cuáles son las principales causas por las que un buzo se puede ahogar

cuáles son las principales causas por las que un buzo se puede ahogar

La muerte de Sofía Devries (23), la joven que había desaparecido mientras buceaba en Puerto Madryn, abrió una serie de interrogantes sobre las condiciones en las que se realizó la excursión y los riesgos que pueden presentarse en una inmersión recreativa. Los datos preliminares de la autopsia indican que la causa fue ahogamiento y, en principio, no hay indicios de intervención de terceros. La Justicia, sin embargo, continúa investigando qué ocurrió bajo el agua entre el lunes y el miércoles, cuando se produjo la tragedia.

En paralelo, especialistas del sector comenzaron a analizar posibles factores técnicos y humanos que podrían haber influido en el desenlace. Guillermo Ghiotto, director de la Escuela Nacional de Buceo, cuestionó la decisión de realizar la salida ese día. Según explicó, las condiciones del mar eran adversas. “Todas las escuelas cancelaron las salidas porque el mar estaba muy picado. La única que salió fue esta”, señaló. También advirtió que la visibilidad era muy pobre y que el sitio de inmersión -en la zona de un barco hundido- suele presentar corrientes generadas por la pleamar y la bajamar.

Para el especialista hubo errores operativos importantes. Aseguró que un instructor no debería descender con más de dos personas a la vez y que bajar con grupos numerosos incrementa considerablemente el riesgo, sobre todo cuando el mar no ofrece buenas condiciones. “No había que haber buceado”, insistió.

Ghiotto también explicó cómo ciertos factores técnicos pueden complicar una inmersión. En aguas frías se utilizan trajes de neoprene muy gruesos, de hasta 14 milímetros, fabricados con goma y burbujas de gas que aportan flotabilidad. Sin embargo, al descender, el aumento de la presión comprime el traje y se pierde parte de esa flotabilidad, algo que debe equilibrarse con el chaleco compensador mediante la inyección de aire. Si la persona está sobrelastrada -es decir, con más peso del necesario- tenderá a hundirse más y le resultará más difícil estabilizarse.

El especialista sostuvo que la joven habría utilizado aletas pequeñas, de poco empuje, lo que reduce la capacidad de desplazamiento frente a corrientes. La combinación de pérdida de flotabilidad, corrientes fuertes, mala visibilidad y escasa movilidad puede derivar en agitación y un alto nivel de estrés. “Cuando la persona entra en pánico puede sacarse la máscara o el regulador”, explicó. A mayor profundidad, el cuerpo consume más gas para mantener la presión ambiente, por lo que perder el regulador en una situación de nerviosismo puede tener consecuencias fatales en pocos segundos.

Para Ghiotto, es poco frecuente que un accidente mortal se deba exclusivamente a una falla del equipo. “Generalmente es por pánico. El buceo es 90% cabeza y 10% físico”, afirmó. Según explicó, quien practica esta actividad debe mantenerse dentro de su zona de confort. Cuando el miedo supera la capacidad de controlar la respiración y el estrés, el riesgo aumenta de manera significativa.

El caso también puso bajo la lupa la formación de los buzos recreativos. El director de la Escuela Nacional de Buceo cuestionó la brevedad de muchos cursos actuales. “Te dan tres clases, ves un video, practicás en una pileta y te entregan el carnet. Con dos o tres clases una persona no está preparada para sumergirse en el mar con corrientes y poca visibilidad”, advirtió.

Mientras la investigación judicial avanza para determinar responsabilidades, la tragedia vuelve a plantear un debate sobre los controles, la capacitación y el cumplimiento estricto de las normas de seguridad en excursiones de buceo. En una actividad donde el entorno puede volverse hostil en cuestión de minutos, los especialistas coinciden en que la prevención y la preparación adecuada son determinantes.