El expresidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, volvieron a comparecer este jueves ante el Tribunal Federal de Manhattan. En una sesión marcada por una compleja estrategia de defensa, el juez Alvin Hellerstein ratificó que el proceso judicial seguirá adelante, desestimando los intentos de la defensa por anular la causa.
Durante la sesión, Maduro –quien apareció notablemente más delgado, canoso y vistiendo el uniforme naranja de prisionero– mantuvo su postura de “no culpable”.
Al igual que en su primera comparecencia el 5 de enero, el líder chavista insistió en definirse como un “prisionero de guerra” y cuestionó la legitimidad de su captura, calificándola de “secuestro”.
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Esta es una estrategia de la defensa para cuestionar la jurisdicción de un tribunal civil estadounidense. Al autodenominarse “prisionero de guerra”, busca que el proceso sea visto como un conflicto político-militar y no como un caso criminal de narcotráfico.
Sin embargo, el juez Hellerstein ha sido tajante: para la ley de EE.UU., Maduro es un ciudadano procesado por delitos comunes cometidos fuera de cualquier marco bélico oficial.
En esta oportunidad, el magistrado rechazó la moción de la defensa para desestimar los cargos por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas de guerra.
Cilia Flores, en tanto, enfrenta cargos por conspiración para importar cocaína y posesión de armas de alto poder. Al igual que su esposo, se declaró “completamente inocente” ante el tribunal.
Evidencia y honorarios. El caso se encuentra en una etapa de “descubrimiento de pruebas”, una fase que, debido al volumen de evidencia recabada por la DEA durante años, los testimonios de desertores y los registros bancarios, podría extenderse por más de un año antes de fijar una fecha para el juicio oral.
La demora se debe a que la defensa alega “indefensión” al no poder procesar tal volumen de datos sin acceso a fondos desbloqueados. Esto sugiere que el juicio real podría no ocurrir hasta finales de 2026 o inicios de 2027.
Por otro lado, los abogados Barry Pollack y Mark Donnelly argumentaron que el bloqueo de fondos por parte de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) impide que el Estado venezolano pague sus honorarios, vulnerando el derecho constitucional a una defensa justa.
Este es el nudo gordiano del proceso. Si el juez no permite que se usen activos venezolanos congelados para pagar a los abogados de élite, Maduro tendría que aceptar un defensor de oficio, pagado por EE.UU. Esto sería una derrota simbólica enorme para el chavismo, al depender económicamente de su “enemigo” para defenderse.
La cárcel. Desde su llegada a suelo estadounidense, la pareja permanece recluida en el Centro de Detención Metropolitano (MDC) de Brooklyn, una prisión federal conocida por sus estrictas condiciones de seguridad, donde están detenidos terroristas y capos narcos.
Maduro pasa la mayor parte del día en una celda aislada para garantizar su integridad física, dado su perfil de alto riesgo.
Sus comidas le son entregadas a través de una ranura en la puerta de la celda. No tiene acceso a internet ni a medios de comunicación masivos.
Según medios estadounidenses, el exmandatario dedica gran parte de su tiempo a la lectura de la Biblia. Su contacto con el exterior se limita a llamadas telefónicas supervisadas de 15 minutos con sus familiares.








