António José Seguro, un socialista moderado que había estado retirado de la política más de una década, ha tomado posesión este lunes en Lisboa como nuevo presidente de Portugal. Lo hizo un mes después de derrotar en las urnas al candidato de ultraderecha, André Ventura, con cerca del 67% de los votos, buena parte de ellos procedentes de la derecha democrática que no deseaba abrir la puerta del palacio de Belém a una aventura populista. Y asume el cargo un tanto a contramano, cuando el orden internacional se está transformando debido a líderes que desdeñan el diálogo y el multilateralismo que el nuevo presidente portugués defiende.
“Vivimos tiempos de cambios profundos y rupturas. Se desmoronan pilares de nuestra organización internacional. La fuerza de la ley ha sido sustituida por el poder de los más fuertes”, describió antes de recurrir a la célebre frase de Thomas Hobbes (El hombre es un lobo para el hombre) para referirse al nuevo presente.
Sin citar en ningún momento ni guerras ni líderes concretos, Seguro reivindicó el pasado que ayudó en las últimas décadas a crear “prosperidad” y “estabilidad” gracias a la fijación de reglas, mecanismos de solidaridad, comercio internacional y estructuras de intermediación. Por contraste, el presente ha devuelto la guerra a Europa y ha intensificado la “competición geopolítica”. “Ningún país, por más preparado que esté, puede enfrentarse solo a esta realidad brutal”, advirtió antes de admitir que los países más vulnerables o codiciados por sus recursos no podrán protegerse con el derecho internacional o con organismos multilaterales como la ONU. Este nuevo tablero de juego, a su juicio, exige alianzas sólidas y que “no renunciemos al multilateralismo y a la resolución pacífica de los conflictos”.
A dos días de cumplir los 64 años, António José Seguro se ha convertido en el sexto presidente de la democracia elegido en las urnas y el tercero procedente de las filas socialistas, después de Mário Soares y Jorge Sampaio. Algo que nadie daba por hecho hace cuatro meses. Seguro se presentó contra el deseo de una parte de su propio partido y, en los primeros momentos, contra las preferencias del electorado. La primera encuesta publicada apenas le daba el 6% de los votos. Su estilo conciliador y el rechazo de la mayoría de los portugueses hacia el radical André Ventura, que aún así logró 1,7 millones de votos (el 33%), un nuevo hito electoral para el fundador de Chega, le ayudaron a lograr un respaldo histórico, que le convirtió en el candidato más votado en el medio siglo de democracia portuguesa.
Este lunes se detuvo especialmente en el saludo a Ventura para hacer visible su respeto institucional hacia el líder de la oposición, algo que también subrayó en su intervención al afirmar que tratará a todos los partidos por igual. Su relación con Chega será muy escrutada, después de las tiranteces que distinguieron la de su antecesor con la extrema derecha. Este lunes los diputados de Chega se comportaron, algo que comienza a ser infrecuente en las sesiones plenarias, aunque muchos no aplaudieron las alusiones a la defensa de la democracia.
António José Seguro será un jefe de Estado muy distinto del anterior, Marcelo Rebelo de Sousa, que una hora antes de la ceremonia oficial acudió a un supermercado próximo a la Asamblea de la República a comprar pan. Una espontaneidad que nadie espera en Seguro. Como tampoco nadie espera, después de que lo haya advertido varias veces, que hable “por todo y por nada” como acostumbraba su predecesor, que fue condecorado con la máxima distinción de la Orden de la Libertad por la tarde. Marcelo Rebelo de Sousa se mudará a California para dar clases como profesor invitado en una universidad.
En el mes transcurrido desde su victoria, Seguro se ha refugiado en un hermetismo que solo rompió este lunes en la Asamblea de la República. En el primer discurso que dio tras ser investido en una ceremonia a la que acudieron el rey de España, Felipe VI, y varios jefes de Estado de países lusófonos como el angoleño João Lourenço, el mozambiqueño Daniel Chapo o el timorense José Ramos-Horta, ofreció estabilidad política y se comprometió a evitar la inestabilidad electoral que ha distinguido a Portugal en los últimos cuatro años, con la celebración de tres elecciones anticipadas. “Haré todo lo posible por detener este frenesí electoral”, dijo antes de aclarar que la no aprobación de los Presupuestos del Estado no le llevarán a disolver el Parlamento, como hizo Marcelo Rebelo de Sousa en 2021.
Seguro indicó que pondrá el foco sobre los principales desafíos internos de Portugal (crisis de la vivienda y de la sanidad pública, bajos salarios, discriminación laboral de las mujeres, entre otros) y que se comprometerá con la justicia social. “Seré exigente con los responsables políticos para mejorar la vida de los portugueses”, afirmó.
En sus primeras palabras, agradeció la presencia del rey español y reiteró la voluntad de proseguir con la cooperación entre ambos países ibéricos. “Sé que ambos preferimos los caminos a las fronteras. Sinergias que unen territorios, aproximan a las personas y transforman la vecindad en una relación de amistad y cooperación”, destacó.
Las celebraciones oficiales se prolongarán hasta el martes, cuando el nuevo presidente se desplazará a Guimarães, Oporto y Mourísia, una pequeña aldea con solo 10 vecinos que fue muy castigada por los incendios del pasado verano y los temporales del invierno. Su elección como lugar destacado de las ceremonias es en sí misma una declaración de intenciones del estilo de Seguro, que prometió no olvidar el interior del país. Se suma a otros gestos simbólicos como la decisión de mantener su residencia oficial en su domicilio familiar en Caldas da Rainha, a noventa kilómetros de Lisboa.








