Dos jueces fueron víctimas de una estafa virtual desde la cárcel: “Me chorearon todo hermano”

Dos jueces fueron víctimas de una estafa virtual desde la cárcel: “Me chorearon todo hermano”


“¿Qué te llevaste vos? Todo lo del WhatsApp. Porque se me borró todo el WhatsApp. Me chorearon todo, hermano. ¿Qué pasó?”, dice desconcertada una víctima de un engaño virtual. La llamada podría haberle pasado a cualquiera de los miles que todos los días son engañados a través de estafas virtuales en las que los delincuentes acceden a cuentas y piden préstamos a amigos o familiares, realizan compras o sacan créditos a través de aplicaciones billeteras virtuales.

Pero esta vez, desde el pabellón 7 de la Unidad 35 de Magdalena, la llamada fue a Luis Cayetano Cayuela (80), juez de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de San Isidro. Y a su colega, Juan Eduardo Stepaniuc (74), que integra la misma cámara.

Sin saberlo, los estafadores lograron engañar a Cayuela e intentaron lo mismo con Stepaniuc.

“Hola, buenos días con el Sr. (nombre de la persona contactada) Me presento, mi nombre es Juan Molina lo comunico de la sucursal de Andreani, el motivo de nuestro comunicado es para notificarlo que en el transcurso del día estarías recibiendo el paquete en tu domicilio…”, empezó la conversación que terminó con un “remito” enviado por mensaje y que el delincuente solicitó le sea leído en voz alta. Es número, lejos de ser un código de envío, terminó siendo la puerta de entrada a sus contactos.

Lo curioso es que, como muchas de las bandas que operan bajo esta modalidad, se comunicaban -se supo después- desde un penal.

Los presos operaban en “horario comercial” desde el pabellón 7 de la Unidad 35 y, según la investigación, podían realizar hasta “30 llamadas telefónicas diarias, entre las 9 y las 17.30, tratando de captar víctimas a través del engaño”.

Repetían los mismos discursos una y otra vez y, por este intento de realizar estafas a dos camaristas, podrían usar contactos de un estafado para contactar a otro.

Las modalidades de engaño que utilizaba esta organización eran tres:

  1. El envío del correo: “Mi nombre es Julián Molina. Lo comunico desde la sucursal de Andreani… En el transcurso del día estarías recibiendo el paquete en tu domicilio”.
  2. Soporte técnico de la empresa de telefoní celular: Alertaban sobre un supuesto acceso no autorizado en otro dispositivo para pedir códigos de verificación.
  3. Soporte de WhatsApp: Ante la consulta “Ha tenido un inconveniente con su cuenta… necesitamos inhabilitar al otro dispositivo” conseguían las autorizaciones necesarias para poder hackear la cuenta sin inconveniente, solo con información aportada por la víctima vía mail o teléfono.
Desbarataron un call center tumbero luego de una estafa a dos jueces.

-Estafador: Hola. Buenos días. Soporte técnico de Movistar, ¿ha tenido algún inconveniente en su cuenta?

-Víctima: Sí, he tenido inconveniente. Me han llamado de Andreani y bueno…

-Estafador: Hemos detectado una alerta inusual en el sistema donde el número se ha registrado y verificado en otro dispositivo. ¿Se había comunicado con usted? ¿Alguna propaganda?

Desde la cárcel, los estafadores hacían 30 llamados por día.

-Víctima: Claro. Y lo han enviado, ahora no puedo entrar a mi WhatsApp.

-Estafador: Claro. Le han enviado seis números divididos por un guion y usted se lo ha corroborado a estas personas en voz alta.

-Víctima: En voz alta, sí, señor.

-Estafador: Claro. A raíz de eso a usted le han clonado y verificado su cuenta. Usted no tiene que compartir ningún dato personal ni menos códigos de seguridad. Sí.

-Víctima: Correcto. Dígame qué hago.

-Estafador: Ahora lo que le vamos a enviar es la recuperación de su cuenta, sí, para poder recuperar su cuenta y la privacidad en ella.

Así empezó un engaño que terminó en un intento de estafa y en una investigación judicial, en manos Patricio Ferrari, Fiscal General Adjunto a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en la Investigación de Ciberdelitos de San Isidro y de la DDI de la misma jurisdicción.

En otra conversación, uno de los jueces increpa al delincuente: “¿Qué te llevaste vos? Todo lo del WhatsApp. Porque se Me borró todo el WhatsApp. Me chorearon todo, hermano. ¿Qué pasó?“. Y del otro lado responden: “No, no, no. ¿Cómo le chorearon todo, señor?”

“Claro, usted no tiene que compartir ningún dato personal ni menos códigos de seguridad porque a raíz de eso vienen las estafas virtuales”, lo “reta” el delincuente en otro intercambio.

“Sí, claro, claro. Y yo caí y encima soy encima soy abogado. Qué boludo que soy”, se lamenta la víctima.

En otro intento, cuando ya habían detectado la farsa, antes de cortar el delincuente ofuscado le respondió: “Igual la hackeé, boludo”.

De la investigación por el hackeo al juez Cayuela y el intento a su colega, se desprendieron escuchas telefónicas que lograron identificar a otras cinco víctimas de la organización delictiva.

La investigación

Imputaron a tres personas y secuestraron seis teléfonos.

Tras la denuncia, la fiscalía ordenó pericias para rastrear los teléfonos utilizados para cometer la estada, analizaron antenas, números de serie de los equipos usados y los entrecruzaron con bases de dato de las compañías de telefonía celular.

Así, determinaron que a las siete víctimas las habían contactado desde una antena ubicada en Ruta 11 frente al Penal Magdalena. Esa antena tiene un radio de cobertura de 800 metros y alcanzaría a las Unidades Penitenciarias N° 28, 35 y 36.

Allanaron la unidad 35 del penal de Magdalena .

Luego, pidieron a las compañías que informaran todos los números que habían sido utilizados en el teléfono con ese número de serie (IMEI). Así detectaron que ese equipo era usado habitualmente por una línea registrada a nombre de quien sería el líder de la organización.

Así identificaron a Gabriel Nicolás Giménez (26) y lo ubicaron en la unidad N°35, donde está alojado desde marzo de 2023. Fue así que hubo un allanamiento en el pabellón siete donde secuestraron seis teléfonos, dos cargadores y una tarjeta SIM.

Tres presos fueron detenidos.

Además, imputaron a Juan Manuel Acuña (32) y Facundo Ponce (28) como cómplices de Giménez porque compartían la celda desde donde operaban y participarían de la la ejecución de los llamados.

Giménez tiene una condena de 3 años y 9 meses por el delito de robo doblemente agravado por el uso de arma de fuego, cometido en poblado y en banda, en grado de tentativa y otra a 10 años por robo agravado por uso de arma de fuego y portación de arma de guerra.