SpaceX acelera en sus nuevos negocios vinculados a los servicios de telecomunicaciones vía satélite de Starlink y en los lanzamientos de vehículos espaciales. Un camino que coincide con los planes de la compañía controlada por Elon Musk para atraer a los inversores a su OPV (Oferta Pública de Venta o salida a Bolsa), probablemente, la mayor de la historia.
En el Mobile World Congress 2026 de Barcelona, inaugurado este lunes, Gwynne Shotwell, la presidenta y directora de operaciones de SpaceX, ha lanzado una declaración casi solemne que redefine el concepto de movilidad bajo las infraestructuras espaciales de su compañía: el fin de las “zonas muertas” de cobertura en todo el planeta. Durante su intervención en la ponencia principal The Future of Satellite-to-Mobile, Shotwell ha asegurado que la tecnología ya no es una promesa de laboratorio, sino una infraestructura lista para convertir cualquier smartphone convencional en un dispositivo satelital. Este despliegue, que utiliza la constelación de Starlink como una red de torres de telefonía en el espacio, busca garantizar que ningún usuario vuelva a encontrarse en una situación de aislamiento, independientemente de la orografía o la falta de antenas terrestres.
La clave de este salto histórico reside en la arquitectura de los nuevos satélites Starlink V3, cuyo lanzamiento masivo ha sido confirmado para este mismo año gracias a la capacidad de carga del cohete Starship. Estos satélites están diseñados específicamente para interactuar con las frecuencias 4G y 5G que ya utilizan los teléfonos que todos llevamos en el bolsillo, eliminando la necesidad de adquirir hardware costoso o antenas externas. Según ha detallado Shotwell, la red orbital es ahora capaz de gestionar miles de conexiones simultáneas por haz de señal, permitiendo no solo el envío de mensajes de texto en situaciones críticas, sino también servicios de voz y datos básicos en tiempo real.
En el marco de la feria en Barcelona, SpaceX ha enfatizado que su objetivo no es desplazar a las operadoras de telecomunicaciones tradicionales, sino actuar como una “capa de red invisible” que rellene los huecos donde la fibra y el 5G no llegan. Esta visión de conectividad híbrida permite que los teléfonos inteligentes salten de una red terrestre a una satelital de forma automática y transparente para el usuario. Para demostrarlo, la compañía ha habilitado una zona de pruebas en el Pabellón 6, denominada Nuevas Fronteras, donde se exhibe cómo la señal llega con nitidez incluso en entornos que simulan las condiciones más extremas de aislamiento geográfico.
Shotwell también ha vinculado este avance con el desarrollo del futuro estándar 6G y la expansión de la inteligencia artificial física, argumentando que una sociedad verdaderamente inteligente no puede permitirse tener “puntos ciegos”. Al integrar los satélites en el ecosistema móvil global bajo los estándares 3GPP, SpaceX ha logrado que la conectividad satelital deje de ser un servicio de lujo para rescates marinos y pase a ser una utilidad cotidiana. La promesa es clara: la ubicación geográfica dejará de determinar la capacidad de comunicación de un ser humano, convirtiendo la conectividad en un derecho ubicuo y resiliente frente a desastres naturales o fallos de infraestructura local.
Este servicio de cobertura total comenzará su despliegue comercial inmediato en varios mercados estratégicos, situando a la industria en la antesala de una era de comunicación sin fronteras. Con el respaldo de una flota de casi 10.000 satélites en órbita y una tecnología de enlace directo ya validada, SpaceX, que tiene acuerdos en España con compañías como Telefónica y MasOrange, ha dejado claro que el 2026 será recordado como el año en que el cielo se convirtió en la red telefónica más grande del mundo. La frase “fuera de cobertura” ha iniciado su camino hacia la obsolescencia técnica.
La compañía, además, espera que su filial Starship esté lista para lanzar una nueva constelación mejorada de satélites de Starlink a mediados de 2027, según Michael Nicolls, vicepresidente sénior de Starlink en SpaceX. El directivo señaló que la compañía podrá lanzar más de 50 satélites en cada lanzamiento. La intención pasa por inicial los lanzamientos a mediados de 2027, para poder desplegar la nueva constelación con mayor rapidez. Así, SpaceX, que competirá con Amazon Leo, espera desplegar cerca de 1.200 satélites en los seis meses posteriores al primer lanzamiento de esta nueva generación el próximo año.
En este escenario, SpaceX tiene previsto presentar de forma confidencial una oferta pública inicial durante este mes de marzo, según Bloomberg, que fuentes conocedoras del asunto, mientras la compañía de cohetes y satélites del multimillonario Elon Musk avanza con sus planes para la mayor salida a bolsa de su historia.
La firma, con sede en Starbase, Texas, espera presentar el borrador de su registro para la OPV ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) en los próximos días, con el objetivo de empezar a cotizar en junio.
De ser así, adelantaría a OpenAI y Anthropic, que también planean salir a Bolsa este mismo año. No obstante, el cumplimiento de todos los detalles de la transacción podrían retrasarla.
En la transacción, en la que SpaceX cuenta con el respaldo de Bank of America, Goldman Sachs, JP Morgan Chase y Morgan Stanley, la empresa podría alcanzar una valoración de 1,75 billones de dólares. Con ese valor de mercado, SpaceX sería más grande que todas las empresas del índice S&P 500, excepto cinco: Nvidia, Apple, Alphabet, Microsoft y Amazon, y superando a Meta y Tesla, empresa del propio Musk.
Hace pocos días, dentro de la reorganización de su imperio empresarial, Elon Musk anunció la fusión de SpaceX y su start-up de inteligencia artificial xAI en una transacción en la que la nueva entidad se valoraba en 1,25 billones de dólares.
Con la salida a Bolsa, igualmente, SpaceX recaudaría hasta 50.000 millones de dólares, por encima de los planes iniciales y batiendo el actual récord, en poder de la petrolera saudí Aramco, que captó 29.000 millones de dólares en el año 2019.
La compañía está considerando una estructura accionarial de clase dual en la salida a Bolsa, que potencialmente otorgaría a directivos como Musk un poder de voto adicional para tener el control final de la toma de decisiones.







