En un momento en que la moda latinoamericana redefine sus códigos entre la tradición artesanal y la expansión global, Valentina Karnoubi construye un universo propio, romántico y profundamente personal.
Su nombre, ahora también el de su marca, sintetiza un camino que comenzó en la infancia, atravesó la experiencia de cofundar Mila Kartei y hoy se afirma en una propuesta que apuesta por el lujo despreocupado, la sensibilidad artística y la reivindicación del trabajo hecho a mano.
Desde Uruguay, donde vive desde 2020, proyecta una etiqueta que produce entre Argentina, Uruguay e India, se presenta en ferias internacionales y defiende la identidad local en un contexto industrial tan desafiante como cambiante.
La historia nos lleva a su infancia. “Desde muy chica siempre me interesó el universo de la estética en general”, cuenta. No se trataba únicamente de ropa, también le gustaba la pintura, el cine, la fotografía, el diseño de interiores, la arquitectura y el vestuario. Todo formaba parte de una misma constelación creativa.
En ese mapa íntimo, la figura materna fue determinante. Su mamá, interiorista, con un estilo y un sentido estético muy marcado, fue inspiración y referencia constante. Más que una vocación precoz por el diseño de indumentaria, lo que existía era una sensibilidad entrenada para observar la belleza en múltiples formatos. La moda apareció como síntesis natural de todos esos lenguajes.
Tras la experiencia de construir una marca desde cero con Mila Kartei, el deseo de iniciar un nuevo capítulo surgió como una necesidad vital. “Hacer una marca desde cero fue un desafío enorme, pero al mismo tiempo sentía que tenía muchas cosas que decir y muchas ganas de seguir creando”, explica.
Emprender por segunda vez, y esta vez sola, implicó asumir un riesgo mayor pero también ganar una libertad inédita. Poner su propio nombre al frente no fue un gesto de ego sino de honestidad, esta nueva etapa está íntimamente ligada a su historia personal, a quién es y a lo que desea comunicar a través de cada prenda. Valentina Karnoubi es mucho más que una etiqueta.
La esencia de la marca es inequívocamente romántica, aunque lejos de cualquier exceso empalagoso. Se trata, como ella misma define, de lograr “prendas románticas con una vuelta de tuerca, que no cansen ni agobien, sino que se sientan como un lujo despreocupado”.
En esa definición conviven diferentes aspectos que hace que sus diseños se destaquen del resto. Sus colecciones se reconocen por las estampas florales, los bordados minuciosos y las siluetas que evocan cierta atemporalidad. Pero siempre hay un detalle que rompe la literalidad, puede ser una proporción inesperada, una mezcla de texturas o un guiño rebelde que impide que la pieza caiga en el cliché.
Hacer una marca desde cero fue un desafío enorme, pero al mismo tiempo sentía que tenía muchas cosas que decir y muchas ganas de seguir creando.
La hora de la creación
El proceso creativo comienza, invariablemente, con el ADN de la marca. Antes que pensar en tendencias o en temáticas específicas, el equipo vuelve a preguntarse qué los mueve, cuál es el alma que desean expresar en esa temporada.
Las referencias pueden surgir de un libro, de una canción o de una época determinada de la moda, pero nunca se siguen al pie de la letra. Hay una búsqueda consciente por escapar del calendario acelerado de las tendencias y apostar a la esencia.
Las estampas ocupan un lugar central. Generalmente, el proceso arranca por ahí, junto a ilustradoras que trabajan con distintas técnicas que traducen las ideas del equipo en dibujos que luego se transforman en textiles. Lo mismo ocurre con los bordados, que a veces parten de fichas técnicas complejas y otras de trazos hechos a mano.
Valentina Karnoubi ajustando una prenda en su showroom. Foto: gentileza Valentina Karnoubi.La elección de los materiales es otro punto clave. “Buscamos los tejidos más nobles que encontremos; ya casi no trabajamos fibras sintéticas”, afirma. La nobleza del textil no es solo una cuestión de calidad sino también de coherencia con un discurso que privilegia lo duradero frente a lo descartable.
Como marca independiente, Valentina Karnoubi terceriza casi todos los procesos, pero lo hace con una red de talleres y colaboradoras con quienes ha construido vínculos sólidos. En su mayoría son mujeres: ilustradoras, bordadoras, tejedoras y artesanas que aportan saberes específicos.
Se desarrollan muestras y contramuestras hasta alcanzar la pieza ideal, o hasta que el calendario impone su límite, en un ejercicio que combina obsesión por el detalle. “Por suerte tengo un equipo hermoso y una jefa de producto que es mi mano derecha y hace que todo esto pueda suceder”, reconoce, dejando claro que el proyecto es colectivo.
La decisión de mudarse a Uruguay en 2020 no fue únicamente personal. Formaba parte de un plan de expansión. Primero, consolidar la marca en el mercado uruguayo; luego, abrirla a otros destinos. El camino, admite, es largo, lento y complejo, con mucha competencia.
Entre los hitos más importantes menciona el inicio de la venta wholesale y la participación en una feria en Miami que permitió abrir el mercado estadounidense.
Las colaboraciones con influencers y creadoras de contenido de distintas partes del mundo también resultaron estratégicas para amplificar el alcance. A esto se sumó el trabajo con una agencia de prensa con base en Londres, fundamental para posicionar la marca en el circuito europeo.
