A los pies de un volcán activo en el norte de Japón, el enfrentamiento es total: en un campo de batalla blanco y en medio de gritos, los competidores se mueven con agilidad y las bolas de nieve silban a su paso en una partida muy seria de “yukigassen”, una actividad que sueña con ser deporte olímpico.
El campeonato, que se desarrolló este fin de semana, tiene lugar cada año en Sobetsu, en la isla septentrional de Hokkaido, donde este juego, una especie de versión invernal del paint ball, tiene estatus de deporte desde hace 37 años.
En el terreno de competición, la fuerza bruta no es suficiente: la Federación Japonesa de Yukigassen insiste en que es un “reto cerebral”, en el que los jugadores de los dos equipos intentan impactar contra el rival, que se protege en zonas de refugio.
El objetivo es claro: impactar en los siete jugadores del equipo rival con bolas perfectamente esféricas, confeccionadas en una máquina, o bien apoderarse de su bandera.
“Cuando te dan hace daño, pero es sobre todo el orgullo lo que queda herido”, sonríe Toshihiro Takahashi, un funcionario de 48 años, mientras las gotas de sudor le caen por la frente después de una partida.
La idea de hacer que el yukigassen fuera un deporte nació en una crisis en Sobetsu: en un lugar que solía tener muchos visitantes por sus aguas termales, la erupción del monte Usu en 1977 frenó en seco el turismo en la localidad.
“El deporte más antiguo”
El yukigassen, básicamente una pelea de bolas de nieve, se convirtió en un deporte en Sobetsu, un pueblo de la principal isla del norte de Japón, Hokkaido, hace 37 años. Foto: Yuichi YAMAZAKI / AFPLos habitantes empezaron a buscar ideas para volver a colocar a su ciudad en los mapas turísticos y la idea vino al ver a un grupo de visitantes divirtiéndose en una guerra de bolas de nieve: ¿y si ese juego de niños podía salvar la economía local?
“Es un deporte primitivo, casi instintivo para el ser humano”, dijo a la agencia internacional francesa AFP Yuji Ano, el presidente del comité organizador del torneo.
Nuestros antepasados “hacían seguramente lo mismo, es el deporte de invierno más antiguo de la humanidad, mucho antes de hacer patinaje o esquí, los humanos se estaban tirando unos a otros bolas de nieve”.
El yukigassen, básicamente una pelea de bolas de nieve, se convirtió en un deporte en Sobetsu, un pueblo de la principal isla del norte de Japón, Hokkaido, hace 37 años. Foto: Yuichi YAMAZAKI / AFPLlegó entonces el momento de poner las reglas en un papel, diseñar cascos específicos e inventar máquinas y moldes para crear las bolas: el yukigassen (“batalla de bolas de nieve”, en japonés) acababa de nacer y el primer torneo internacional tuvo lugar en 1989.
De Japón, el deporte pasó tres años después a Australia, y después a Finlandia, que creó una federación nacional en 1995. El juego se extendió por toda Escandinavia y pasó igualmente a Rusia y Norteamérica.
“Hoy se practica en trece países”, se enorgullece Ano.
Tanto él como otros responsables nipones quieren aprovechar la difusión internacional para que el yukigassen sea disciplina olímpica, algo que observan con ilusión mientras se disputan los Juegos de Invierno de Milán-Cortina, que se clausuraron este domingo.
Obstáculos a superar
Este año, más de mil jugadores han acudido al torneo de Sobetsu, pero ninguna formación extranjera figura entre los 118 equipos, lamenta Atasu, el pseudónimo de un jugador de 55 años que lleva 30 años practicando el yukigassen.
Lamenta también la dificultad para captar nuevos participantes: “La población (japonesa) va en retroceso y hay menos gente que juegue a esto. Hay que promocionar el yukigassen, atraer a la gente. Eso es lo más complicado actualmente”.
El yukigassen, básicamente una pelea de bolas de nieve, se convirtió en un deporte en Sobetsu, un pueblo de la principal isla del norte de Japón, Hokkaido, hace 37 años. Foto: Yuichi YAMAZAKI / AFPPara aumentar el número de practicantes y tratar de seducir al Comité Olímpico Internacional (COI), la disciplina ha tenido que recurrir a bolas artificiales para que se pueda practicar en un gimnasio o incluso en la playa, y que así la práctica pueda realizarse durante todo el año.
Pero otro gran obstáculo se presenta en la ruta olímpica, reconoce Ano: un arbitraje demasiado complejo hace complicado encontrar nuevos jueces.
“Ocho árbitros observan cada partido, en el que 180 bolas de nieve pueden volar durante tres minutos”, explica.
“Arbitrar todo eso con precisión es casi imposible. Mientras no consigamos solucionar ese punto, será difícil”, aspirar a los Juegos Olímpicos, reconoce.








