Las 10 pensadoras feministas más influyentes | Ideas

Las 10 pensadoras feministas más influyentes | Ideas


El feminismo es uno de los movimientos sociales y políticos que más ha cambiado el mundo en las últimas décadas. Estas son las pensadoras feministas vivas que más influyen en la actualidad, según una encuesta realizada entre filósofas, politólogas, periodistas, historiadoras y sociólogas, entre otros muchos ámbitos. La más votada ha sido Judith Butler, iniciadora de la teoría queer. En la lista están representadas otras corrientes del feminismo, desde el clásico al interseccional, demostrando la riqueza de unos debates que siguen contribuyendo a que la mitad del mundo recupere su posición en él y a que todo el mundo sepa cómo construir una sociedad más justa, más inclusiva, más abierta. / Carmen Pérez-Lanzac

Judith Butler

Cleveland (EE UU), 1956. Filósofa. Ha cuestionado ideas tradicionales sobre el género y ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer. Es autora de El género en disputa (1990) y de ¿Quién teme al género? (Paidós, 2024)

Por Sara Torres (Gijón, 1991), escritora y poeta. Es autora de El pensamiento erótico (2026) y de La seducción (2024), ambos en Reservoir Books.

El pensamiento feminista existe como conversación entre voces, saberes situados y prácticas de creación y resistencia. Ninguna de nosotras piensa sola, aunque las condiciones estructurales de enunciación y de transmisión hagan que algunas autorías sean mucho más visibles que otras. Judith Butler, la filósofa conocida por poner atención sobre la performatividad del género y la vulnerabilidad de la vida material interdependiente, es la elegida para encabezar la lista de las pensadoras con perspectiva feminista que más nos influyen. En un mundo globalizado y desigual, Butler nos llama a practicar la responsabilidad ética a escala global. Su propuesta rechaza la fantasía occidental de invulnerabilidad e independencia y está orientada hacia una defensa de la vulnerabilidad constitutiva de la vida, que precisa de protección y de alianzas. Esto nos lleva a la urgencia de actuación sobre los marcos ideológicos y las estructuras materiales que hacen que la vulnerabilidad de algunas vidas sea extrema a causa de la desigualdad y las estrategias de borrado y deshumanización por parte del poder.

Butler se ha mantenido crítica con el sionismo y ha respondido a la demanda ética que nos llega desde Palestina. Mónica Cano Abadía nos recuerda que la filósofa “mantiene su compromiso radical con una responsabilidad global que nos invita a responder al llamado ético del rostro del otro que sufre, y resistir a las lógicas que deciden qué vidas importan y cuáles no.” Inspirada por la obra de Lila Abu-Lughod, Butler ha editado también junto con Leticia Sabsay y Zeynep Gambetti el libro Vulnerabilidad en resistencia (2024, Bellaterra Edicions).

Nancy Fraser

Nacida en Baltimore, EE UU, en 1947, es filósofa y teórica feminista. Es autora de libros como Capitalismo caníbal (Siglo XXI, 2022) y Feminismo para el 99%. Un manifiesto (Rara Avis, 2019), escrito junto a Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya.

Por Aida Dos Santos (Algarve, Portugal, 1992), politóloga. Es autora de Hijas del hormigón (Debate, 2025).

A sus 78 años, la catedrática de Filosofía y Política de la New School de Nueva York es piedra angular del pensamiento interseccional. Su manifiesto coral de un Feminismo para el 99% supera los debates que dieron alas al uso coercitivo que ejerce el capitalismo sobre las diferencias de la numerosa y diversa clase trabajadora.

Su literatura académica bajó a nuestros barrios, reapropiándose de la manida metáfora del techo de cristal para mirar hacia todas aquellas mujeres de periferia que somos convocadas a limpiar los pedazos rotos cada vez que una feminista acomodada alcanza la misma posición que los hombres privilegiados para exprimir a la plantilla, a la ciudadanía, al 99%. Ha expuesto la trampa meritocrática del feminismo liberal que persigue cuotas de representación sin alterar las estructuras de desposesión del poder, y con ello, ha superado el debate entre reconocimiento y redistribución reclamando para todas la justicia social.

