embargo, ahora llega la recta final. Con la lista de 26 jugadores que se develará a fines de mayo, el plantel completo que viajará en busca de la cuarta estrella. Y allí, el que pinta que tendrá su propio colorín colorado, es Valentín Barco. El que no jugó casi nunca pero hoy se ganó su lugar.
Lo sugirió el propio Scaloni en la conferencia post partido: “Valentín (Barco) viene entrenando bien y jugando bien. Le pedimos ciertas cosas en este tiempo, las está haciendo en su club. No es lateral izquierdo, pero en otras posiciones nos puede aportar. Lo importante es que todos se sientan parte”, respondió.
El Colo, que irrumpió en Boca a muy corta edad y se fue por una millonada de dólares a la Premier League, se hizo hombre a los tumbos, en conflicto con Juan Román Riquelme y con todos aquellos que le criticaban que era muy pibe, que no se sabía si jugaba de 3 o de volante, que se excedía en los firuletes descuidando una parte clave del juego como la defensa. Aunque todos coincidían en algo: a Barco le sobraba personalidad.
La viene demostrando en Francia, destacándose en un equipo de bajísimas aspiraciones como el Racing de Estrasburgo, y Scaloni tomó nota y le dio la chance de probarse para ver si le daba el piné como para decir presente en el Mundial, al lado de los monstruos que hace cuatro años veía desde una pantallita en Boca Predio.
No estuvo contra Mauritania, quizás afectado porque la noche anterior tuvo que contener a su compañero Joaquín Panichelli, que se rompió la rodilla derecha y se quedó sin nada. Pero contra Zambia el Colo aprovechó sus minutos en cancha y pareció sacar boleto rumbo a USA.
Tenía que ser en la Bombonera. El de 25 de mayo, que en julio cumplirá apenas 22 años, ingresó en el segundo tiempo en reemplazo de Alexis Mac Allister, y sorprendió ubicándose por derecha, en un mediocampo que ya no tenía al pie fino de Leandro Paredes sino al eléctrico de Rodrigo De Paul. Esa virtud camaleónica del Colo enamora a cualquier entrenador, y en su caso guarda un plus: lleva en su ADN la fórmula que le dio resultado a la Scaloneta porque corre, la pide, mete y adora asociarse.
Tras el viernes de pocas luces contra Mauritania, Scaloni había advertido que salvo el 10 el resto de los jugadores se estaban jugando su presencia en la cita mundialista. El mensaje pegó de lleno para los más experimentados contra Zambia pero también para este Colo Barco que siempre se destacó por su desfachatez.
Con su porra que parece una llamarada, apareció sobre el final para ponerle un moño a la buena victoria de la Selección. La jugada nació en Messi, que buscó profundo a Nico González, y Barco, con la número 6, se plantó en el punto del penal para recibir el pase de taco del extremo del Atlético de Madrid. La puso en el primer palo, abriendo el pie, como los que saben y como aquellos a los que no les tiembla el pulso cuando entran al área.
Marcó su primer gol en el que fue su segundo partido con la Selección Mayor: el debut había sido en un amistoso contra El Salvador, en la previa de la Copa América 2024, donde se quedó a nada de sumarse al plantel que terminó siendo bicampeón contra Colombia. Estaba verde el Colo, dos años después parece llegar a punto para el Mundial.








