Libros de y sobre Michel de Montaigne, por supuesto. Pero también dibujos, postales, remeras o cualquier clase de memorabilia que tuviera relación con el filósofo y humanista francés del siglo XVI. La colección de la escritora mexicana Isabel Zapata (Ciudad de México, 1984) no tiene nada que envidiarle a la que deben amasar con devoción las seguidoras de Taylor Swift o del galán del momento. Solo que la de ella, edificada con la ayuda de sus amigos y familiares, tiene en el centro a un pensador del Renacimiento al que acaba de dedicarle, además, un poemario titulado Montaigne, etc. (Rosa Iceberg), que tiene mucho que ver con Buenos Aires.
“Llegué a la Argentina con dos o tres poemas y, al volver a casa, tenía un libro casi terminado, al menos en cuanto a estructura”, recuerda ahora a Clarín a propósito de la obra por la que fue elegida para participar en 2024 en la Residencia de Escritores Malba (con el acompañamiento de Ampersand).
Zapata es autora de una obra delicada, que fue llegando a la Argentina a fuerza de lectores que la descubrían afuera y buscaban sus libros. Podía ser el extraordinario poemario Una ballena es un país (Almadía, 2019), el anfibio In vitro (Almadía, 2021) o la novela Troika (Almadía, 2024), entre otros, que ahora sí se encuentran en las librerías locales.
También es posible dar con un ejemplar color salmón de Montaigne, etc., que será, sin dudas, una experiencia diferente. Poemas sobre la vida de un hombre renacentista que un día de febrero de 1571, “a los 38 años, se retiró en una de las torres de su castillo, decidido a pasar el resto de su vida ‘consagrado a la libertad, a la tranquilidad y al placer’”, escribe Isabel Zapata.
Y desde la librería con café El Desastre, cerca de su casa en la Ciudad de México, mientras brilla el sol y su hija Aurelia acaba de encontrar medio cascarón en el pasto (“pensamos que cayó de un nido del árbol que nos da sombra”, aclarará la escritora), la autora de Montaigne, etc. se dispone a responder las preguntas de Clarín.
–Las cinco semanas de la residencia del Malba aparecen en las “Deudas y agradecimientos” de Montaigne, etc. ¿De qué manera concreta funcionó para vos ese espacio de escritura?
–La experiencia de pasar cinco semanas en Buenos Aires fue profundamente transformadora para mí. Para empezar, la residencia me dio el precioso regalo de poder pasar varios días seguidos completamente inmersa en mi trabajo, sin pensar en mucho más que escribir, procurarme alimento y dar largas caminatas por la ciudad, que en esos días estaba helada. Fueron semanas de completa concentración, durante las cuales avancé a un ritmo impensable en otras circunstancias. Llegué a la Argentina con dos o tres poemas, y al volver a casa tenía un libro casi terminado, al menos en cuanto a estructura. Me tomó unos meses darle cierre, pero el grueso del proceso ocurrió en esas cinco semanas. Por otro lado, en un sentido acaso menos práctico, la estancia en Buenos Aires también me ayudó a aproximarme al quehacer literario de manera diferente. Fue motivante asistir a lecturas, visitar librerías y museos, hablar a profundidad con mis colegas de allá. En ese tiempo leí copiosamente: Giannuzzi, Varela, Montalbetti, Scarabelli. Se trata de una atmósfera nutritiva y distinta a la que se vive en mi ciudad, de modo que mucho de lo que vi contribuyó también a la transformación que mencionaba antes. Conocer otros panoramas nos hace comprender hacia dónde queremos dirigir nuestro trabajo y de qué manera.
–Contás que, en 2011, el profesor Dmitri Nikulin te hizo leer por primera vez a Montaigne en la New School for Social Research. ¿Cómo fue ese primer contacto con su obra, qué es lo que te tocó tan profundamente que te trajo, tantos años después, a este libro?
–El profesor Nikulin nos puso a leer a Montaigne como parte de una clase sobre la creación del sujeto moderno, cuya tesis principal era que Descartes, Pascal y Montaigne eran tres de los filósofos que más habían contribuido a este proceso. Los leímos a los tres, pero el acercamiento a Montaigne me impactó con particular fuerza. Sentí que de esas páginas salí otra, como sucede a veces con ciertos libros que se vuelven inolvidables. Al terminar el semestre me di a la tarea de leer los Ensayos completos nuevamente, y al final de la maestría decidí escribir mi tesis sobre el concepto de tolerancia en su obra. Se volvió una especie de obsesión, y esa obsesión culminó con este libro.
La escritora mexicana Isabel Zapata en la casa de la Residencia del Malba. Foto: Felipe Bozzani, gentileza REM.–Es posible imaginar una biografía, un ensayo, una reedición anotada sobre Montaigne, pero ¿un poemario? ¿Por qué la poesía, Isabel, y por qué la poesía justamente para Montaigne?
–Yo misma me he hecho esta pregunta más de una vez. Durante todos los años que este libro estuvo dándome vueltas en la cabeza, primero como un cosquilleo y luego como algo más serio, pasó por diferentes formas. Ya había escrito sobre Montaigne desde un punto de vista académico para la tesis de la maestría, así que tenía ganas ahora de abordar el tema con más libertad, por decirlo de algún modo. Primero pensé en el ensayo, que quizá hubiera sido el acercamiento más natural, pero lo descarté rápido. Quería hablar de él de manera más indócil y despeinada, con una variedad de voces, en una especie de ejercicio coral que la poesía permite maravillosamente. Además, me interesaba el reto de escribir poesía metrificada; quería darle al libro cierta música. En este proceso es importantísimo mencionar el diálogo que entablé con Daniel Lipara, maravilloso poeta (y amigo) argentino con el que trabajé las versiones finales de cada uno de los poemas, y de quien he aprendido muchísimo.
