En cuestión de minutos, un paraje de la provincia de Santiago del Estero, acostumbrado al ritmo lento del interior quedó rodeado de patrulleros, efectivos armados y vecinos paralizados por el miedo y la incredulidad. Dentro de una casa, Thania Santillán, de 22 años, yacía muerta. Afuera, la Policía intentaba convencer a su pareja, Diego Salto, de 23, de que depusiera el arma.
El femicidio ocurrió este viernes 20 de febrero en una vivienda del departamento Moreno. Según la reconstrucción inicial, Salto le disparó a la joven por motivos que aún se investigan. Tras el ataque, no huyó. Se encerró en el lugar y amenazó con quitarse la vida. Durante horas, el caso quedó suspendido en una tensa negociación que involucró a unidades especiales y fuerzas de infantería, mientras el agresor permanecía atrincherado con el cuerpo de la víctima.
Autopsia y pericias. Recién por la tarde, el cerco se cerró. Salto salió de la casa y se entregó. La fiscal Lucía González Farías ordenó su detención inmediata y dispuso la autopsia y las pericias sobre el arma, en una causa que fue calificada como femicidio.
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La escena marcó el final brutal de una historia que, para quienes conocían a Thania, estaba llena de proyectos. La joven estudiaba enfermería y se preparaba para una profesión que implicaba cuidar a otros. Había viajado a la localidad de Las Tinajas para visitar a familiares durante los corsos y pensaba regresar a la capital santiagueña en los días siguientes.
Quienes compartían con ella la vida cotidiana la describen como una joven sensible, solidaria y comprometida. Participaba en actividades de rescate de animales, disfrutaba cantar y tenía una fuerte vocación de servicio. Su entorno no conocía detalles de su relación con el acusado.
El impacto del crimen se extendió más allá de la escena policial. En redes sociales, amigas, docentes y compañeros comenzaron a reconstruir su memoria a través de mensajes que hablaban de su calidez y su capacidad de acompañar a los demás. Una profesora de la escuela la recordó como una alumna “fuera de serie”, con una empatía poco común.
“Que mierda todo. Que asco todo. Una compañera, una amiga inmensa. Tu luz es y será inmensa. Que alegría haber compartido esta vida”, la despidió una joven en las redes.
En Las Tinajas, la casa donde ocurrió el femicidio quedó como el centro de una herida abierta. El operativo terminó, el agresor fue detenido y la causa judicial sigue su curso. Pero la sensación de lo ocurrido permanece, como una escena que nadie en el pueblo podrá olvidar.








