Otra víctima, una más, de las andanzas de Tommaso Debenedetti (56), el sepulturero de los famosos: este miércoles comunicó, mediante una cuenta falsa de una reconocida editorial del mundo hispanoparlante, la muerte de la escritora y periodista mexicana Elena Poniatowska. Sin embargo, rápidamente la noticia fue desmentida por la dirección de la fundación creada por la escritora, que aseguró que cuenta de buena salud, y también por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. “No asusten… nuestro cariño a Elenita”.
“A este trabajo dedico la mitad de mi jornada: las escribo entre una de mis clases y otra, o mientras ayudo a mi mujer a cocinar“, explicaba a Clarín en 2025 Tommaso Debenedetti, periodista italiano que se especializa desde hace más de una década en la publicación de fake news. Aunque este oficio, el de divulgar noticias falsas, parece ser el contrario al de toda su vida –el periodismo– y sólo le dedica la mitad de sus días, las víctimas de Debenedetti han sido personalidades de máximo relieve: la conversación con este medio, por caso, surgió luego de que hubiera “matado” al papa Francisco. También algunas más terrenales, como Tristán Bauer, exministro de Cultura.
Este miércoles le tocó el turno a Elena Poniatowska, ilustre periodista y escritora mexicana de origen noble polaco. “Última hora. Fallece Elena Poniatowska”, tuiteó un perfil de X que emulaba el oficial de la editorial Alianza, fundada en 1966 en España, aunque de gran circulación en todo el mundo hispano y que publicó al menos dos títulos de la escritora (Hasta no verte Jesús mío y La flor de lis). El mensaje fue publicado temprano este miércoles y circuló rápidamente en los ámbitos de la literatura y del periodismo iberoamericano. Dos horas más tarde, se zanjó la cuestión.
Un habitual acto de hidalguía de Debenedetti tras sus travesuras es publicar en la misma cuenta donde comunicó la fake news la aclaración: “Cuenta falsa creada por el periodista italiano Tommasso (sic) Debenedetti”.
Por esas mismas horas ya también circulaba el comunicado de la Fundación Elena Poniatowska Amor Asociación Civil: “Buenos días a tod@s, se esta corriendo la información falsa sobre Elena, ella esta perfectamente bien y goza de excelente salud“. Y hubo más: desde el Palacio Nacional consultaron a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum por lo difundido. “No asusten… nuestro cariño a Elenita”, dijo la mandataria.
De haber caído en la trampa de Debenedetti, Sheinbaum hubiera sido la segunda mandataria latina en hacerlo. En 2024, el italiano difundió la noticia de la muerte de Laura Restrepo, periodista y escritora colombiana con marcada trayectoria militante durante los ’70 y ’80.
“Qué lamentable la muerte de Restrepo, una amiga del M-19 [una guerrilla armada colombiana], una amiga de la lucha emancipadora, una amiga mía a la que quise mucho. Una gran escritora de Colombia. Que en paz descanse”, escribió Gustavo Petro, presidente colombiano y exmiembro del M-19 el 29 de octubre de ese año, tras comerse la curva de la noticia falsa de Debenedetti. Restrepo estaba –y aún lo está– viva, y en 2025 dijo a El País de España: “Puede que Petro no sea el mejor administrador, pero es un rebelde”.
El otro oficio de Debenedetti
En febrero de 2025, Clarín dialogó con Debenedetti sobre sus fake news: “Las escribo entre una de mis clases y otra, o quizás mientras cocino o ayudo a mi mujer a cocinar; o mientras camino por la calle. Luego, una vez escrita y publicada la fake news, apago el teléfono unos minutos, y cerca de quince minutos más tarde lo prendo nuevamente y veo lo que sucedió. Y luego, diez o quince minutos luego, escribo otro posteo para indicar que se trata de uno falso y para firmar la autoría”.
“Hay cierto sentido de juego literario: visto que hoy la información online es consumida con una pasión similar a aquella con la que antes se consumían las películas o las novelas, me divierte crear noticias espectaculares (y en ese sentido, la muerte de alguien célebre es la más tristemente espectacular de las noticias) para ver la reacción de los usuarios y de los medios. Pero también hay un lado serio: aquello de poner así en guardia a los usuario y a los periodistas que pudieran utilizar de modo acrítico y sin verificar las redes; particularmente Twitter, que es usado como su fuese una fiable agencia de noticias”, ahondó entonces.
En ese entonces había “matado” a Jorge Bergoglio, el papa Francisco, mediante una cuenta atribuida a José Ignacio García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires. “Vivimos en un tiempo de fraudes, en el que el delito, si es divertido y entretiene al gran número, se perdona”, se excusaba el italiano ante Clarín.
Debenedetti es, una y otra vez, capaz de soliviantar a más de uno. Y con el tiempo se fue perfeccionando y necesitando cada vez menos para lograr su cometido. Licenciado en Letras, durante los años noventa ejerció como periodista y crítico literario en medios como Argomenti, Stadium o la Gazzetta di Parma. Mismos rubros que ejercieron su abuelo y su padre, Antonio, que fue un conocido escritor en Italia.
Tommaso Debenedetti, “el campeón de la mentira” italiano. Foto Prima Bérgamo.Qué difíciles pueden resultar las cosas más simples para Debenedetti, romano de ley, casado y con dos hijos, que además incursiona como profesor de italiano y de historia en un instituto de Roma, la ciudad eterna.
“Yo quería trabajar honestamente como redactor cultural, pero no había espacio. Iba a las conferencias de prensa, pero nadie me daba entrevistas. Ofrecía críticas y reseñas de actos, pero siempre me decían ‘eso ya lo cubrimos con nuestros redactores’. Así que cambié de método”, argumentó ante El País en 2010. Con el tiempo, llegó a difundir una declaración de política internacional del escritor norteamericano Philip Roth, un comentario del autor israelí David Grossman sobre la crisis de Oriente Medio, o bien entrevistas al intelectual Noam Chomsky, al novelista Arthur Miller, al Dalai Lama y Mijaíl Gorbachov, expresidente de la Unión Soviética… Todos apócrifos.
Comenzó a crear cuentas falsas en Twitter/X y comunicar muertes por las que agencias de noticias y medios de toda laya pisaban el palito. En 2012 creó un perfil apócrifo del ministro del Interior ruso y comunicó la muerte de Bashar al-Assad. Diez años más tarde, creó una cuenta a nombre del presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Georg Bätzing, y desde ella comunicó la muerte de Benedicto XVI (que sobrevivió, finalmente, seis meses a esa fake news).
Margaret Thatcher también sufrió la guadaña de Debenedetti, mediante un perfil falso de Carla Bruni (¡una actriz y cantante italiana comunicando la muerte de La Dama de Hierro!). Hugo Chávez, Fidel Castro… no se salva nadie. A mediados de 2024, el italiano se adjudicó la fake news sobre la muerte de Noam Chomsky, que puso a trabajar a medios locales e internacionales a escribir sentidas y frondosas necrológicas, que luego debieron ser dadas de baja.
En febrero de 2025, desde una cuenta del INCAA apócrifa, comunicó el fallecimiento de Tristán Bauer, documentalista y exministro de Cultura argentino. En mayo de ese año se arrogó –también por X– las primeras palabras de Robert Prevost, momentos después de haber sido ungido por los cardenales como el nuevo papa León XIV: la Radio Vaticana replicó algunas de esas palabras (“Gracias. Gracias. Gracias”). Este miércoles fue el turno de Poniatowska, aunque oportunamente no se llegaron a publicar obituarios.








