Conmocionante noticia del mundo de la música nacional: esta madrugada murió Daniel Oscar Buira, destacado baterista de Los PIojos, y con larga trayectoria además como productor musical y creador de ‘La Chilinga’, escuela de percusión que tenía centenares de alumnos en Morón y otros lugares del conurbano.
Su deceso fue anticipado por la agencia Noticias Argentinas y las causas no están claras, solo trascendió que “se descompensó en horas de la madrugada”, lo que hace pensar posiblemente en algún problema cardíaco o vascular, y pese a que intentaron reanimarlo, falleció poco después. Tenía 54 años.
La historia de Buira con Los PIojos arrancó con la formación misma del grupo, en 1988, y luego de algunos conflictos internos se terminó alejando en 1995, para crear la escuela de percusión La Chilinga, inicialmente en Morón, pero que luego extendió sus sedes a Florencio Varela, Quilmes, Villa Bosch y El Palomar.
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Llamado desesperado al 911
Según se indicó, el baterista se encontraba en la sede de Morón de su “Escuela de Percusión La Chilinga”, cuando desde ese lugar llamaron de manera desesperada al 911, no trascendió si fue el propio Buira o algún allegado, pidiendo asistencia médica “porque no podía respirar”.
Buira, se sabe ahora, sobrellevaba un cuadro de asma de mucho tiempo, e inicialmente sus allegados pensaron que el ahogo podía tratarse de un cuadro derivado de esa dolencia crónica. Sin embargo el tema escaló y cuando los efectivos policiales hallaron al músico en un patio interno de su escuela de percusión. Enseguida perdió el conocimiento y cuando arribaron los médicos de urgencia del SAME intentaron algunas maniobras de reanimación, pero todo fue en vano y Buira estaba muerto.
El Ministerio Público Fiscal bonaerense puso en marcha las pericias de rigor, y actúa en el triste caso la UFI 8.

La batería, una compañera inseparable
Buira fue parte fundamental de “Los Piojos” desde los comienzos de la banda, convirtiéndose en el pilar rítmico inconfundible del grupo, y participó en la grabación de innumerables discos, muchos de ellos emblemáticos del rock nacional. Entre esos puede contarse a “Chactuchac” (1992), “Ay ay ay” (1994), “Tercer arco” (1996), “Azul” (1998) y “Verde paisaje del infierno” (2000), obras que marcaron a una generación y posicionaron a Los Piojos como la banda como una de las más convocantes durante los años 90 y principios de los 2000.
Buira fue parte de etapa e3n la Los Piojos llenaban estadios y festivales con multitudes, y entre esas postales resulta imposible olvidar los apoteósicos shows en River y muchas de las giras por todo el país. Siempre contaba que su estilo tenía una base de rock que mezclaba con percusión latinoamericana, y así se convirtió en un nombre infaltable, en toda charla que mencionara los mejores bateristas argentinos.
Tras alejarse de Los Piojos, Buira siguió ligado a la música a través de distintos proyectos y colaboraciones con diversos artistas, donde además de rock exploró ritmos y otros formatos, muchos ligados a lo exprimental. Su talento natural para la batería le permitía, en rigor, ser parte de múltiples proyectos.
Así en ‘La Chilinga’ se enseñaban también ritmos afro y latinoamericanos, impulsando el aprendizaje musical desde el lado comunitario y de compromiso social. No se indicó todavía, donde serán velados y sepultados sus restos.
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