El arte piensa otras formas de habitar el planeta en tiempos de fracking y cambio climático

El arte piensa otras formas de habitar el planeta en tiempos de fracking y cambio climático


Una fila larga espera el ingreso al auditorio el Aleph –también conocido como la “capilla”– del Centro Cultural Recoleta. Una pequeña multitud llega a la presentación del libro Momentum. Arte y ecología en la América Latina contemporánea (Caja negra), una compilación de textos que ilustran y denuncian la situación del continente en tanto territorio deseado y dañado en el proceso de extracción de recursos de sus profundidades. Esas batallas ambientales y la necesidad de pensar “otras formas de habitar el planeta” convocaron a realizar este libro que originalmente fue editado por el Instituto Cisneros del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York. Fue organizado y editado por María del Carmen Carrión, Inés Katzenstein y Madeline Murphy Turner. Allí, entre otros, escribe la ensayista argentina Graciela Speranza y uno de los retratos que arma es el del artista Adrián Villar Rojas.

Lisa Blackmore, María del Carmen Carrión, Graciela Speranza, Adrián Villar Rojas, Javier Villa, Inés Katzenstein y Carla Barbero, en la presentación de Momentum en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Martín Bonetto.

Katzenstein, excuradora del Malba y actual de arte latinoamericano y directora del Instituto de Investigación Patricia Phelps de Cisneros del MoMA explicó al público que “Estos aportes incluyen sobre todo la noción de extractivismo, el sufrimiento de los derechos de la naturaleza en el ámbito del derecho occidental inaugurado formalmente por las instituciones plurinacionales de Ecuador y de Bolivia. Y finalmente, el creciente reconocimiento de las cosmovisiones indígenas como guías para una relación más ética y más sostenible con el mundo natural que nos rodea, que nos da vida y nos constituye”.

Los quince textos del libro acentúan en la magnitud de la crisis climática, muestran un movimiento de artistas, activistas e investigadores sin precedentes que está desafiando las formas habituales de relacionarnos con lo no humano revisando historias de colonialismo y activando nuevas e inesperadas alianzas más allá del catastrofismo.

Antes de la presentación del libro, los protagonistas del libro conversaron con Clarín Cultura acerca de los desafíos que guarda el arte en su relación con la naturaleza.

Inés Katzenstein, excuradora del Malba y actual de arte latinoamericano y directora del Instituto de Investigación Patricia Phelps de Cisneros del MoMA. Foto: Martín Bonetto.

La directora del Instituto Cisneros detalló que este es un libro que trata sobre cómo los artistas han estado pensando lo que está ocurriendo en la crisis climática en Latinoamérica. Este trabajo junta gente que estaba muy dispersa, por toda Latinoamérica pensando estas cuestiones y las convoca a escribir y a producir pensamiento acerca de estos temas aportando a la discusión de la convergencia entre prácticas artísticas y medioambiente.

En la mesa se encontraba la crítica, narradora y doctora en Letras Graciela Speranza, quien cuestionó el por qué se sigue subrayando la diferencia de “arte latinoamericano” aunque también cree que hoy vuelve a tener sentido hacerlo. “Nos pareció que el arte latinoamericano otra vez podía ser el norte –que el sur podía ser el norte–. En principio, porque América Latina es la línea que atraviesa todo el libro, en parte por el extractivismo y porque sigue siendo la zona de sacrificio. Tristemente, esta frase se popularizó, y por otro lado, está presente la cosmovisión amerindia que iluminó muchas prácticas de muchos artistas”.

El artista Adrián Villar Rojas.
Foto: Martín Bonetto.

La curadora y escritora Lisa Blackmore, autora del artículo “Imaginando una continuidad postextractivista” sostuvo que “el mundo animal y el vegetal están muy presentes en el libro, no como algo para ser poseído, dominado y extraído, que es mucho la visión occidental, sino como estos mundos que dialogan con el mundo humano de otra forma, no el mundo de lo más que humano. Ese es un poco el giro que plantea el libro al cuestionarse esta idea de la naturaleza como un exterior. Y un otro construido”.

Fue entonces que el artista Adrián Villar Rojas intervino para sostener que “la palabra naturaleza es muy problemática, muy rica para el libro, para nuestros intereses. Es como una palabra con la cual tenemos que tener mucho cuidado. No es para tirarla a la basura, es una palabra para tenerla justamente entrecomillada, mirándola con mucha atención, usándola con mucho respeto”.

