Entre aplausos y emoción, Ángela Pradelli se incorporó a la Academia Argentina de Letras

Entre aplausos y emoción, Ángela Pradelli se incorporó a la Academia Argentina de Letras


El recinto, señorial y palaciego, está repleto. Además de figuras como el gran Jorge Asís, la escritora y crítica literaria Laura Galarza, la celebrada autora de policiales María Inés Krimer o el novelista y viajero crónico Ricardo Coler, en las sillas del público esperan con alegría ex alumnos y alumnas de secundarias del conurbano bonaerense donde la profe dio clases durante más de 30 años. También hay discípulos de los cursos y talleres que imparte desde hace décadas. Algunos tienen ramos de flores. Muchos llevan sus libros, de ediciones antiguas, repletas de post-its. Lo que pasa es que Angela Pradelli ingresa a la Academia Argentina de Letras (AAL) y nada que la implique puede ser frío o muy formal.

Aunque los tapices que cuelgan de las paredes caigan con el peso de las décadas. Ni siquiera si todo esto sucede en el Palacio Errázuriz, una mansión patricia imponente, conservada en su estilo neoclásico y versallesco, que desde 1937 es la sede del Museo Nacional de Arte Decorativo y además alberga a dos Academias: la Nacional de Bellas Artes y la Argentina de las Letras. Por ahí corretean sus nietos y en las caras de varios presentes se adivina el semblante familiar. En un rato va a recibir los atributos de su acreditación –un diploma, una medalla y una insignia–, pero lo que más le dan esta tarde a Pradelli es lo que ofrece la cofradía ahí reunida: aplausos cariñosos, besos de cercanía y una gran ovación de fans.

El nombramiento se anunció en septiembre de 2024 y el ingreso de la autora de novelas como El lugar del padre (Premio Clarín Novela, editado por Alfaguara en 2004) fue propuesto por los escritores y académicos Eduardo Álvarez Tuñón, Esther Cross, Pablo De Santis y Santiago Sylvester. Ahora es jueves 26 de marzo, son las seis de la tarde y comienza la Sesión 1422, que es la ceremonia oficial que deja constancia de que Pradelli ocupa el sillón n° 19 “Calixto Oyuela” –en honor al primer presidente de la institución–, que quedó vacante después del fallecimiento del escritor y editor Luis Chitarroni en 2023.

Sonrisas y elogios

Rodeada del resto de los académicos de número, entre otros el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz o el catedrático de Historia del Teatro Universal Jorge Dubatti, la autora de preciosuras precisas como la novela Amigas mías (Premio Emecé 2002) escucha sonriente cómo Rafael Felipe Oteriño, presidente de la AAL, la presenta en un breve discurso que recorre su vasta trayectoria.

“Es una apasionada viajera que ha llevado la presencia de la literatura argentina a Suiza, Alemania, Estados Unidos, Italia, China, por solo nombrar los países más distantes de esta América, a la que también recorrió con sus talleres y presentaciones públicas. Fuera de sus trabajos en la ensayística, sus obras de creación se enrolan, principalmente, en los géneros de poesía y narrativa, con singulares rasgos de intercomunicación entre ambos”, dice.

Mientras, recorren el recinto dos fotógrafos muy atareados que registran cada detalle. Son Martina Bertolini y Flavio Castañeda, hija y yerno de la celebrada, que más tarde le dirá a Clarín, que le consultó quiénes eran: “Gracias por preguntar. No sé por qué siempre ignoran tanto a todos los fotógrafos. Incluso cuando les pasás sus nombres, no los incluyen”. Así es ella, Angie, a quien el apócope cariñoso le cuadra por derecho de cercanía, en boca de quienes la conocen, la leen o hasta si la escuchan al paso.

La escritora Angela Pradelli ingresó a la Academia Argentina de Letras (AAL). Foto: gentileza.

En esa charla, que sucedió después del cóctel, Pradelli cuenta que durante muchos años, “cuando todavía no había llegado internet a nuestros días”, el Departamento de Consultas idiomáticas de la Academia atendía telefónicamente y respondía en el momento. “Podían ser dudas ortográficas, sintácticas, morfológicas. Siempre había alguien del otro lado que respondía en el momento. Podía pasar, aunque era muy raro, que la persona no supiera la respuesta, en ese caso, consultaba con alguien y la respuesta llegaba en apenas unos minuto”, recuerda.