Al reinventar el concepto de huelga con su propuesta de paro internacional de mujeres, ha jaqueado un sistema legal que limita a los sindicatos el derecho a la convocatoria de los paros para devolverle al conjunto de las subalternas, tanto en el trabajo productivo como en el reproductivo, remuneradas o sin remunerar, la potestad de decir basta. Las huelgas tienen de nuevo la posibilidad de ser políticas desde la condición más íntima y personal de las mujeres que son víctimas de violencia sexual. El machismo, el racismo o el clasismo van más allá de las personas que lo sufren, son herramientas políticas al servicio del poder económico que nos incumbe a todas combatir.

Angela Davis

Esta filósofa y activista feminista, antirracista y marxista nació en Birmingham, EE UU, en 1944. Su libro más influyente es Mujeres, raza y clase (1981, Akal).

Por Irene Montero (Madrid, 1988), diputada del Parlamento Europeo y secretaria política de Podemos. Fue ministra de Igualdad entre 2020 y 2023.

Angela Davis dice que tenemos que actuar como si fuera posible transformar radicalmente el mundo, y tenemos que hacerlo todo el tiempo. También dice que tenemos que cambiar todas las cosas que no podemos aceptar, y no aceptar las cosas que no podemos cambiar.

De Davis admiro que sea una de esas personas que hace que las cosas buenas pasen y no espera a que las hagan los demás. Toda una vida de activismo antirracista y feminista, empezando por la universidad, de la que fue expulsada, y pasando por su militancia en las Panteras Negras y el Partido Comunista. Davis fue perseguida por el FBI y llegó a pasar un año de su vida en prisión, y a sus 82 años sigue participando activamente del movimiento feminista y siendo una referencia para todas las personas que creemos que un mundo mejor es posible. Recientemente recordaba, ante la victoria electoral de Donald Trump, que no podemos capitular ante la desesperanza de las victorias del fascismo y que tenemos que enfrentar esa decepción con esperanza infinita.

Angela Davis representa la mejor tradición democrática de la humanidad: que luchar contra las injusticias y por nuestros derechos es el primer paso para conquistarlos incluso cuando parece imposible, que organizarse con otras personas y militar es la forma que tienen los pueblos de conseguir los cambios que anhelamos, que el feminismo y el antirracismo protegen la democracia frente al fascismo y ya lo están cambiando todo. Mujeres, raza y clase es un texto de obligada lectura.

Cada vez que os digan que el feminismo ya no es necesario o que hemos ido demasiado lejos, recordad a Angela Davis diciendo que “el feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”.

Silvia Federici

Filósofa e historiadora marxista, nació en Parma, Italia, en 1942. Analiza el capitalismo desde la reproducción y el cuerpo de la mujer. Es autora de El patriarcado del salario (2018).

Por Carolina Meloni González (Tucumán, Argentina, 1975), filósofa y autora de La instancia subversiva (Akal, 2025).

Hay en los textos de Federici toda una memoria de luchas feministas, de cuerpos disidentes y desobedientes. Relatos de pasado y presente que cuajaron en las huelgas y revueltas que sacudieron el mundo, tras ese 8-M de 2018. Las nietas de las brujas no quemadas se siguen reclamando herederas de esa memoria resistente, de esa genealogía de indisciplinadas a las que la violencia patriarcal-capitalista quiso borrar del mapa.

Pensadora, historiadora, militante y activista antes que académica, Federici procede de esa tradición de feministas marxistas que nos han desplazado la mirada, reinterpretando la lucha de clases desde la llamada reproducción social y el patriarcado del salario. Enseña que la historia del capitalismo es siniestra. Y si Marx demostró que esta historia está teñida de robo y cercamiento, de fábricas y sudor alienado de obreros, ella expandió estas tesis a la esfera del espacio doméstico. La usina de las mujeres se localizó en sus úteros, en sus cuerpos cansados, en la crianza, en las cocinas. No es posible comprender la expansión del capitalismo sin mirar en su trastienda: el control férreo de la fuerza de trabajo de la mujer, disciplinada en la entrega absoluta, esclavizada en los cuidados, vigilada en la sexualidad y cercada en el hogar. Para Federici, la caza de brujas fue fundamental para que se cimentara el capitalismo. Bajo este régimen de terror, miles de mujeres fueron quemadas y sus sabidurías olvidadas por siempre.