Adrián Villar Rojas entrevistado por Javier Villa y Carla Barbero.
Foto: Martín Bonetto

Speranza hizo una diferenciación clave: “las obras no son ilustrativas de los temas ecológicos, no son un enunciado ecologista, sino que a partir de estas tensiones y estos problemas crean nuevas formas, nuevos dispositivos, algo que es muy claro en la obra de Adrián: haber inventado un proceso material que le sirve para pensar el futuro. Entonces, me parece que se escucha el mensaje de la naturaleza o del entorno y al mismo tiempo eso es un impulso para pensar nuevos lenguajes del arte. Por eso es tan variado, Es lo que dice Inés que es muy sorprendente, que no hay medios y lenguajes privilegiados y tampoco responde a una moda académica que, convengamos, también sucede”.

Ante la pregunta por el uso o abuso de la palabra “reparación” en estos temas, Blackmore agregó que “indudablemente está en el vocabulario contemporáneo sin embargo, creo que cuesta pensar a veces los tiempos de esas reparaciones, sobre todo cuando atendemos a daños ecológicos. Tienes tiempos de reparación, de restauración, de las condiciones de vida que superan la experiencia humana del tiempo. Entonces, a veces yo creo que eso genera una expectativa, de inmediatez, que es difícil de cumplir”. Es una palabra que se usa para nombrar el esfuerzo colectivo de sanar un tejido social roto por la historia, reconociendo que, aunque el daño sea irreversible, la relación con ese daño sí puede ser reparado.

La crítica y ensayista Graciela Speranza.
Foto: Martín Bonetto

¿Cómo se piensa este tiempo, en particular cuando se quiere reconstruir la relación con la naturaleza y cuando un grupo de líderes mundiales con Trump a la cabeza niegan que estemos en peligro climático? “Es un momento tremendo en ese sentido, con monstruos negacionistas, antidiluvianos”, subraya Speranza. “Es casi inconcebible que con la evidencia científica a esta altura siga torciendo la realidad hacia la economía, como pasa también con nuestro presidente. Es una ocasión para que el arte vuelva visibles estas cuestiones. Esta insistencia en la negación es, finalmente, un estímulo para los artistas. Genera mucha impotencia ver que alguien así niega algo que está ahí con todas las pruebas necesarias. La crisis ecológica aumentó a niveles inimaginables, pero a mí me parece que eso está dando impulso. Que haya llegado Geonnitus, una obra contra el fracking al Teatro Colón, me parece un buen un buen aliciente”.

Durante la presentación del libro, Katzenstein puntualizó: “La crisis climática genera inestabilidad estructural, pone en riesgo, especialmentel, a disponibilidad del agua, cuyo manejo se está dejando cada vez en menos manos. Hay que agregar el vaciamiento de las leyes glaciares, la pampeanización de los humedales en el delta del río Paraná, el avance de la minería metálica con su enorme consumo de agua y la posible afección a las cuencas, la inminente llegada de centros de datos para la inteligencia artificial a la Patagonia, la minería de cobre en la cordillera, la minería de litio y su afectación a los salarios. Y por supuesto, la expansión del mega proyecto Vaca muerta, el casi nulo avance en la implementación de transformaciones en el sistema energético para lograr un derecho a la energía, una producción basada en energías limpias. Por último, sostuvo que haya que sumar a esta oscura lista: “los megaincendios y el hecho de que, si efectivamente borran la ley de bosques, se acelerará el desmonte de la mayor parte de los ecosistemas boscosos nacionales.” Entonces, en un momento tan crítico en el que la política parece estar realmente fracasando, el trabajo lento y profundo que hacen los artistas en el plano de lo sensible se ha vuelto más importante que nunca”, sostuvo Katzenstein.

Como sostuvo Speranza en su presentación en el auditorio del CCR: “El arte no se conforma con esa versión empobrecida del realismo. Da entidad material y visible a las metáforas y como se demuestra en Momentum, vuelve realistas fantasías a primera vista impracticables”. ¿A qué se refiere? El libro cita ejemplos, trabajos artísticos que explican mejor que cualquier teoría, el objetivo de este libro, los ideales de una filosofía que defiende valores ecosociales.

Volar en un globo sin combustibles fósiles ni helio, como propone el proyecto de Tomás Saraceno, “Today We Reboot the Planet” (2013) de Adrián Villar Rojas, una instalación monumental que funciona como una “arca de Noé” distópica del siglo XXI u oír los sonidos de la selva guatemalteca como los oiría una flor en una obra de Eduardo Navarro. A su vez, Seba Calfuqueo desanda el curso de un río para recuperar la memoria ancestral del cuerpo en el agua, las redes de pesca tejidas con comunidades locales surgidas del trabajo de la activista y escultora colombiana Carolina Caycedo. También la instalación e insurgencias botánicas de la peruana Jimena Gabriel Leto que recupera el sofisticado sistema de irrigación para el cultivo de productos de la cultura mochica en Calca. Todas iniciativas que exponen el cuadro de situación, el diagnóstico y la propuesta de cómo salir de este laberinto regional y global cada vez más complejo, incluso sabiendo que el escape es por arriba.