–¿Qué significa para vos este ingreso a la Academia?

–Un día, escribí el teléfono en el margen superior del pizarrón de un curso de secundaria. Ah, sí, profe, dijo un alumno, y usted cree que nos van a contestar. Claro, es un servicio de la Academia. Pero nosotros somos unos pibes de secundaria. Cada tanto, volvía a escribir el teléfono en el pizarrón, si tienen dudas llamen. Hasta que una mañana antes de empezar la clase un alumno contó que se había animado a llamar, que lo atendieron muy bien y resolvieron sus dudas. Los alumnos se fueron animando de a poco, y cuando tenían dudas en algún trabajo práctico que estaban haciendo para Lengua o para otra materia. El primer día que participé de las sesiones, apenas entré al lugar, recordé esas escenas, sobre todo por la calidez con la que me recibieron.

Esa misma calidez se nota en el discurso de bienvenida de Esther Cross, que comienza in media res, narrativa y poética, en una forma muy cercana a la energía de la flamante académica: “Ángela Pradelli estaba en primer grado cuando se enteró de que había una feria del libro en su escuela. No entendía bien de qué se trataba, pero quiso ir. Su madre supo escucharla y la llevó hasta la primaria, donde la dejó por unas horas con unos pesos para que se comprara un libro. Después de dar vueltas por los puestos y hablar fascinada con los vendedores, eligió una novela llamada Mi hermano y yo. De más está decir que empezó a leerla ese mismo día y que la releyó muchas veces. Como en una historia de Chéjov, a quien admira tanto, el libro se perdió al tiempo, y aunque ella preguntó por la novela en distintas librerías a lo largo de los años, no la pudo encontrar”.

Angela Pradelli, ganadora del Premio Clarín de Novela 2004. Archivo Clarín.

Una especie de prisma biográfico

La sonrisa de Pradelli es cada vez más grande. “Esta anécdota de Angie es una especie de prisma biográfico o recuerdo del futuro, por usar el título de una película de cuando éramos chicas. Ahí están presentes sus años de docencia, la lectora curiosa y abierta, el diálogo, incluso la importancia de la memoria reflejada en el hecho de que se puede perder un libro y seguir relacionada durante años con él, como con las personas. Ahí está la autora potencial de tantos libros, programas de lectura y proyectos colectivos, entre los que sobresale Por qué llora esa mujer. Creo que este recuerdo también habla de algo que se olvida últimamente y por desgracia: las personas que se dedican a las palabras asumen riesgos, y pueden ser decididas y tener tanta fuerza de carácter como esa nena ese día”, continúa Cross.

Para cuando sube al atrio Pradelli, el público se convierte en un alumnado absoluto. Ella, maestra, docente, tallerista, lee su ponencia con el mismo pulso que si diera una clase inspiradora, en el tono que podría haber tenido el profesor John Keating (interpretado por Robin Williams) en La sociedad de los poetas muertos si hubiera sido una mujer, de zona sur del conurbano bonaerense, que estudió el profesorado de Letras y se especializó en Gramática Española.

Pero no es necesario una referencia de Hollywood para perfilarla. Además de ser una de las narradoras más destacadas del país y referente para nuevas generaciones, siente la escritura como una necesidad. Propia y a transmitir. Fue, a la par de su tarea como docente en aulas, coordinadora del Plan Nacional de Lectura en la Región de la Provincia de Buenos Aires. Publicó libros de poemas, ensayos y novelas que fueron traducidos al alemán, al inglés y, en parte, al italiano y al francés. Es Miembro Correspondiente de la Real Academia Española y recibió numerosos premios, entre otros también el de la Fundación El Libro de Buenos Aires al Mejor Libro de Educación 2010-2011.

Pradelli, desde el atrio, habla entre otras cosas del valor de las palabras. Un valor político, afectivo y vital. Lo dice en un tono de intimidad. Y abre preguntas, no concluye nada. Reflexiona, invita, en su forma, a pensar sobre cómo la lengua modela la experiencia humana. Empieza, claro, con un relato: “En 1985, el diario Libération de París publica un número especial en el que 400 escritores deben responder una sola pregunta, la misma para todos. Pour quoi écrivez-vous? ¿Usted por qué escribe? Algunos contestan que lo hacen por catarsis, otros porque la escritura les resulta la expresión más alta, o porque quieren dejar su propia huella en este mundo”.

