México revisita el Azteca, su templo de fútbol

México revisita el Azteca, su templo de fútbol

El titán despertó, un tanto aletargado y aún herido. El Estadio Azteca, sinónimo de hazaña, reabrió sus puertas. Empezaban a brotar de nuevo las camisetas verdes, los aficionados estrafalarios y las grúas en su exterior. La maquinaria pesada se mantenía en uno de los estacionamientos, un síntoma de todos los retrasos que enfrentó esta cirugía iniciada en junio de 2024. Era la reapertura, una a medio gas. Afrontó el reto de no tener estacionamiento para los miles de aficionados que pagaron un boleto. Bueno, solo algunos invitados especiales lograron estacionar sin problema su Suburban o su Audi. Todo sea por ver el México-Portugal, un partido inédito en tierra mexicana, de este sábado. En medio del jolgorio, un aficionado, en estado de ebriedad, murió tras intentar saltar de un segundo nivel en la zona de los palcos, según la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la capital, minutos antes del inicio del partido.

Los dueños del estadio tuvieron que ser auxiliados por las autoridades de Ciudad de México para cerrar las vialidades en un perímetro de un kilómetro de distancia. Hubo que tirar de transporte público especial, aplicaciones de taxis. El caos, anunciado y esperado, imperaba en cada arista del sur de Ciudad de México. El fuego, ese fuego futbolero, estaba más que encendido. Aurora Saga, de 43 años, estacionó su auto a 20 minutos del centro deportivo y caminó junto a su esposo y dos hijas. “Es muy complicado lo del estacionamiento, venimos desde Santa Fe, nos hicimos 40 minutos. Luego solo nos venimos caminando, hay policías en todos lados”, cuenta. En el interior del Azteca había decenas de miembros de la Guardia Nacional. A diferencia del partido entre México e Islandia, esta vez no hubo militares a cargo de la bandera ni de la banda de guerra sobre el campo, una imagen que intentaron impulsar las autoridades mexicanas tras la ola de violencia que supuso la detención del Mencho, uno de los máximos capos de la droga.

El nuevo Azteca presumió sus miles de luces LED que adornar el interior del recinto. Antes del ingreso de los futbolistas, el recinto empezó a latir. Para alentar a sus aficionados le metieron esteroides a sus bocinas para poner un ambiente similar a cualquier concierto masivo. Las melodías de Bad Bunny, Juan Gabriel, Seven Nation Army o incluso la canción de Space Jam, retumbaron en las butacas cuando empezó a entrenar la selección mexicana. El estadio tuvo un momento de idilio durante el himno cuando se cimbró todo y las tribunas se pintaron de tricolor gracias a las pulseras de los aficionados. Un acto simbólico para un país que tendrá 13 partidos en este Mundial copado por Estados Unidos.

Volvió la conexión de la selección mexicana con su afición en el Azteca, fracturada por el fracaso de la gestión de Tata Martino (2018-2022) y la inestabilidad con Diego Cocca. Regresaron los cánticos, el Cielito Lindo y la ola en las gradas. Esa euforia intentaba hacer olvidar lo costoso que resultaba comprar una cerveza, 200 pesos por un vaso o un refresco por 120 pesos.

Jonathan Mercado viajó en camión durante más de seis horas desde Guadalajara con su camiseta de Portugal y, claro, el número siete en la espalda en honor a Cristiano Ronaldo, la estrella que se bajó de la convocatoria debido a una lesión que le aqueja desde finales de febrero. “Me impulsaba venir a ver a Cristiano. Compré el boleto en reventa una semana después de que se acabó la venta general”, cuenta antes de ingresar al estadio. Vino solo tras pagar 8.000 pesos por la entrada, misma que rondó en más de 20.000 pesos mexicanos y que bajó ante la ausencia del exjugador del Real Madrid. “Se ha vuelto muy caro ir a un evento o a un partido acá en México, es un lujo”, cuenta Aurora Saga.

Mercado pagó todo lo que había que pagar para poder ver un partido que, según él, es parte de una teoría de Los Simpsons que sitúa a ambas selecciones en la final de un Mundial. “Nunca se sabe, ¿no?“, agrega. Sobre el tema del nombre, no hay quien todavía se acostumbre. ”Es complicado familiarizarse”, dice el joven. “No me acostumbraré a llamarle estadio Banorte, siempre será el Azteca”, cuenta Saga.

El renombramiento del Azteca ha sido una gran polémica desde que Televisa anunció que tendría el nombre de un banco, uno que financió la remodelación. La FIFA, sin embargo, no permitirá nombres comerciales en el torneo del próximo verano y los organizadores tuvieron que volver al proceso creativo. Su solución, un tanto agria, fue llamarlo Estadio Ciudad de México durante el Mundial. “Como sea, venir aquí hace se me erice la piel”, agrega Mercado.