Como profesora en Nigeria, comprendió que los procesos de despojo y acumulación capitalista son la esencia del sistema; se reactivan donde hay resistencia. No es casual que se hayan vuelto a reactivar, oscureciendo el horizonte bajo la tormenta reaccionaria y patriarcal que nos asola. Autoras como ella instan a afrontar el hostil escenario global, a reencantar el mundo, a ver que un sistema depredador como el capitalismo no es compatible con la vida y la justicia.

Rita Segato

La antropóloga argentina, nacida en Buenos Aires en 1951, ha estudiado el poder, el colonialismo y la violencia en libros como La guerra contra las mujeres (Traficantes de Sueños, 2017).

Por Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, Madrid, 2000), escritora. Estudió Filosofía y Filología Francesa en París. Su último ensayo es Melancolía. Metamorfosis de una ilusión política (Temas de Hoy, 2023).

Entender la vida intelectual sin entender a Rita Segato sería como tratar de explicar las conquistas del feminismo contemporáneo sin hacer mención a las Madres de Plaza de Mayo, o al pañuelo verde, o a #NiUnaMenos como símbolo mundial: Europa no es —ni debe creerse— tan protagonista de los presentes y futuros que el feminismo escribe. Hoy, que leemos horrores inconmensurables a propósito del caso Epstein, ¿cómo podemos eludir su explicación a través de aquello que Segato llama una pedagogía de la crueldad, captura y rapiña de la vida, su destrucción moral, conversión de personas en mercancía, transgrediendo un umbral cada vez mayor? ¿Cómo no, en un mundo de violencia a cielo abierto, dedicar atención plena a sus estructuras elementales?

Tras un ciclo político en el cual parte de la potencia transformadora del feminismo pareciera haberse visto disminuida tras su paso por las instituciones, al ser canalizada y absorbida por el Estado, toma fuerza la desconfianza con que hablaba de ellas una antropóloga como Rita Segato; igual que debemos, analizando la reacción antifeminista o la división ideológica en la juventud entre mujeres y hombres, atender a sus análisis sobre el mandato de la masculinidad y la cofradía masculina. No es de extrañar que en la pasada década Segato se convirtiera prácticamente en una heroína feminista, conversando junto a Judith Butler frente a miles de personas en la Biennal del Pensament barcelonesa de 2018. Lo mejor de ella es que sus enseñanzas no se han agotado y ya entonces eran críticas consigo misma. Esta profesora de la Cátedra UNESCO de la Universidad de Brasilia logró, al tocar la violencia desde su centro, señalar con claridad que los asesinatos en Ciudad Juárez, como hecho sistémico, podían constituir un femigenocidio. O criticar, a la contra, con un pensamiento incómodo, desde lo decolonial, todo cuanto aquí todavía damos por sentado.

Sara Ahmed

La ensayista britanicoaustraliana nació en Salford, Reino Unido, en 1969. Ha estudiado temas como el afecto, la felicidad y lo queer en libros como Vivir una vida feminista (Bellaterra, 2017).

Por Máriam Martínez-Bascuñán (Madrid, 1979), profesora de Teoría Política de la Universidad Autónoma de Madrid. Entre junio de 2018 y 2020 fue directora de Opinión de EL PAÍS. Su último libro es El fin del mundo común. Hannah Arendt y la posverdad (Taurus, 2025).

Sara Ahmed es una de las pensadoras más influyentes del feminismo contemporáneo, y lo es por una razón que va más allá de la academia: ha sabido nombrar experiencias que muchas personas reconocen pero que no tenían lenguaje para articular. Su figura de la feminist killjoy —la aguafiestas feminista, la que arruina la cena al señalar un comentario sexista o racista— captura algo esencial sobre el coste de decir la verdad en contextos donde el consenso se sostiene porque nadie lo interrumpe.

