Petróleo a 115 dólares golpea a las bolsas y reabre el temor a una inflación más persistente

Petróleo a 115 dólares golpea a las bolsas y reabre el temor a una inflación más persistente


La guerra en Medio Oriente sigue alterando precios, expectativas y estrategias de inversión al meterle presión a los precios de la energía. Este jueves 19 de marzo el petróleo se disparó encima de los 115 dólares, el gas europeo trepó con fuerza y las bolsas globales volvieron a caer después de que Irán intensificara sus ataques sobre infraestructura energética del Golfo, en una escalada que reavivó el temor a un shock de oferta con impacto global.

El dato que concentró la atención fue el avance del Brent, que superó los US$ 115 por barril, mientras el mercado evaluaba el alcance de los nuevos ataques y la posibilidad de que el conflicto se prolongue. El crudo de referencia internacional llegó a subir 6,8%, hasta US$ 114,72, mientras que el WTI avanzó 0,3% hasta US$ 95,75, según las cifras del cable de AFP.

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La suba del petróleo se produjo en medio de una nueva escalada militar. Teherán amenazó con atacar instalaciones energéticas regionales en represalia por un ataque israelí sobre un sitio vinculado a South Pars, el gigantesco campo gasífero que comparte con Qatar. Después, misiles iraníes impactaron en Ras Laffan, en territorio qatarí, uno de los principales centros mundiales de gas natural licuado, y también hubo ataques con drones sobre una refinería saudí en el Mar Rojo e incendios en otras dos instalaciones en Kuwait.

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El mercado leyó esos movimientos como una amenaza directa al suministro global. No sólo por el daño puntual sobre infraestructura clave, sino porque la guerra ya dejó bajo fuerte presión al Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y el gas que se comercia en el mundo. Cuando ese corredor entra en zona de riesgo, el precio de la energía deja de responder únicamente a la oferta y la demanda y empieza a incorporar una prima geopolítica.

El gas europeo llegó a subir hasta 35%, ante el temor de una disrupción mayor del suministro. En paralelo, las bolsas quedaron bajo presión. En Europa, Frankfurt y Londres perdieron cerca de 2%, mientras París retrocedió 1,7%. En Asia, el golpe fue más marcado: Tokio se desplomó más de 3%, y también cerraron en baja Hong Kong y Shanghái. En Wall Street, el Dow Jones ya había retrocedido 1,6% en la rueda previa.

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Lo que cambió no fue sólo el precio del petróleo, sino el marco de interpretación de los inversores. Hasta hace pocas semanas, la discusión principal giraba alrededor de cuándo empezarían los recortes de tasas en las principales economías. Ahora, el foco volvió a correrse hacia la inflación, con una preocupación renovada por el impacto que puede tener un encarecimiento persistente de la energía sobre los precios al consumidor, los costos logísticos y la actividad global.

Susannah Streeter, estratega jefe de inversiones de Wealth Club, sintetizó para la agencia AFP esa lectura al advertir que la perspectiva de “un conflicto más largo y prolongado” pasó a ocupar un lugar central, en la medida en que ambas partes intensifican los ataques a la infraestructura energética. Y agregó que el sentimiento negativo se expande rápido mientras los inversores intentan medir las consecuencias para la economía mundial.

También Dan Coatsworth, responsable de mercados de AJ Bell, describió a los bancos centrales en una suerte de compás de espera. Según esa visión, las autoridades monetarias están en un “estado de limbo” mientras observan si la crisis en Medio Oriente termina derivando en un shock inflacionario más duradero.

Ese punto es central. La suba del crudo no llega en un momento de desinflación consolidada, sino en una etapa en la que todavía persisten dudas sobre la velocidad y profundidad del proceso de baja de precios. De hecho, las preocupaciones se habían intensificado ayer, cuando se conocieron datos que mostraron que la inflación mayorista de Estados Unidos había subido más de lo esperado en febrero, incluso antes del salto más fuerte del petróleo.

La decisión de la Reserva Federal y de otros bancos centrales

En ese contexto, el mensaje de la Reserva Federal ganó todavía más peso. Luego de mantener sin cambios las tasas, Jerome Powell admitió que un mayor costo de la energía puede empujar los precios en el corto plazo. Pero al mismo tiempo dejó en claro que el impacto final todavía es incierto. “Estamos justo al principio de esto… simplemente no sabes lo grande que será esto ni cuánto durará”, dijo.

Si el shock energético es transitorio, el daño podría quedar acotado a unas semanas de volatilidad y una corrección de expectativas. Pero si la guerra empieza a afectar de manera sostenida el flujo de petróleo y gas, la suba de la energía podría volver a contaminar el resto de la economía y complicar los planes de relajamiento monetario.

Esa tensión ya aparece en la reacción de otros bancos centrales. El Banco de Japón mantuvo los tipos de interés y advirtió sobre la aceleración inflacionaria vinculada al auge del crudo. Antes, el Banco de la Reserva de Australia había subido su tasa de referencia y había señalado explícitamente el impacto de los “precios del combustible fuertemente más altos”. Para el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo, que también debían definir su política monetaria, el nuevo escenario agrega presión y reduce margen para mensajes más flexibles.

La lógica financiera indica que, con una energía más cara se avecina más inflación potencial. Más inflación implica menos espacio para bajar tasas. Y tasas altas por más tiempo suelen ser una mala noticia para las acciones, especialmente en un contexto en el que el crecimiento global ya muestra señales dispares.

Las implicancias de este contexto en la Argentina

Para la Argentina, el movimiento también tiene una doble lectura. Por un lado, un barril más caro mejora el contexto de precio para el complejo energético local. Por otro, un mundo con más inflación, tasas elevadas por más tiempo y mayor aversión al riesgo endurece las condiciones externas para los emergentes. La pregunta para el mercado local vuelve a ser la misma: si pesará más el beneficio de mejores precios energéticos o el costo financiero de un escenario global más incierto.

En este contexto, vale indicar que la guerra ya no está siendo leída sólo como un factor geopolítico. Empezó a ser procesada como una amenaza macroeconómica concreta. Cuando el conflicto toca petróleo, gas y rutas de suministro, deja de ser una historia regional y pasa a convertirse en un problema para la inflación, la política monetaria y el precio de los activos en todo el mundo.

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