–El poemario es, también, una mirada coral sobre Montaigne: hablan sus amigos y sus familiares en los poemas que se suceden. ¿Por qué elegiste este formato para abordar su recorrido?
–Opté por el formato coral porque quería hablar de Montaigne, pero no solamente desde su propia voz. Quería hacer un retrato, no un autorretrato (eso ya lo hizo él espléndidamente). Para acercarnos a un personaje así, tan canónico, tan intocable, hacía falta el punto de vista de más personajes: sus padres, sus amigos, sus detractores incluso. Así pude escribir con más soltura, abordando ciertas contradicciones y puntos de tensión. Me parecía una mirada más rica, con mayor textura.
–Por momentos, los poemas dialogan con hechos o circunstancias de la vida de Montaigne que anotás en los márgenes. Son en ocasiones asuntos pequeños: cólicos renales, la caída de un caballo… ¿Con qué criterio fuiste eligiendo esos momentos y por qué esos y no otros para establecer esa conversación?
–Ese fue un dilema que me rondó por largo tiempo. Sabía que el tema que quería abordar podría resultar un poco críptico, puede que árido, para aquellos que no estuvieran familiarizados con la vida y obra de Montaigne, o a quienes quizá ni siquiera les interesara para empezar. Pero mi intención no era escribir un libro solo para conocedores de su filosofía, sino detectar en ella los elementos que nos interpelan como seres humanos de manera más general, y en cuya vigencia tengo absoluta confianza. ¿Cómo incorporar ciertas notas sobre el contexto sin que eso hiciera la lectura demasiado pesada por su afán explicativo? Para ello escribí una nota a la persona lectora, en alusión en parte a la célebre advertencia al lector con la que el propio Montaigne abre sus Ensayos. En ella hice un breve esbozo biográfico, algo muy somero, y luego, con las anotaciones al margen –oficialmente llamadas didascalias en el terreno de la dramaturgia–, añadí algunas precisiones pertinentes en momentos determinados de cada poema. Me pareció que eso haría la lectura más fluida sin resultar chocante o estorboso.
La escritora mexicana Isabel Zapata en la casa de la Residencia del Malba. Foto: Felipe Bozzani, gentileza REM.–Al leer los poemas que conforman el diario de Marie, sucede un fenómeno de lectura singular: es difícil pensar en una Marie, porque aparecés en vos, como si vos fueras esa amiga. ¿Hay una voz de todas las que fuiste creando que sintieras que era más “la tuya” (aunque todas lo sean, evidentemente)?
–Yo creo que estoy en cada una de las voces del libro, y en ninguna. La identificación con Marie es muy inmediata, claro: una mujer joven con inquietudes intelectuales que quedó encantada al leer los Ensayos por primera vez y que dedicó buena parte de su vida a pensar en ellos. Sin embargo, también volqué parte de mí en el mismo Montaigne, con sus dudas y tribulaciones, o en la voz de la madre que lo vio crecer llena de amor, pero sin entenderlo cabalmente (¿no nos sucede eso a todas las madres en algún sentido?). Hablo con el afecto que su familia y amigos sintieron por él, pero también desde la irritación de quienes no estuvieron del todo de acuerdo con sus posturas, porque yo misma lo he retado, me ha hecho enojar, nos hemos reconciliado como cualquier par de amigos cercanos.
–“La verdad habla bajito y la tinta alza el volumen, ése es el problema de los libros”, dice Antoinette (decís vos). ¿Cuál es la verdad que busca este poemario? Y algo más: ¿sentís que lograste acercarte a esa verdad?
–Con esa idea de Antoinette quise referirme al hecho de que Montaigne era un fantástico mentiroso. Hay mucho de lo que él dice en los ensayos que ha sido históricamente contrastado con la realidad, y donde sale a flote lo mucho que hay de ficción en el recuento que hace de su propia vida, como a fin de cuentas nos sucede a todos. El detalle es que “su verdad” quedó plasmada en unos libros, y que esos libros se convirtieron en una de las obras cumbre de la literatura universal. Por eso su madre se queja. La verdad que busca este libro no existe, por supuesto, o en todo caso existe nada más en cuanto a mi propio entendimiento de Montaigne: lo que los Ensayos hicieron en mí. Y tal vez ni para eso alcance.
–Le agradecés la edición a Marina Yuszczuk: ¿cómo fue ese proceso de edición?
–Marina es una editora fabulosa, metódica, con un enorme sentido de la belleza y de la generosidad. Trabajar textos con ella es de las experiencias más estimulantes que he vivido como autora, porque su ojo es mágico y mira más allá de lo aparente.
Isabel Zapata básico
- Nació en Ciudad de México, en 1984.
- Es autora de los libros Una ballena es un país (Almadía, 2019), Alberca vacía (Argonáutica/UANL, 2019, reeditado por Lumen en 2022) e In vitro (Almadía, 2021).
La escritora mexicana Isabel Zapata en la casa de la Residencia del Malba. Foto: Felipe Bozzani, gentileza REM.- Alberca vacía está disponible en la Argentina como Maneras de desaparecer (Excursiones, 2022).
- En 2015 fundó Ediciones Antílope con cuatro amigas.
Montaigne, etc., de Isabel Zapata (Rosa Iceberg).