Ahmed parte de una intuición poderosa: estar orientado en el mundo es sentirse en casa. No tienes que pensar en cómo moverte, las puertas se abren como esperas, nadie te pregunta qué haces ahí. Ahmed extiende eso al mundo social: hay personas que se mueven por las instituciones como si estuvieran en su casa, y otras que sienten cómo el espacio se les resiste a cada paso. Esa diferencia no es psicológica, es política, es el resultado de estructuras de poder, no de sensibilidades personales.

Esta idea es complementaria de lo que desarrolla en ¡Denuncia! El activismo de la queja frente a la violencia institucional (Caja Negra, 2022) y en el reciente No Is Not a Lonely Utterance (no no es una expresión solitaria), donde muestra que las instituciones no solo desatienden a quienes denuncian, sino que les hacen pagar por hacerlo, y propone una forma distinta de escucha, lo que ella llama “oídos feministas”: oír la queja no como reflejo de quien la emite —está resentida, es conflictiva, no se adapta—, sino como síntoma de lo que funciona mal en la institución. En un mundo que hace exactamente lo contrario, Ahmed es más necesaria que nunca.

Celia Amorós

Valencia, 1944. Catedrática de Filosofía Moral y Política (UNED), recibió en 2006 el Premio Nacional de Ensayo por La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias… para la lucha de las mujeres.

Por Carmen Calvo (Cabra, Córdoba, 1957), presidenta del Consejo de Estado. Fue vicepresidenta del Gobierno (2018-2021) y ministra de Cultura (2004-2007).

Siempre tengo cerca algún texto de Celia Amorós, queridísima maestra. Releerla es encontrar el reposo intelectual que te reconcilia con el mundo y te sitúa en lo importante. Le pasa, como a las y los grandes pensadores, que no pierde vigencia nada de lo que plantea. Resulta sorprendente encontrar en sus reflexiones con absoluta nitidez planteamientos de plena actualidad.

En nuestro país, fue Celia Amorós la que diseccionó con absoluta precisión cómo el posmodernismo iba a confrontar con los planteamientos feministas. Viendo claramente por dónde venía. Analizando rigurosamente el pensamiento filosófico que subyace en cada una de las corrientes que cuestionan el feminismo y sus premisas. Se trataba —y se trata— de conseguir un cambio de paradigma. Los valores ilustrados, el modernismo, pretenden ser superados por un nuevo planteamiento —el posmoderno— que aspira a ser paradigmático pero que no es nuevo, no ha empezado hace poco y no forma parte de ninguna novedad intelectual. Por eso, ella es tan importante, porque ha dedicado su vida y su obra a conocer la tradición y cómo se han llevado a cabo las reivindicaciones feministas desde hace tres siglos, y cómo se ha configurado el marco de pensamiento en el que se ubica la teoría feminista. Durante décadas, quien fuera catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, trabajó la igualdad frente a diferencia.

Hoy, cuando el feminismo ha eclosionado y mueve masas y conciencias, el debate académico se ha trasladado a la calle a veces con la simpleza de un tuit. Por eso, ahora más que nunca hay que releer a la maestra Amorós, que puso su pensamiento, rigor e inteligencia al servicio del feminismo, que dejó cristalino el marco en el que nos movemos, que es el feminismo de la igualdad. Ella es la gran pensadora.

Amelia Valcárcel

Nacida en Madrid en 1950, es profesora emérita de Filosofía en la UNED y fue miembro del Consejo de Estado (2006-2023). Es autora de Sexo y filosofía (1997, Horas y Horas).

Por Najat El Hachmi (Beni Sidel, Marruecos, 1979), escritora y filóloga árabe. Es autora de El último patriarca, El lunes nos querrán y Siempre han hablado por nosotras (Destino, 2019).

Discípula de Celia Amorós, filósofa comprometida, atenta siempre a la vanguardia del movimiento, destaca por la precisión con la que nombra la realidad y la conceptualiza, a menudo con afilada ironía, marca de estilo.

