La relación entre música y color, tan explorada desde la antigüedad en sus distintos aspectos, tiene un nuevo eslabón en el ensayo breve El color en la música: una quimera, de Margarita Fernández.
Cercana a cumplir 100 años, vital y tan fuera de las reglas como ya es regla en ella, Fernández (pianista, docente, influencer avant la lettre para varias generaciones atraídas por la música de los siglos XX y XXI, nacida en Buenos Aires en 1926) da a conocer un nuevo trabajo que, al mismo tiempo, da cuenta de la profundidad de su pensamiento, la amplitud de su cultura y la brillantez de su inteligencia.
Luz Fernández Ediciones, sello que ya había publicado en 2023 Dos Garbo: cine y demonio (de la misma Margarita Fernández), ofrece esta reflexión en un formato cuyas diminutas dimensiones físicas hacen aún más preciosa su belleza.
Las conexiones de la música
Especialista en descubrir, revelar y profundizar conexiones entre la música y otras disciplinas, en este trabajo la pianista se adentra en el tema del título estableciendo un diálogo entre dos obras casi contemporáneas, aunque de autores prácticamente opuestos en sus estéticas y posturas frente al arte: el cuento “La metamúsica” de Leopoldo Lugones y Farben, una de las Cinco piezas para orquesta op. 16 de Arnold Schönberg (escritas en 1909 y estrenadas tres años después en Londres). Para que la proximidad sea para el lector más fácil de establecer, el ensayo tiene como apéndice el cuento de Lugones en su versión completa.
Medium, el documental de Edgardo Cozarinsky, es un retrato de la maestra Margarita Fernández. Foto: archivo Clarín.Las fuerzas extrañas, colección de relatos a la que pertenece “La metamúsica”, fue escrita a la luz de las conexiones del autor con las ciencias ocultas y la teosofía (en 1898, poco después de llegar a Buenos Aires, el escritor cordobés había ingresado a la Sociedad Teosófica Argentina, más precisamente a la Rama Luz, de la que más tarde será secretario general).
En una combinación fascinante de este aprendizaje con la influencia de la literatura fantástica y el amor por lo sobrenatural, Lugones aborda diversos temas y plantea desarrollos tan intrincados como terribles pueden resultar sus desenlaces.
El cuento “La metamúsica” (el “más allá de la música”) relata el encuentro del narrador con su amigo Juan, hombre de familia acomodada aunque empobrecido por las circunstancias, que dedica todos sus esfuerzos a la construcción de un instrumento destinado a hacer visibles los colores de la música, (en el sentido más científico del término), a transmutar el sonido en color.
Tres años después de la publicación de Las fuerzas extrañas, Schönberg (nacido en 1874, apenas tres meses después que Lugones) escribió en Viena sus Cinco piezas para orquesta, en las que llevó a la orquesta su enunciación y exploración del atonalismo. Una de las más enigmáticas (para tomar prestado a Fernández el adjetivo) es Farben, en la que la búsqueda tímbrica no se limita al efecto sino que se amalgama con un planteo armónico absolutamente novedoso para su época. O, como la misma Fernández dice, “un eje tendido entre dos deseos”.
“Cuando escuché Farben por primera vez tuve la impresión de que la pieza respiraba por el timbre. También tuve la impresión de que ante ella no se abría un camino, sino un espacio estructurado para manifestar un tipo de presencia colorística sonora. No obstante lo cual, si la escucha se disponía a entregarse a un puro placer tímbrico, era posible que la pieza la decepcionara”, afirma la autora.
En efecto, la estructura de acordes genera un efecto de inspiración y expiración potenciado por la alternancia de timbres, y en él radica su tensión dramática y su principal atractivo.
“Melodía de timbres”
El término “Klangfarbenmelodie” (generalmente traducido al español como “melodía de timbres”, o “tone-color melody” en inglés) fue enunciado por Schönberg en su Tratado de armonía publicado en 1911, sólo dos años después de la composición del opus 16, y está intrínsecamente ligado a este tipo de construcción.
Lúcidamente, Fernández destaca la paradoja de Farben, que, a su entender, elude simultáneamente dos posibles categorizaciones: la de ser “la impresionista del expresionismo” o “la expresionista del impresionismo”.
Margarita Fernández interpreta “Membrana” de Peter Ablinger en 2016. Foto: archivo Clarín.El color en la música no subraya con insistencia las conexiones entre ambas obras y ambos autores: completar esos nexos parece ser una tarea del lector después de haber escuchado con detenimiento la obra de Schönberg (a la luz del análisis de Fernández) y de haber leído el relato de Lugones. Fiel conocedora del arte de vanguardia, la autora sabe que es el receptor a quien corresponde transitar el círculo.
“¡Melodías de timbres! ¡Qué finos serán los sentidos que perciban aquí diferencias, qué espíritus tan desarrollados los que puedan encontrar placer en cosas tan sutiles! ¡Y quién se atreve aquí a aventurar teorías!”, decía Schönberg en el final de su Tratado. Margarita Fernández, alquimista de sonido y pensamiento, atrapa esencias y es capaz de revelar vínculos aparentemente casuales y desplegarlos en auténticas redes de sentido. De ir, como diría Lugones, más allá de la música.
El color en la música: una quimera, de Margarita Fernández (Luz Fernández Ediciones).








