La prestigiosa revista The Lancet publicó este miércoles una retractación sobre un comentario anónimo publicado en 1977 que indicaba que un popular talco del laboratorio Johnson & Johnson no era perjudicial para la salud. Ahora confirman que ese mensaje fue escrito por una persona pagada por la farmacéutica.
The Lancet recuerda que “en diciembre de 2024, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) publicó una propuesta de reglamento sobre las pruebas para detectar la presencia de asbesto en el talco cosmético, lo que habría representado un gran avance para la salud pública. La metodología propuesta garantizaría a los consumidores que el talco cosmético utilizado en diversos productos de consumo estaba libre de asbesto”.
Este reglamento habría supuesto un importante avance en el esfuerzo de casi medio siglo por eliminar una fuente clave de enfermedades relacionadas con el asbesto que afectan a generaciones. Sin embargo, el 28 de noviembre de 2025, la FDA cambió de rumbo y retiró la propuesta.
“La FDA intentó regular el asbesto en el talco cosmético por primera vez en la década de 1970. Este intento provocó una enérgica respuesta de la industria cosmética, que utilizaba talco en diversos polvos corporales, para bebés y de baño, así como en cosméticos”, recuerda The Lancet.
De hecho, la oposición de la industria cobró legitimidad cuando la propia revista publicó un comentario anónimo en 1977 que afirmaba que no había necesidad de regulación porque la industria cosmética tanto en EE.UU. como en el Reino Unido había garantizado que sus productos estuvieran prácticamente libres de fibras de asbesto.
“Documentos recientemente publicados muestran que el comentario de The Lancet fue escrito por un consultor remunerado de Johnson & Johnson, uno de los principales fabricantes mundiales de productos cosméticos de talco”, dice ahora la revista y agrega: “Durante el casi medio siglo transcurrido desde la publicación del comentario de The Lancet, millones de hombres, mujeres y niños han estado expuestos al talco cosmético contaminado, un material que podría haber causado un número incalculable de casos de asbestosis, mesotelioma y cáncer de pulmón”.
The Lancet recuerda que “desde principios de la década de 1970, cuando se planteó por primera vez la amenaza del amianto en el talco cosmético, la industria cosmética se ha opuesto a los esfuerzos por regularlo presionando al gobierno estadounidense, realizando campañas de relaciones públicas dirigidas a los consumidores y utilizando la ciencia y a los científicos para obstaculizar las iniciativas regulatorias”.
La medición de bajos niveles de exposición al amianto era un tema importante para la industria cosmética por dos razones principales. “Primero -dice The Lancet-, los polvos para bebés y corporales, junto con muchos cosméticos, se encontraban entre sus productos más rentables y populares, y, al menos desde la década de 1930 en adelante, se sabía que gran parte del talco extraído contenía partículas asbestiformes, ya que varias formas de amianto y talco se extraían a menudo en las mismas formaciones geológicas”.
El segundo motivo es que “en la década de 1960, se comprendió que incluso las cantidades más pequeñas de amianto podían causar mesotelioma, cáncer de pulmón y asbestosis; anteriormente, los peligros del amianto en el talco sin refinar se habían considerado una amenaza principalmente para los mineros y procesadores de talco”.
La FDA propuso metodologías de medición y estándares para garantizar que el talco cosmético prácticamente no contuviera amianto. Esta propuesta dio lugar a una larga disputa entre la FDA y los fabricantes de cosméticos sobre si la industria debía estar regulada a nivel federal o autorregularse.
Mientras esa disputa tenía lugar, la industria también buscaba influir en el discurso público y médico. “La industria recibió un gran impulso de The Lancet en 1977, cuando la revista publicó un comentario anónimo sobre el potencial del asbesto en el talco cosmético para causar cáncer y otras enfermedades mortales”, dice ahora la revista.
“El comentario concluía: ‘No hay razón para creer que la exposición normal del consumidor al talco cosmético haya provocado en el pasado cáncer en ningún lugar o una pérdida medible de la función pulmonar. Parece improbable que la exposición futura al talco cosmético con las especificaciones ahora acordadas por los principales fabricantes represente un riesgo para la salud’”.
La revista admite en su artículo publicado este miércoles: “Este comentario anónimo se ha utilizado para justificar la comercialización continua del talco cosmético durante casi medio siglo. Desde la década de 1970, se han presentado numerosas demandas multimillonarias por la muerte de mujeres a causa del cáncer de ovario y de hombres y mujeres a causa del mesotelioma. En estas demandas, los abogados defensores presentaron el comentario de The Lancet como prueba de que la comunidad médica consideraba que el talco cosmético era seguro en aquel momento”.
Finalmente, la revista dice que “este comentario anónimo influyó tanto en evitar la regulación federal del asbesto en el talco cosmético en la década de 1970 como en demandas más recientes que buscan responsabilizar a los fabricantes de cosméticos por enfermedades y muertes. Gracias a los documentos publicados durante el proceso de descubrimiento de pruebas en estas demandas, ahora sabemos que el comentario de The Lancet no fue escrito por los editores de la revista, sino por Francis JC Roe, un reconocido investigador del cáncer y consultor remunerado no reconocido de Johnson & Johnson”.
Los editores de The Lancet explican que “Gavin Hildrick-Smith, entonces director médico de Johnson & Johnson, escribió un memorando interno privado que destacaba la importancia de la exoneración del talco cosmético por parte de Roe: ‘Se espera que este editorial en una revista de distribución mundial ayude a disipar las inquietudes de funcionarios gubernamentales, médicos y público en general respecto al riesgo para la salud que representa el talco cosmético’.