Amelia Valcárcel nos trae al presente todo lo recorrido por el feminismo ilustrado, un saber acumulado que dota de raíces robustas al presente. Es la precursora y artífice de una escuela de pensamiento que lleva desde los años noventa enseñando igualdad y mostrando las nuevas formas que toma el machismo. Ha impugnado ideas como la bondad intrínseca de las mujeres o el “feminismo de la diferencia”. Su aportación más interesante es la de mostrar la relación intrínseca que existe entre democracia e igualdad. Sin librepensamiento, sin un marco laico e ilustrado, no hay feminismo y, por lo tanto, no hay paz. Ante la globalización que lo es del capital pero no de los derechos, el internacionalismo de Valcárcel resulta fundamental en tiempos de solipsismo narcisista. No solo no es una mirada colonizadora, como se la ha criticado a veces, sino todo lo contrario: solo las feministas de la igualdad se han ocupado de lo que les pasa a las mujeres en otras latitudes.

Su implicación en la polémica de la “ley trans” ha traído alguna que otra tergiversación de su pensamiento. Se le achaca esencialismo biologicista cuando no ha hecho otra cosa a lo largo de su carrera que impugnar el género, que es ese tupido entramado de normas que se articulan sobre el sexo. Los virulentos ataques que ha recibido son el síntoma visible de una guerra abierta entre dos posicionamientos radicalmente opuestos: el de quienes defienden el género como identidad, sentimiento y, por lo tanto, la existencia de una esencia femenina, y el de quienes creen que el sexo biológico no determina nuestro destino. La voz más destacada en nuestro país de esta segunda propuesta es, sin lugar a dudas, la de Amelia Valcárcel.

Rebecca Solnit

Escritora y columnista, nació en Bridgeport (EE UU), en 1961. Es autora de La madre de todas las preguntas (Capitán Swing, 2021), entre otros.

Por Estrella de Diego (Madrid, 1958), ensayista y catedrática de Arte Contemporáneo. Su último libro es Tristísimo Warhol (Anagrama, 2025).

Conocí el trabajo de Rebecca Solnit en Venice Beach, Los Ángeles, cuando una amiga, profesora en Universidad de California Los Ángeles, bromeó sobre un colega que por la mañana estaba empeñado en explicarnos algo sobre lo cual habíamos escrito ambas: típico caso de mansplaining académico, comentó. Ante mi perplejidad, mi amiga entró en la mítica librería de Venice y salió con el libro. Era la recopilación de artículos de una columnista del Harper’s que leí esa misma noche de un tirón. Han pasado años y el término al cual ha dado origen aquel libro —Los hombres me explican cosas (2016)— se ha convertido en un modo popular y preciso para definir la actitud condescendiente que algunos hombres tienen cuando se empeñan en explicar a las mujeres algo que ellas ya saben.

En el caso de Solnit, autora de textos esenciales de arte, medio ambiente, teoría de género o del impacto problemático de las tecnologías en la vida humana, se trataba de un libro sobre fotografía que el tipo en cuestión acabó confesando no haber leído siquiera: hablaba a través de una noticia. Desde luego, Solnit y la popularización de su concepto son la prueba flagrante de cómo un poco de sentido del humor no viene mal a la hora de difundir las ideas: al contrario. Tengo el libro siempre cerca, pues aunque el mansplaining es territorio más generalizado entre lo masculino, cualquiera de nosotras puede caer en la trampa y ponerse condescendiente. Y ya sabemos todas la rabia tremenda que da: mansplaining es en realidad no escuchar al otro. Solnit tiene otros textos importantes, de modo que quizás conocerla solo por el mansplaining es, en sí mismo, un modo de mansplaining, se me ocurre.

Rosi Braidotti

La filósofa australiana nació en Latisana, Italia, en 1954. Es profesora emérita de la Universidad de Utrecht (Países Bajos), donde dirigió su Centro para las Humanidades, y autora de Lo posthumano (Gedisa, 2015).

