Jonathan Brill (Boston, 52 años) se muestra fascinado cuando pasa por Miami, Chicago, San Francisco o Los Ángeles y ve robots “parecidos a R2-D2″ repartiendo pizzas, en referencia al droide azul y blanco de la saga de Star Wars. “Todavía no estamos entendiendo el impacto que va a tener la robótica y otros avances tecnológicos en los siguientes años”, señala el futurólogo —así se llama su cargo— de Amazon en una entrevista con EL PAÍS realizada la semana pasada en Madrid.
En estos viajes por ciudades de Estados Unidos, Brill no solo asesora al gigante del comercio electrónico sobre futuras tendencias, sino que también da charlas con el fin de que “empresas y organizaciones sepan cómo va a ser el mundo en cinco años y aconsejarlas para estar lo mejor posicionadas posible para afrontarlo”, sostiene. Para entender el impacto que tendrá la inteligencia artificial (IA) en el corto plazo, destaca que actualmente realiza el 20% de las tareas laborales pero “en el próximo lustro hará el 80%”. Este contexto es nuevo para las compañías y por ello ha escrito, junto al director de la firma de innovación New Markets Advisor, Stephen Wunker, el libro La IA y la organización pulpo, publicado en octubre en español. También está preparando un nuevo volumen para que las empresas sean capaces de adaptarse a esta revolución.
La IA, que la mayor parte del mundo descubrió con el lanzamiento de ChatGPT, el 30 de noviembre de 2022, “es una tecnología que se lleva construyendo 70 años y finalmente ha madurado”, señala Brill, que se licenció en diseño industrial en la universidad privada Pratt Institute, en Nueva York. De momento, sigue avanzando, y el futurólogo de Amazon predice que el siguiente paso es que siga desarrollando su capacidad para programarse por sí misma, sin intervención humana. Ya hay ejemplos prácticos que apuntan en esta dirección. En 2024, el modelo de IA The AI Scientist, desarrollado por la empresa japonesa Sakana AI, fue capaz de cambiar por sí sola su propio código para burlar las restricciones que le habían impuesto sus desarrolladores. En enero de 2025, un grupo de investigadores de la Universidad de Fudan, en Shanghái (China), pidieron a dos modelos de lenguaje de Meta y Alibaba que se replicaran y lo hicieron con un éxito de entre el 50% y el 90%.
Ante los riesgos en el empleo que genera esta tecnología, Brill, que también es investigador principal del Instituto de Nuevo Crecimiento de China de la revista científica Harvard Business Review, se muestra optimista: “Que la IA haga más tareas no implica que vaya a destruir empleos”. Así, contrapone esta idea con que “ahora los trabajadores hacen mejor su trabajo, labores más creativas y que aportan más valor a las empresas”. Para ejemplificar el impacto de la IA en este ámbito, el futurólogo de Amazon afirma: “En los próximos años cualquier trabajador será 30 veces más listo que Einstein gracias a la IA”. Para poner cifras a este fenómeno, un estudio publicado en diciembre por el Instituto Universitario Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN) de la Universidad Politécnica de Valencia revela que alrededor de dos de cada 10 empleos en España están ya expuestos a la IA. Los autores de este informe señalan que esta afectación no implica necesariamente la sustitución o pérdida de empleo, sino cómo puede transformar o modificar las tareas.
Si se le pregunta a Brill que vaya un paso más allá y determine qué nueva revolución tecnológica va a dominar el mundo en los próximos años, asegura sin titubear que será la computación espacial. “Todavía parece ciencia ficción, pero ya hay medios de comunicación que están hablando de ello”. Esta tecnología no está relacionada con la exploración del espacio exterior, sino con el procesamiento avanzado de datos que fusiona lo físico y digital. Un ejemplo de esta interacción son las gafas de realidad virtual que han desarrollado grandes empresas como Meta o Apple.
“Guerra por los recursos”
Brill, que también ha asesorado a otras grandes compañías tecnológicas como HP y a diversos organismos como el Servicio Secreto o el Departamento de Estado de EE UU en temas de IA y defensa, vaticina: “El próximo punto de conflicto geopolítico será el canal de Panamá”. En su discurso de investidura en enero de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió a este asunto. “China está operando el canal de Panamá, pero no se lo dimos a China. Se lo dimos a Panamá, y lo vamos a recuperar”, advirtió. Trump se refiere al acuerdo firmado por el expresidente del país norteamericano Jimmy Carter en 1977, cuando decidió ceder el control de esta infraestructura al país centroamericano. En varias ocasiones, Trump ha acusado a Panamá de dejar a China operar esta infraestructura, algo desmentido por el presidente del país, José Raúl Mulino.
El futurólogo de Amazon destaca que la lógica que utiliza Trump para justificar las recientes intervenciones en Venezuela e Irán es puramente geoestratégica y de lucha por los recursos energéticos. “La operación en Venezuela significa imponer restricciones energéticas a China. La guerra en Irán supone las mismas limitaciones para la potencia asiática y la India. Permitir que drones ucranios impacten en infraestructuras gasísticas y petrolíferas también es establecer límites a las capacidades de Rusia”.
Más a largo plazo, Brill señala que en los próximos años China e India van a experimentar un gran crecimiento económico, “para lo que van a necesitar materias primas”. En su opinión, esto va a desencadenar “una guerra por los recursos naturales”. Por ello, estima que el “verdadero desafío del futuro es cómo coexisten pacíficamente EE UU y las dos potencias asiáticas”. En cuanto al papel de la Unión Europea en este escenario de inestabilidad geopolítica y carrera por la IA, el futurólogo de Amazon apunta que la solución es “más federalización y mejorar su capacidad industrial”, además de seguir las recomendaciones de los informes publicados por los ex primeros ministros italianos Mario Draghi y Enrico Letta, que piden inversiones masivas y reducir dependencias estratégicas.
Todos estos movimientos geopolíticos, matiza Brill, son la antesala de la conformación del orden mundial en el que las nuevas tecnologías tendrán un papel fundamental. “EE UU ha hecho su primer gran movimiento. China moverá su torre. India su alfil”. Y sentencia: “¿Puede la UE permitirse ser un observador pasivo en este contexto?”.