El año pasado organizaron un evento en un espacio cultural de Barcelona que generó nuevas oportunidades, reforzando un entramado internacional que hoy incluye México, España, Uruguay y Estados Unidos en su red de venta mayorista.
Blusa y falda a juego con ilustraciones inspiradas en la Patagonia argentina. Foto: gentileza Valentina Karnoubi.En Punta del Este, además, gestiona Casa Ribera junto a una amiga, una concept store de temporada donde conviven las piezas de VK con una curaduría de marcas, en su mayoría argentinas, que dialogan con el mismo espíritu. El crecimiento es sostenido y orgánico, lejos de cualquier explosión efímera.
Para este año, planean activaciones en Madrid, Lisboa y París, profundizando una expansión que se construye paso a paso.
Hablar de industria textil argentina, sin embargo, le cambia el tono. “La verdad, me da mucha tristeza lo que está pasando en Argentina”, confiesa. Parte de su decisión de no vivir más en el país estuvo vinculada al contexto político y social. La inestabilidad de reglas y sistemas, que cambian con cada gobierno, dificulta proyectar a largo plazo.
Hace apenas dos años producir en Argentina resultaba competitivo, el equipo creció, las ventas acompañaban y la exportación era viable. En el último año, en cambio, las ventas cayeron, los costos aumentaron drásticamente y fue necesario achicar estructuras. “De golpe, se volvió insostenible”, resume. La palabra que se repite es tristeza, por el talento que abunda y por las oportunidades que se diluyen.
La apertura de importaciones suma otra capa de complejidad. Aunque considera que la clienta que elige su marca no encontrará un producto similar en identidad y calidad en opciones masivas importadas, reconoce que el impacto existe. Más que posicionarse a favor o en contra, cuestiona la falta de previsibilidad. “No se puede proyectar ni crecer”, señala.
También observa una idea instalada, que califica de ridícula, según la cual todo lo extranjero sería mejor. Sin negar la excelencia internacional, defiende la calidad de las marcas argentinas y reclama condiciones justas para poder competir.
Me da mucha tristeza lo que está pasando en Argentina. No se puede proyectar ni crecer.
En cuanto al consumo, percibe tensiones. Las crisis económicas, en Argentina y en el mundo, generaron una vuelta al fast fashion, impulsada por la necesidad de acceder a precios más bajos. Pero al mismo tiempo, detecta en las generaciones más jóvenes una mayor conciencia sobre sostenibilidad, comunidad y durabilidad.
La esperanza está puesta en esa educación del consumidor. “Habría que consumir más vintage y menos fast, apoyar más a marcas chicas que promuevan identidad”, reflexiona, cuestionando también las cadenas productivas opacas de algunas grandes firmas de lujo.
Vestido de manga larga adornado con estampa botánica. Foto: gentileza Valentina Karnoubi.Frente a este escenario, la estrategia de la marca es flexible pero fiel a sus valores. Continúan produciendo en Argentina porque ama a sus talleres y reconoce en ellos un nivel de calidad altísimo. El tejido a mano en lana se realiza entre Argentina y Uruguay, donde el saber hacer artesanal resulta difícil de replicar en otros países. Mantener esos vínculos no es solo una decisión económica sino ética.
Al mismo tiempo, desarrollan pequeñas producciones en India, como denim o broderie, donde encuentran mejores calidades y precios para determinadas técnicas que no pueden resolverse localmente. La lógica es pragmática, hacer lo que tenga más sentido para cada producto, buscando siempre la excelencia final.
Lo que se viene
Para el otoño-invierno 2026, la diseñadora anticipa una colección “súper especial”. Confiesa que cada año disfruta más diseñar invierno, las capas, las tipologías y los tejidos le ofrecen un campo más amplio de experimentación.
Esta temporada vuelven a las raíces con ilustraciones que evocan un paisaje de la Patagonia argentina, flores vintage con sello romántico, caballos en un bosque y personajes semi mitológicos. Hay una atmósfera de realismo mágico que atraviesa las prendas.
Vestido de la nueva colección, estampado con ilustraciones de caballos. Foto: gentileza Valentina Karnoubi.La campaña se fotografió en una casona de 1900 en Montevideo, con empapelados y decoración art déco, reforzando ese cruce entre nostalgia y fantasía que define a la marca.
¿Quién elige Valentina Karnoubi? La respuesta dibuja un retrato preciso. Es alguien que busca una propuesta distinta, que aprecia el lujo despreocupado y la elegancia con rebeldía. Una persona que se anima a jugar con sus looks y que encuentra felicidad en la prenda como objeto cargado de sentido.
Valora lo artesanal, se detiene en los detalles, reconoce referencias artísticas en las ilustraciones y prioriza la durabilidad por sobre la tendencia. No sigue modas al pie de la letra, construye una identidad propia.
En un contexto donde la industria se mueve con incertidumbre, la apuesta de Valentina Karnoubi es poderosa. Crear desde la esencia, sostener redes de mujeres artesanas, expandirse sin perder identidad y defender el valor de lo hecho con tiempo.
Hago prendas románticas con una vuelta de tuerca, que no cansen ni agobien, sino que se sientan como un lujo despreocupado.








