descubren cómo el ejercicio físico mejora la salud mental

descubren cómo el ejercicio físico mejora la salud mental

El ejercicio físico se recomienda desde hace décadas como tratamiento complementario para la depresión y la ansiedad.

Sin embargo, los mecanismos biológicos que explican por qué mover el cuerpo mejora el estado de ánimo permanecieron misteriosos hasta hace poco.

El descubrimiento de las exerquinas, que se liberan durante la actividad física, ha comenzado a revelar los fundamentos científicos de esta conexión entre cuerpo y mente.

Las exerquinas son compuestos que los músculos liberan al torrente sanguíneo durante el ejercicio y funcionan como un sistema de comunicación complejo que permite que la actividad física genere efectos beneficiosos en órganos distantes, incluyendo el cerebro.

Este descubrimiento ha revolucionado la comprensión de cómo el ejercicio influye en la salud mental.

Cuando los músculos se contraen durante la actividad física, se desencadena una cascada de procesos metabólicos que resultan en la producción y liberación de estas moléculas (irisina, BDNF).

Cada una de ellas viaja a través del torrente sanguíneo, cruzan la barrera hematoencefálica y llegan al cerebro donde ejercen sus efectos.

Su impacto sobre la salud psíquica es profundo y multifacético. El BDNF actúa como un fertilizante que promueve la formación de nuevas neuronas en el hipocampo, una región crucial para la memoria y la regulación emocional.

Personas con depresión frecuentemente tienen niveles bajos de BDNF y un hipocampo reducido.

El ejercicio, a través de la liberación de exerquinas, puede revertir estos cambios.

La irisina demostró tener efectos neuroprotectores al reducir la inflamación cerebral, un factor que se vincula con los trastornos del estado de ánimo. En la actualidad, la depresión ya no se considera sólo un desequilibrio de neurotransmisores, sino también un estado de inflamación crónica de bajo grado.

A nivel emocional, estas moléculas, a través de los sistemas de recompensa del cerebro, aumentan la sensibilidad a experiencias placenteras. Esto es relevante para personas con depresión, que experimentan anhedonia -la incapacidad de sentir placer- y puede restaurar parcialmente esta capacidad.

También mejoran la plasticidad cerebral facilitando cambios en las formas de pensar y responder emocionalmente, complementando así tratamientos psicoterapéuticos. Una persona en terapia que hace ejercicio regularmente integra mejor las nuevas perspectivas y enfoques que está aprendiendo.

Los efectos sobre la ansiedad de las exerquinas es por modular el sistema que regula la respuesta al estrés. El ejercicio crónico, a través de estas moléculas, hace que este sistema sea menos reactivo, reduciendo la tendencia a respuestas de ansiedad exageradas.

La intensidad y duración del ejercicio determinan qué exerquinas se liberan y en qué cantidades. El ejercicio aeróbico moderado sostenido parece ser efectivo para la liberación de BDNF, mientras que el ejercicio de alta intensidad puede generar mayores cantidades de irisina.

Esto sugiere que diferentes tipos de actividad física podrían optimizarse para objetivos específicos de salud mental.

Estas sustancias son la evidencia concreta de que la división entre salud física y mental es artificial y que el cuerpo en movimiento, literalmente, produce medicinas para la mente.