Irán ha lanzado dos misiles balísticos contra Diego García, la base militar conjunta de Estados Unidos y el Reino Unido a casi 4.000 kilómetros de distancia, en medio del océano Índico, según la agencia estatal Mehr. Ninguno ha alcanzado la estratégica base: uno falló en vuelo, mientras que un buque de guerra estadounidense disparó un interceptor contra el segundo, aunque no está claro si lo derribó, de acuerdo con el diario The Wall Street Journal, que adelantó la noticia.
El disparo, que tuvo lugar el viernes, supone en cualquier caso una escalada y un mensaje de Teherán: revela un alcance de sus misiles que no había reconocido; supone su primer uso operativo de misiles balísticos de alcance intermedio (IRBM, en sus siglas en inglés); extiende los ataques mucho más allá de Oriente Próximo, el escenario principal de esta guerra; y cumple la amenaza contra Reino Unido por permitir a EE UU el uso de sus bases aéreas, entre ellas Diego García. Todo mientras el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, anuncia un incremento “significativo” de los ataques en Irán, en particular contra infraestructuras a partir de este domingo.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aseguró el mes pasado que su país había limitado voluntariamente el alcance de sus misiles a 2.000 kilómetros, suficientes para llegar a Israel y a bases de EE UU en países árabes del Golfo, pero no al Índico. Los expertos militares daban por hecho hasta ahora que Irán poseía proyectiles que llegaban a los 3.000 kilómetros, además de los hipersónicos, como el Fattah-2 que presentó en 2023.
En la tabla de capacidades balísticas de Irán, Iran Watch, parte del Proyecto Wisconsin sobre el Control de Armas Nucleares, cita como “operativos” tres modelos (Simorgh y Ghaem-100) que alcanzan los 4.000 kilómetros. Un tercero, Zuljanah, figura como ya testado. Otra opción es que aligerase proyectiles de menor alcance que ya ha lanzado, de forma que llegasen a Diego García, que está a unos 3.800 kilómetros de Irán.
Amenaza
Situada en una isla remota bajo soberanía británica en el Índico, Diego García es una base estratégica en la que Estados Unidos tiene cazabombarderos, submarinos nucleares y destructores de misiles guiados. Precisamente, Araghchi había advertido al primer ministro británico de que estaba “poniendo en peligro vidas británicas al permitir que las bases del Reino Unido se utilicen para agredir a Irán”.
El Índico es un océano simbólico, además, porque ya Estados Unidos trasladó allí el conflicto, el pasado día 4. Hundió un buque de guerra iraní con un torpedo en aguas internacionales, matando a 84 personas (enterradas esta semana en Irán en medio de una multitud). Hay aún 20 desaparecidos de la tripulación.
En los últimos días, las palabras y los hechos van por caminos distintos. El presidente de EE UU, Donald Trump, aseguró en la víspera que está “muy cerca” de cumplir los objetivos en la guerra; y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, un día antes, que terminará “antes de lo que la gente cree”.

Los hechos son que los combates no cesan, con Washington mandando 2.500 marines en dirección al estrecho de Ormuz, Irán disparando por primera vez al Índico y el ejército estadounidense (Israel se ha desmarcado) bombardeando la planta nuclear de Natanz, que ya fue objetivo en esta guerra y en la anterior del año pasado.
Tras recibir notificación del bombardeo, la Agencia Internacional de la Energía Atómica ha constatado que no han aumentado los niveles de radiación y su director, Rafael Grossi, ha pedido “contención para evitar cualquier peligro de accidente nuclear”.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkián, ha respondido este sábado indirectamente a Trump, cuando señaló que no ve sentido a un alto el fuego porque está “destrozando” al contrincante. Pezeshkián ha señalado que el fin de la guerra en Oriente Próximo pasa por dos condiciones que, en este momento, suenan muy poco realistas: el “cese inmediato” de los ataques de Estados Unidos y de Israel, y “garantías de que no se repetirán en el futuro”.