El público ya está en la historia, y ella sigue: “Uno de esos escritores es el italiano Ferdinando Camon, nacido en un pequeño pueblo de la zona rural del Véneto, cuyas obras fueron traducidas a más de veinte idiomas. Profesor de Lengua y Literatura en escuelas secundarias durante muchos años. Como periodista publica en importantes medios de distintos países. En el momento en que le hacen la pregunta Camon tiene 50 años. Yo escribo por venganza, no por justicia, ni por santidad, ni por gloria, sino por venganza. Todavía siento dentro de mí esta venganza como justa, santa, gloriosa. Mi madre sabía escribir sólo su nombre y apellido. Mi padre, apenas un poco más”.

La escritora Angela Pradelli ingresó a la Academia Argentina de Letras (AAL). Foto: gentileza.

Las palabras hacen lo suyo

Así es su discurso. Va hilando anécdotas personales con referencias literarias, cuenta historias de bibliotecas, de otros escritores, de ella como docente, de otras maestras, de lingüistas, de viajes. “Las palabras hacen lo suyo, estallan en la sangre, en los estómagos, se liberan de la herrumbre, la corrosión y algunas mañanas anuncian un mundo nombrando de una vez todas las cosas. La sutileza de los sonidos, la fibra en las oraciones, el tejido de los discursos, palabras viejas, como las del laboratorio de biología, con las que podemos no obstante anunciar universos nuevos”, dice.

Habla para sus alumnos y discípulos, que están entre el público, y en ese Carpe diem enrola también a quienes no cursaron secundaria ni taller con ella. Es imposible no caer en su embrujo afable y docente, que está impregnado de curiosidad, asombro, poesía. También es más que consciente de lo que propone y del lugar que ocupa. Por eso, advierte: “Las palabras a veces se vuelven hostiles. Nos toca un mundo muy difícil de vivir. Tantos días aciagos. Las guerras, las muertes de niñas y niños, las hambrunas, los crímenes. Los espacios por los que transitamos se volvieron muy estrechos, se hace difícil caminar en esa asfixia, nos faltan las palabras. Cada vez es más manifiesta la relación entre el poder y las palabras. Cada día escuchamos discursos cargados de intolerancia, de violencia, odio. Palabras que se arrojan como piedras o se disparan como balas”.

Al terminar agradece y la vitorea el público. Las butacas quedan vacías y una multitud cariñosa rodea a Angie. Le llevan las flores, que ella guarda, y los libros, que firma. Pradelli queda un rato perdida en ese abrazo colectivo hasta que emerge en el brindis final. Detrás del salón señorial hay una oficina y después un espacio con las fotos de los académicos de número que ya fallecieron colgadas de las paredes. A la vista de entre otros Jorge Luis Borges, José María Castiñeira de Dios y Victoria Ocampo –la primera mujer elegida miembro en 1977– la nueva académica se saca una foto familiar. En un rato va a seguir la charla con Clarín.

La escritora Angela Pradelli ingresó a la Academia Argentina de Letras (AAL). Foto: gentileza.

–Titulaste tu discurso en homenaje a Alejandra Pizarnik, “Palabras de este mundo”. Te postuló Esther Cross. ¿Tu ingreso es una suerte de renovación, en algún punto, para traer más voces y puntos de vista femeninos a un mundo (también el académico) bastante masculino?

–Pizarnik es una poeta que sigue escribiendo para los jóvenes. No pasa eso con cualquier poeta. Pizarnik atraviesa generaciones, épocas, todo. Adolescentes indiferentes a la lectura, ni hablar de la poesía, se sienten conmovidos. Cómo no tomar sus palabras para un título de un texto tan importante de leer para mí. En la Argentina hay muchas escritoras que admiro, Libertad Demitrópulos, a quien también invité a mis clases de Literatura del secundario; Griselda Gambaro; Laura Galarza. La lista sería larguísima. Para mí fue una alegría que me presentara Esther Cross, que es sin duda una de las mejores escritoras actuales.