puede ir a juicio y hasta quedar en prisión

puede ir a juicio y hasta quedar en prisión

Los ojos de Tiger Woods estaban inyectados en sangre y vidriosos, sus pupilas dilatadas, y tenía en el bolsillo pastillas de hidrocodona, un opioide de uso común para el tratamiento del dolor, cuando fue entrevistado en el lugar del accidente automovilístico que sufrió la semana pasada en Florida, según el informe difundido por la Oficina del Jefe de Policia del Condado de Martin. El estadounidense deberá comparecer ante la justicia el 23 de abril. Está acusado de conducir bajo la influencia de sustancias y de daños a la propiedad y de negarse a una prueba de orina para detectar si había consumido otras sustancias prohibidas. Y como ya tenía antecedentes en un incidente similar, este nuevo caso podría ir a juicio y hasta costarle a uno de los mejores golfistas de la historia una condena de prisión.

El documento de la oficina policial que se hizo público este martes explica con lujo de detalles todo lo que vivió el ganador de 15 Majors el viernes pasado, tras el insólito choque. El norteamericano cruzó una doble línea para intentar adelantar a gran velocidad a una camioneta que llevaba un remolque, pero rozó la parte trasera del remolque, volcó su coche sobre el lado del conductor y derrapó hasta detenerse. Ni él ni la persona que iba al volante del otro vehículo sufrieron heridas graves.

John Budensiek, jefe policial del condado Martin, explicó que Woods cooperó cuando habló con los investigadores después del accidente, pero que eligió sus palabras con cuidado. Y aclaró que por esa negativa del jugador de someterse a la prueba de orina -que es su derecho, pero que, por un cambio en la ley de Florida aplicado el año pasado, constituye un delito menor-, “nunca se obtendrán resultados definitivos sobre qué fue lo que lo tenía afectado en el momento del accidente”.

Aun así, los fiscales pueden apoyarse en otras pruebas para construir su caso, incluso si no tienen resultados de laboratorio, que podrían haber determinado si había drogas (y cuáles) en su organismo, le explicó a la agencia AP David Hill, un abogado defensor de Orlando que no participa en el caso de Woods.

Y agregó que, como todo el procedimiento de su arresto fue filmado, “cualquier video de cámara corporal o testimonio de los agentes que indique que el golfista tenía los ojos rojos, presentaba dificultades para hablar o que olía como si hubiera estado consumiendo drogas o alcohol podría reforzar los casos de la fiscalía”.

Hill señaló también que sus antecedentes en situaciones similares podrían complicar a Tiger, que estaba entrenando con la ilusión de llegar a jugar el Masters de Augusta, el fin de semana del 9 al 12 de abril.

En 2017 había sido arrestado por conducir bajo sospecha de alcohol o drogas. En ese momento, luego de que las autoridades lo encontraron dormido al volante de su auto, con el motor aún encendido y el lado del conductor dañado, confesó que había tomado una mala combinación de analgésicos. Se declaró culpable de conducción temeraria, pagó una multa y asistió a un programa para infractores.

Además, en 2021, sufrió un accidente aún más grave en California: mientras viajaba a casi el doble del máximo de velocidad permitida, volcó su auto y sufrió múltiples fracturas en la pierna derecha. Las lesiones fueron tan severas que estuvo cerca de sufrir una amputación. Aunque en esa ocasión no se presentaron cargos.

Aquel incidente de hace nueve años podría pesar para que la investigación del que sufrió la semana pasada llegue a juicio.

De acuerdo al texto de la declaración jurada que se conoció este martes, el ex número uno del mundo explicó que en el momento del accidente estaba mirando su teléfono celular y cambiando de emisora de radio. Y que no se dio cuenta que la camioneta que tenía delante estaba reduciendo la velocidad para girar hacia un camino de entrada.

Tatiana Levenar, ayudante del sheriff del condado, contó que durante la investigación, Woods “sudaba profusamente” y sus movimientos eran “lentos y letárgicos”, aunque se mostró alerta. Y agregó que el jugador caminaba cojeando y tropezando, pero que les explicó a los agentes que se había sometido a siete operaciones de espalda y a “más de veinte en la pierna”, que estaba cubierta con una manga de compresión. Y que su tobillo “se le bloquea” al caminar.

Los agentes encontraron dos pastillas blancas, que fueron identificadas como hidrocodona en su bolsillo. Y Tiger admitió que había tomado medicamentos recetados más temprano en la mañana, pero aseguró que no había consumido alcohol -lo que fue confirmado por los dos test de alcoholemia que le hicieron ese día- ni sustancias ilegales.

La declaración jurada afirma que la camioneta de Woods tuvo 5 mil dólares en daños. Y detalla además las numerosas pruebas de sobriedad -tes de coordinación, equilibrio y visión- a las que se sometió a Woods en el lugar de los hechos, con distintos grados de éxito y fracaso. La conclusión de Levenar fue que las facultades normales del golfista “estaban mermadas y que era incapaz de conducir el vehículo de forma segura”.

El estadounidense fue también trasladado a una sala de urgencias, en la que rechazó el tratamiento médico. Y luego estuvo detenido ocho horas y tuvo que pagar una fianza antes de ser puesto en libertad, a última hora del viernes.