Por Ana Carrasco-Conde (Ciudad Real, 1979), filósofa y autora de La muerte en común (Paidós, 2024).

Los prefijos son importantes para acercarse a la propuesta filosófica de Braidotti porque nos indican su perspectiva teórica: la de romper las dicotomías con las que el ser humano se piensa a sí mismo y piensa el mundo. Disonancia, diferencia, dicotomía, trasposición, posthumano aparecen en los títulos que han hecho de ella una de las filósofas más relevantes de nuestro tiempo. Es este “dislocar” el que me llamó la atención. Lo que encontré en su trabajo no fue tanto un dislocar como una revalorización de la diferencia como algo positivo bajo la influencia de Deleuze, Spinoza y Luce Irigaray. Pero no llama a engaño: lo suyo es pensar las posiciones preestablecidas desde las dicotomías y las ambivalencias que asumimos como punto de partida.

Nos pensamos orientados: desde lo humano y lo no-humano, lo masculino y lo femenino, el yo y el otro, el europeo y el extranjero. A ello apunta el término dicotomía: nos analizamos desde una división en dos partes (di) que hay que atravesar (trans) para reposicionar o dejar atrás (pos). Podríamos decir que desde esta polaridad nos hemos acostumbrado a pensar, lo que ha generado no pocas polarizaciones, enfrentamientos y demonizaciones. Uno de estos polos sería el positivo y el otro, el diferente al nuestro, sería el del amenazador peligro. Braidotti propone pensar la diferencia en positivo con una propuesta que se sitúa en la intersección entre filosofía política, estudios étnicos y teoría feminista. La pregunta de Braidotti sería si se puede pensar más allá de esta dicotomía. De ahí los títulos de sus obras: Patrones de disonancia (1991), Trasposiciones (2006), Lo posthumano (2013). Esta última propone nuevas formas de neohumanismo feminista desde el poscolonialismo. ¿Qué significa ser humano? ¿Qué es inhumano o antihumano? ¿Quién es el sujeto del derecho? Y aquí radica la clave: pensarnos en la confluencia entre género, etnia, raza y clase social, localizando todos los prejuicios que hemos ido manejando hasta la fecha.

184 nombres: una marea plural

Carmen Pérez-Lanzac

Si algo ha reflejado la tarea de elaborar esta lista es lo amplio y variado del resultado. El feminismo es lo contrario de un movimiento homogéneo. Hasta 184 personas han sido elegidas, casi todas mujeres. La nacionalidad que prepondera es la estadounidense.

Las que ocupan del puesto 11º al 20º merecen mención especial. La primera es Sheila Jeffreys, feminista radical australiana, que considera la transición de género una forma de sumisión. Le sigue la abogada estadounidense Kimberlé Crenshaw, autora de la teoría de la intersección. Detrás va la ecofeminista estadounidense Donna Haraway, que rechaza los límites rígidos entre lo humano, lo animal y las máquinas. Sigue la filósofa belga-francesa Luce Irigaray, que negó la idea de Freud acerca de la frigidez sexual en la mujer.

En el puesto 15º, la psicóloga estadounidense Carol Gilligan, pionera en la ética del cuidado. Va detrás la teórica británica Carole Pateman, que señaló que ciertas mujeres ceden el acceso exclusivo a su sexualidad a cambio del estatus de su pareja, lo que implica su privatización. Sigue la activista argentina Verónica Gago, que sostiene que el feminismo actúa como un motor de desobediencia que además transforma el trabajo y la reproducción social, convirtiéndose en un “contrapoder”. La primera pensadora del continente africano de la lista viene ahora, la nigeriana Oyérònkè Oyewùmí, que afirma que solo se es negra desde la mirada blanca. Y en los puestos 19º y 20º están la autora francoargelina Hélène Cixous, defensora de la voz femenina, y la lingüista mexicana mixe Yásnaya Aguilar, con su visión anticolonialista y utópica.

Y de entre el puñado de hombres elegidos, destaca el sociólogo estadounidense Michael Kimmel (puesto 90), defensor de los beneficios del feminismo para todos y especializado en el estudio de la masculinidad.